Un ataque con nombre propio, pero sin nombre en el comunicado oficial
El ataque de esta madrugada contra la base de la FINUL (Fuerza Interina de las Naciones Unidas en Líbano) en el sector sur del país ha dejado un saldo trágico: un militar serbio fallecido y dos cascos azules españoles heridos leves. Horas después, las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) se han apresurado a desvincularse de cualquier responsabilidad, señalando directamente a Hezbolá como autor de los lanzamientos de mortero desde la zona de Al Qatarni.
El Gobierno apoya a los nuestros… pero no dice a quién señalar
Y el Gobierno español, fiel a su guion, ha reaccionado con una nota en X (antigua Twitter) donde el Ministerio de Defensa expresa: «Todo el apoyo a nuestros militares desplegados en la misión en Líbano, tras el ataque de la pasada noche, y todo nuestro ánimo y solidaridad al contingente serbio».
Cero menciones a Hezbolá: un silencio que habla más que mil palabras
Hasta ahí, correcto. Loable. Pero hay algo que grita por su ausencia en el comunicado: el nombre del agresor.
En ninguna línea del Ejecutivo se lee la palabra «Hezbolá». Tampoco «milicias chiíes», ni «terrorismo», ni «lanzamiento deliberado contra posiciones de la ONU». Nada. Cero. Silencio cómplice.
Cuando el responsable es Israel, ahí sí hay mayúsculas y negrita
¿Y qué ocurre cuando las informaciones apuntan a una acción israelí, aunque sea un error o un ataque marginal? Entonces el ministerio no solo habla, sino que escribe con mayúsculas y negrita. Entonces exige explicaciones, convoca al embajador, emite condenas en off y on, y los titulares de la prensa afín se llenan de exabruptos contra «la maquinaria de guerra sionista».
La hipocresía es insultante.
Los morteros no se dispararon solos, pero el Gobierno mira hacia otro lado
Porque este Gobierno, el mismo que no duda en retratarse con banderas palestinas y en señalar con el dedo a Tel Aviv cada vez que un proyectil impacta en la valla de separación, ahora se esconde tras un ambiguo «apoyo a los nuestros» cuando los responsables directos son los aliados de Teherán. Los morteros no se dispararon solos. Caen desde posiciones de Hezbolá, una organización catalogada como terrorista por la UE, por la propia ONU y por decenas de países. Y sin embargo, en la nota oficial: ni mu.
Un doble rasero que pone en riesgo la verdad y la seguridad de nuestros militares
La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿por qué este doble rasero? ¿Acaso la sangre de los cascos azules españoles vale menos si la causa es el brazo armado de la República Islámica? ¿O es que, para este Ejecutivo, condenar a Hezbolá le arruina el relato proiraní que tanto gusta en sus filas?
Digan de una puta vez la verdad
Exigimos verdad. Exigimos coherencia. Si Israel es noticia cuando los muertos son otros, también Hezbolá debe serlo cuando son nuestros soldados los que resultan heridos. Dejen la cobardía retórica y digan de una puta vez la verdad. O, al menos, tengan la decencia de no insultar nuestra inteligencia con su silencio vergonzante.
Porque callar ante Hezbolá no es diplomacia, es sumisión. Y nuestros militares se merecen algo más que consignas tibias: merecen un Gobierno que los defienda sin mirar a quién señala.








