
Erre que erre: «No somos nosotros, es el universo entero»
Pero ellos, erre que erre, gritan “lawfare”. Lo repiten como un mantra de autoayuda para golpeados: “No somos nosotros, es el sistema judicial, son los jueces, son los medios, es la derecha universal, es el fantasma de Franco…”.
La vergüenza que no asoma ni con desfibrilador
Vergüenza debería darles. La vergüenza que un presidente del Gobierno no muestra ni cuando su esposa es investigada por tráfico de influencias, ni cuando su ex ministro cobra comisiones en mascarillas podridas, ni cuando su fiscal general se sienta en el banquillo y es condenado.
El náufrago y el plástico: todo vale para no mirar al fondo
No, de eso nada. Al contrario: se aferran a la palabra lawfare como un náufrago a un plástico en medio del océano, creyendo que si la repiten con suficiente arrogancia, la realidad se disolverá como un azucarillo.
El nuevo doctrinarismo del cinismo: «Si nos pillan, es lawfare»
Lo más grotesco no es la corrupción en sí –al fin y al cabo, vieja conocida–, sino la pretensión de erigir el cinismo en doctrina. Porque ya no se limitan a negar los hechos: ahora los invocan como prueba del complot. “Si nos investigan –parecen razonar–, es porque hay lawfare. Si nos condenan, es lawfare. Si nuestros propios números dos se retratan en WhatsApp, es lawfare. Si el Supremo unifica criterios, lawfare”.
Cualquier toga que no sea un pelele: automáticamente, facha
Da igual el juez, la prueba o el fiscal: cualquier toga que no sea un pelele es, automáticamente, un esbirro de la ultraderecha.
La mugre como perfume: la ofensa a la inteligencia ciudadana
Ahí radica la ofensa suprema a la inteligencia del ciudadano: tratar de convencernos de que la mugre que brota por las rendijas de la Moncloa es en realidad un aceite perfumado vertido por manos oscuras. Mientras tanto, el prestigio de la judicatura se va al garete, las instituciones se descoyuntan y la palabra “vergüenza” se jubila por falta de uso.
Que les persigan los jueces no es un golpe de Estado
No, señores del lawfare: que les persigan los jueces no es un golpe de Estado. Es la consecuencia de gobernar como si la ley fuera un estorbo. Y que no tengan parangón en el mundo no es un halago ni un récord Guinness. Es, sencillamente, el síntoma de que el ridículo ha alcanzado categoría de Estado.
Sigan, sigan: cada «lawfare» es un clavo más en su propio ataúd
Pero sigan, sigan: cada vez que abren la boca para decir lawfare, entierran un poco más el propio prestigio. Y cada vez que confunden la indignación ciudadana con “manipulación”, nos confirman que no es que no tengan vergüenza: es que la vendieron, como todo lo demás, al mejor postor.








