Así que resulta que los tontos somos nosotros
Así que resulta que, según algunos ilustres imputados, los españoles somos los tontos. Los que pagamos impuestos, los que miramos las noticias con incredulidad, los que vemos cómo el dinero público se esfuma en oficinas que no existen y proyectos que son pura ficción. Pues permítanme que lo dude.
El espectáculo penoso de Badajoz
El espectáculo vivido en la Audiencia Provincial de Badajoz durante el juicio a Miguel Ángel Gallardo y David Azagra no es para reír, sino para echarse a temblar. No por la supuesta «complejidad» de la trama, sino por la insultante chapuza con la que presuntamente gestionaron lo que no era suyo. Porque si algo está quedando claro es que no estamos ante genios del mal, sino ante dos tontos muy tontos que se creen más listos que el resto.
Novela de ficción frente a los folios de la UCO
Gallardo califica los informes de la Unidad Central Operativa (UCO) de «novela de ficción». Claro, como toda novela que se precie, tiene trama, personajes y, sobre todo, pruebas. La diferencia es que aquí los folios no los escribió Pérez-Reverte, sino los agentes que han ido recogiendo las miguitas de pan que estos ineptos fueron dejando tras de sí. Porque ese es el verdadero escándalo: no han sabido ni robar con discreción.
La oficina que existía en la mente de Azagra
Y llegamos a David Azagra, cuya defensa consiste en explicarnos que la Oficina de Artes Escénicas «no era una oficina física con ventanilla». Ah, vale, entonces era una oficina metafísica. Una oficina de Schrodinger: existía y no existía a la vez, según conviniera para justificar su puesto de Coordinador de Actividades Conservatorios de Música del Área de Cultura, Juventud y Bienestar Social. Lo penoso no es que intente vender esa ocurrencia, sino que seguramente haya quien se lo crea.
Solo responden a los suyos, no vaya a ser que les pillen
Eso sí, los señores Garrido y Azagra solo responden a los abogados de las defensas. Precaución de andar por casa: no vaya a ser que un abogado de la acusación, de esos malos que preguntan cosas incómodas, les sorprendan en un renuncio. Porque el problema de mentir es que hay que tener buena memoria, y estos señores no han dado muestras de tenerla.
Corrupción y mediocridad: el pack completo
Y aquí llegamos al núcleo del asunto que nadie quiere nombrar. Se habla mucho de corrupción, pero poco del nivel profesional y moral de los corruptos. Porque no es lo mismo. La corrupción ya es grave de por sí, pero cuando los que la practican son, además, profundamente incompetentes, el agravio para la ciudadanía es doble. No solo nos roban, sino que nos toman por imbéciles con coartadas dignas de un mal teatrillo de verano.
La UCO no necesitó a Sherlock Holmes
La UCO no ha tenido que hacer ingeniería forense, ni desplegar métodos complejos de investigación encubierta. No. Han llegado, han mirado y han encontrado. Porque cuando dejas un rastro tan evidente, el mérito no es del que investiga, sino del que se ha empeñado en ser descubierto. ¿Qué no habrán hecho con el dinero de todos nosotros si ni siquiera han sido capaces de guardarse las espaldas? Esa es la pregunta que debería helarnos la sangre.
Ni para delinquir tienen oficio
Si para robar ya son así de torpes, no quiero imaginar el desastre si alguna vez hubieran intentado algo que requiriera verdadero ingenio. El problema de fondo no es solo que haya corruptos. El problema es que los que tenemos enfrente son, además, malos profesionales de la corrupción. Y eso es un insulto añadido: ni siquiera para delinquir han tenido el mínimo respeto por el oficio. Roban con la elegancia de un elefante en una cacharrería y luego se escudan en que todo es «una novela». Pues miren, hasta las novelas malas tienen más coherencia que sus excusas.
No somos tontos, pero no nos tomen el pelo
Los españoles no somos tontos. Otra cosa es que algunos se empeñen en tratarnos como si lo fuéramos. Pero llega un momento en que el ridículo es tan mayúsculo, las excusas tan absurdas y la incompetencia tan clamorosa, que lo único que queda es exigir responsabilidades. No por venganza, sino por dignidad. Porque si permitimos que nos tomen por idiotas y además nos roben, entonces sí que seríamos tontos. Y de eso, nada.








