
Ese remate suyo no es un juego de palabras. Es la confesión en público de que usted reduce a un hombre migrante a su color de piel y a unos agentes a su falta de pelo para construir un relato de opresión que solo existe en su cabeza (que, por cierto, no sé si está rapada, pero desde luego vacía no, está llena de prejuicios). “Ni tan negro ni tan calvo” es la frase de quien cree que hacer humor con la raza de una víctima y el aspecto de unos funcionarios es “crítica social”. No, es lo que es: un chiste de mal gusto que ni siquiera un becario de tercer año se atrevería a publicar. Pero usted lo firma, lo presumen y encima se cree valiente. Valiente es decir las cosas con nombre propio, no esconderse detrás de una ocurrencia que
rezuma clasismo y racismo institucional del que usted mismo es cómplice.
La insinuación como método: cobardía con aires de denuncia
Usted sabe perfectamente lo que hace. Escribe “no vayamos a pensar mal” después de haber puesto todas las piezas para que el lector piense exactamente lo peor. Eso no es sutileza, es el manual del manipulador de salón. Si tiene pruebas de que esos agentes actuaron mal, póngalas. Si no las tiene, cállese. Pero usted no busca verdad, busca titulares. Y como carece de argumentos, convierte un peinado en ideología y una pulsera en prueba de cargo. ¿Sabe cómo se llama eso en una redacción que se precie? Difamación. Pero claro, usted se cubre con el manto de la “libertad de expresión” para soltar mierda y no mancharse. La libertad de expresión no es un escudo para la insinuación barata ni para la difamación con pies de barro.
La manada mediática: Pablo Iglesias, “el Alimaña”, y usted haciendo migas
Y luego viene lo de los “artículos de opinión en Diario Red, sí, ese de Pablo Iglesias”. Se lo diré más claro, porque parece que las sutilezas no van con usted: usted y “el Alimaña” son dos caras de la misma moneda podrida. Uno insulta con la furia del tertuliano de trinchera; usted insinúa con la falsa elegancia del que quiere mantener el carnet de “periodista serio”. Pero el resultado es el mismo: intoxicación, odio y linchamiento mediático. Dios los cría, y ustedes dos se han encontrado porque en el fango siempre se reconocen. Su problema, Torres, no es que le critique un ciudadano anónimo; su problema es que su trayectoria ya apesta a alianza con los que han hecho de la mentira su modus vivendi. Usted no es un compañero de viaje; es uno más de la manada.
La verdadera objetividad (aunque a usted le queme)
La objetividad no consiste en disimular su odio a los símbolos nacionales con falsos escrúpulos. La objetividad consiste en juzgar los hechos, no las calvas ni las pulseritas. Pero usted no puede hacer eso porque se quedaría sin argumentario. Así que seguirá escribiendo cromos de la actualidad donde el malo es el que lleva la cabeza rapada y la víctima es siempre el que usted elige, sin molestarse en saber si hubo resistencia, si hubo agresión previa, si hubo proporcionalidad. Porque eso es trabajo, y usted no trabaja: usted pontifica.
Proverbio Cheso (variante dialectal del aragonés del Valle de Hecho)
“Al periodista que busca fascistas en las calvas y fascinerosos en las pulseras, se le ve el plumero antes de que abra la boca. Al que juega con el color de la piel para hacerse el gracioso, la gracia le dura hasta que le recuerdan que el racismo no es chiste. Y al que se junta con el Alimaña para arañar audiencia, que no llame luego periodismo a lo que es simple carroña.”









