«No hay pruebas… pero sí ascensos»: El ministerio de la vista gorda

Jul 2, 2026

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Marlaska espera a que la Justicia decida si su comisario del Delcygate es inocente o culpable, mientras tanto, el jefe superior de Canarias sigue en su puesto y el expediente disciplinario, en el cajón de la paciencia policial

No es una cuestión de ofender, es una cuestión de lógica. Esa que parece brillar por su ausencia en el Ministerio del Interior cuando se trata de Jesús María Gómez Martín, el jefe superior de Policía en Canarias y célebre protagonista de aquella noche en Barajas que todos conocemos como el Delcygate.

Mientras la Justicia avanza y el sumario del caso Plus Ultra se engrosa con nombres y conversaciones, desde el Ministerio de Fernando Grande-Marlaska nos tranquilizan con un argumento tan sólido como un castillo de naipes: no hay “pruebas contundentes”. Claro, porque para ellos, que el nombre del comisario aparezca en informes judiciales vinculado a una trama de corrupción, que una jueza como Esperanza Collazos lo haya incluido entre los investigados por cohecho y tráfico de influencias, y que existan conversaciones de WhatsApp donde se habla de lo “fructífera” que fue su reunión y de cómo se van a “portar” con él, todo eso son meros detalles sin importancia .

La brillante estrategia de Marlaska para proteger a los suyos se puede resumir en un manual de tres pasos:

  1. Mirar hacia otro lado. Una juez instructora señala al comisario, pero en Interior se agarran a que el nuevo juez, José Luis Calama, aún no se ha pronunciado. “Habrá que verificar que eso es así”, dicen. Como si la verificación no fuera precisamente el trabajo de la Policía y la Fiscalía, que ya han presentado indicios más que suficientes. “Se le relaciona con una serie de gratificaciones y de delitos, pero habrá que verificar que eso es así”, esgrimen fuentes policiales . Magnífico. Esperemos que no apliquen el mismo criterio de “verificación” al resto de ciudadanos.
  2. La excusa de la “tarjeta de visita”. En el registro de la sede de Plus Ultra apareció una tarjeta del comisario Gómez Martín con su número manuscrito. Para Interior, esto no es un indicio, sino que debe ser una casualidad. Seguro que su número apareció allí porque querían pedirle una pizza. Lo mismo que el chat donde se habla de sus “gratificaciones”, a cambio de facilitar “negocios con procedencia ilícita” en el aeropuerto de Cuatro Vientos, debe ser un malentendido .
  3. Ascender al implicado. Si la estrategia de “no ver” falla, siempre queda la de “premiar”. A Gómez Martín, en lugar de apartarlo cuando su nombre empezó a salpicar el escándalo, se le ascendió a jefe superior en Canarias en 2022, tras el Delcygate . No es un caso aislado, es un modus operandi. Otros mandos presentes aquella noche han visto sus carreras brillar con luz propia, como el general David Blanes, ascendido recientemente. Parece que en el Ministerio de Marlaska, la mejor manera de tapar un escándalo es regalar un ascenso. Así, la próxima vez que alguien vea algo, lo pensará dos veces antes de hablar.

Un Criterio de “Aduanas” para la Justicia

Lo más desolador de todo es el cinismo. Se argumenta que “por menos a cualquier Policía que existan sospechas de un acto delictivo se le abre una información reservada”. Pero, ¿y con el comisario? ¿Dónde está esa información reservada cuando su nombre aparece en el sumario de una de las tramas de corrupción más sonadas? Parece que el criterio no es universal. La vara de medir se dobla y se adapta al rango del implicado.

La pregunta que el ministro Marlaska no quiere oír es clara: ¿Por qué su querido comisario, el que coordina el operativo de la noche que Delcy Rodríguez pisó suelo español, recibe un trato tan benévolo? ¿Acaso las normas de la Dirección General de la Policía son como las de un club privado donde los favores se pagan con ascensos y los escándalos se olvidan con una palmada en la espalda?

Mientras el juez Calama decide si hay o no delito, el Ministerio del Interior ya ha dictado su sentencia: presunción de inocencia a toda costa, aunque el comisario ya haya confirmado en el Senado que tomaba cafés con el presunto testaferro de Zapatero, ‘Julito’ . Todo muy normal, como aquella noche en Barajas. Una actuación “perfecta”, diría él.

La justicia puede ser lenta, pero la incompetencia y la falta de transparencia son instantáneas. Y en el caso de Marlaska y su comisario, han llegado para quedarse.

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