Otra indignidad más: Sánchez entrega la semilibertad a una asesina múltiple mientras ETA se pasea impune en la Korrika

Mar 22, 2026

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Mientras ‘Anboto’ sale a la calle con 700 años de condena y un niño pasea el rostro de un etarra en la Korrika, el Gobierno sacrifica la dignidad de las víctimas en su pacto más ruin.

La vergüenza no tiene límites para quien ha hecho del pacto con el terrorismo su única tabla de salvación. Mientras Pedro Sánchez se aferra a la Moncloa con la complicidad de Bildu, la sociedad asiste impotente a una nueva cesión que mancha la memoria de las víctimas y escupe sobre la dignidad del Estado de Derecho.

La última indignidad

La última indignidad tiene nombre y apellidos: Soledad Iparraguirre, ‘Anboto’. Quien fuera jefa militar de ETA durante una década, con una carrera de sangre que acumula 14 asesinatos y más de 20 heridos, ha salido de prisión para disfrutar de un régimen de semilibertad. Condenada a más de 700 años de cárcel, la terrorista, considerada una de las máximas responsables del aparato asesino de la banda, no cumple ni una fracción proporcionada de su condena. Es el precio que el PSOE está dispuesto a pagar para que Otegi y sus socios sigan sosteniendo a Sánchez en el Palacio de la Moncloa.

La concordia para lavar a ETA y escupir a las victimas

La llamada “concordia” que tanto le gusta pregonar al presidente del Gobierno se revela como lo que realmente es: una coartada para blanquear a los verdugos mientras se abandona a su suerte a las víctimas. Mientras tanto, en las calles de Pamplona, durante la Korrika, la sociedad vasca asistía a otra imagen que retrata la podredumbre moral de ese mismo entramado. Un niño paseaba en su camiseta la fotografía de Patxi Ruiz, el asesino de Tomás Caballero, el concejal de UPN asesinado por ETA en 1998. Un niño utilizado como escudo humano para homenajear a un terrorista. Esa es la normalidad que Sánchez y sus socios quieren instaurar: la de los asesinos convertidos en referentes, la de los crímenes silenciados, la de la memoria de los inocentes pisoteada.

¿Respeto a las victimas? ¡para que! si no me dan votos

¿Qué queda del respeto a los 14 muertos que dejó ‘Anboto’? ¿Qué queda de Tomás Caballero, cuyo asesino es ahora un icono exhibido con orgullo? La respuesta es devastadora: nada. Pedro Sánchez ha decidido que el precio de su permanencia en el poder es la dignidad de España, la justicia y el dolor de las víctimas del terrorismo. Y lo paga gustoso, cada día, con la complicidad de un Gobierno putrefacto que ha hecho del cinismo su única bandera.

No se trata de política, sino de decencia. Y esta España que aún recuerda el dolor de los atentados, que aún llora a sus muertos, no puede ni debe callar ante tanto desprecio. Mientras los asesinos salen a la calle y sus cómplices los vitorean, la democracia española asiste a su mayor degradación bajo el silencio cómplice de un presidente que, para seguir en el poder, está dispuesto a vender hasta el último principio ético.

La historia no juzgará a Pedro Sánchez por los pactos que firmó, sino por las víctimas a las que abandonó; no por los acuerdos que selló en La Moncloa, sino por la sangre que manchó su silencio; no por los votos que le sostuvieron, sino por la dignidad que entregó a cambio. Cuando los jueces hayan dictado sentencia y los políticos sean solo un nombre en los libros, quedarán las preguntas que hoy el presidente prefiere no escuchar: ¿cómo pudo poner la permanencia en el poder por encima de la memoria de los muertos? ¿Cómo permitió que los asesinos salieran a la calle mientras los niños paseaban a esos mismos asesinos sus rostros como héroes? La respuesta será su condena. Y esa condena será eterna.

 

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