Tercer acto del juicio de las mascarillas: El testimonio que retrata a la banda
Hay imágenes que duelen más que una factura de Hacienda. Y luego están las que deberían dar vergüenza ajena: la de esos políticos y comisionistas que, con las manos manchadas de dinero público, se atreven a mirar a la cámara y decir que son víctimas de una «cacería». La declaración de Leonor González Pano, ex pareja de Víctor de Aldama, debería ser el epitafio de esa farsa. Según su testimonio ante el Tribunal Supremo, Aldama y Koldo García, el ex asesor de José Luis Ábalos, se presentaron en «casa del dueño de Air Europa» para recoger medio millón de euros en efectivo.
«Comisión en gratitud»: el eufemismo del soborno
¿El motivo? Una «comisión en gratitud». Traducción: gracias por manejar los hilos del Ministerio de Transportes para que el rescate multimillonario de la aerolínea saliera adelante. Vamos a llamar a las cosas por su nombre. Eso no es una «gratitud», es un soborno descarado. Y el hecho de que se entregara en la víspera de la aprobación del rescate por el Consejo de Ministros (475 millones de euros públicos) huele a ajuste de cuentas con el dinero de todos los españoles.
El cinismo de los protagonistas: víctimas de traje y corbata
Pero lo más repugnante de esta historia no es solo la bolsa de dinero. Es el cinismo de los protagonistas. Mientras los jueces acumulan pruebas —mensajes de WhatsApp, notas de prensa amañadas para tranquilizar a los acreedores de Air Europa, y ahora testigos que hablan de maletas llenas de billetes—, esta panda de corruptos se atrinchera en el victimismo barato. José Luis Ábalos, otrora superministro de Sánchez, ahora intenta vestirse de cordero degollado, clamando al cielo contra una justicia que, según él, le persigue por «molestar al poder».
Koldo y Aldama: los recaderos de la bolsa
¿Koldo García? Un simple asesor que, según los testigos, no dudó en ir a la casa del dueño de Air Europa a llevarse su parte del botín. ¿Víctor de Aldama? El comisionista que contaba en casa, como quien presume de una comisión por ventas, que acababa de cobrar 500.000 euros por «las gestiones». No son jefes de una célula terrorista, pero se comportan exactamente igual que una red de cobro de protecciones: dinero en mano, mordida asegurada y ley del silencio.
Pedro Sánchez, el adalid de la decencia… en Babia
Y mientras todo esto sucede, ¿dónde está Pedro Sánchez, el que se autoproclama «adalid de la decencia»? En Babia. O más bien, instalado en esa nebulosa de silencio y calculadora indiferencia que tanto domina. Porque no es creíble que el presidente del Gobierno no supiera nada de lo que hacía su superministro Ábalos, ni de los movimientos de su partido para tapar el escándalo. Sánchez puede presumir de retórica institucional, pero cuando la corrupción llama a la puerta de su despacho, él siempre está en una reunión, o de viaje oficial, o mirando para otro lado. Eso no es liderazgo. Eso es abandono de funciones. Y si encima se atreve a hablar de «regeneración democrática», que se mire en este espejo: dos de los suyos recogiendo medio millón en una casa particular.
El partido que se protege, no que investiga
Mientras tanto, el partido que les sustentaba mira hacia otro lado, tacha a los jueces de «ultras» y se dedica a cambiar la ley para blindarse, porque ya se sabe: en este país, cuando la justicia se acerca, lo primero que hacen los políticos corruptos es gritar que son víctimas de una «lawfare». No hay derecho. No hay dignidad. La misma izquierda que pedía escraches por los casos del PP ahora pide «respeto a la presunción de inocencia» cuando los señalados llevan sus siglas.
Lo que duele: el dinero que faltó en los hospitales
Leonor González Pano, con todos los matices que quiera cada uno ponerle a su pasado y su relación con Aldama, ha hecho algo que esos corruptos no soportan: hablar con claridad. Ha contado que Aldama le dijo que la entrega fue en la casa del dueño de Air Europa. No fue en un despacho oficial, no fue en un contrato público. Fue en una casa particular, en la oscuridad del dinero negro, escondiendo los 500.000 euros en una bolsa. Eso es lo que hay que retener. No las lágrimas de cocodrilo de los políticos imputados, no las ruedas de prensa sin preguntas. La imagen de dos señores saliendo de la casa de un gran empresario con una bolsa llena de billetes que, por derecho, eran de todos los ciudadanos que sufrieron la pandemia.
Ni víctimas, ni olvido
No se dejen engañar por sus aspavientos. Aquí no hay víctimas. Aquí hay una banda que utilizó la pandemia, la necesidad de un sector y las instituciones del Estado para forrarse. Y ahora que les pillan, se hacen los ofendidos. La única ofensa aquí es que todavía queden españoles que se traguen su teatro. Que la justicia actúe con todo el peso de la ley. Que devuelvan cada euro robado. Y que se acabe de una vez con la impunidad de quienes confunden la política con una oficina de cobro. Porque llamarlo de otra manera es insultar la inteligencia de un país harto de corruptos que, encima, se creen con derecho a dar lecciones de moral. Y usted, señor Sánchez, deje Babia y gobierne. O al menos, finja que le importa.
«Pedro Sánchez prometió mano dura contra la corrupción… y la ha puesto: sobre el pomo de la puerta de atrás, mientras los suyos cargan la bolsa.»









