Un engaño anunciado que llaman «estrategia»
No era ningún secreto. Llevábamos meses viendo cómo el gobierno de Pedro Sánchez evitaba responder con claridad sobre los Presupuestos de 2026. Cada comparecencia era un ejercicio de mala fe: “Estamos trabajando”, “confiamos en sacarlos adelante”, “hay diálogo abierto con nuestros socios”. Mentiras. Mentiras dichas con la tranquilidad de quien sabe que los medios le aplaudirán y la oposición no tendrá consecuencias. Finalmente, la confirmación: no habrá Presupuestos. Y lo peor no es el retraso, sino la soberbia con la que lo anuncian, como si fuera un logro.
Gobernar sin plan es la nueva normalidad
Un país no puede permitirse el lujo de arrastrar los Presupuestos de 2023 hasta 2027. Eso no es gestión, es negligencia. Es el síntoma de un gobierno que ha renunciado a gobernar y se dedica a sobrevivir. Cada día que pasa sin Cuentas nuevas es un día de decisiones improvisadas, de parches presupuestarios, de falta de previsión. Mientras Sánchez juega al despiste, los servicios públicos se resienten, las inversiones se paralizan y la ciudadanía paga las consecuencias de tanta frivolidad.
El chantaje permanente como método de gobierno
¿Por qué no hay Presupuestos? Porque Sánchez ha hipotecado su mandato a socios que le exigen la luna a cambio de no tumbarle. Junts, ERC, Bildu, PNV… todos ponen precio. Y él, lejos de imponer un proyecto de país, se limita a mendigar votos con concesiones que a menudo ni siquiera se cumplen. Prefiere no presentar Cuentas a tener que explicar por qué ha cedido ante quienes quieren romper España. Es más cómodo el silencio que la verdad. Es más fácil la prórroga que el enfrentamiento.
Ciudadanos huérfanos de futuro
Mientras tanto, los españoles de a pie observan con impotencia cómo su futuro se decide en mesas de negociación donde no están representados. ¿Qué pasa con la sanidad, la educación, la vivienda, la transición energética? Pasan a segundo plano. Todo es moneda de cambio para comprar la estabilidad de un gobierno que ya no cree ni en sus propias promesas. La ausencia de Presupuestos para 2026 significa que, otro año más, el Estado funcionará con las cuentas de la era Covid, cuando la realidad de 2027 será completamente distinta.
Mentir por sistema y salir indemne
Lo más grave de todo es la impunidad. Sánchez miente durante semanas asegurando que sí habrá Presupuestos, y cuando finalmente confiesa la verdad, nadie le exige responsabilidades. Los medios lo relativizan, la oposición patalea sin consecuencias y el electorado, resignado, asume que esto es lo que hay. Gobernar con mentiras se ha normalizado. La política se ha convertido en un continuo «lo sabremos la semana que viene», una telenovela donde el espectador ya sabe que el guionista improvisa sobre la marcha.
2027, la excusa perfecta para seguir sin hacer nada
Y ahora dicen que los Presupuestos llegarán en 2027. Por supuesto. Porque 2027 es el año de las elecciones generales, el momento en el que Sánchez volverá a prometer todo aquello que no ha cumplido. Pero si no ha sido capaz de sacar adelante unas Cuentas en tres años, ¿qué garantías hay de que lo haga en el último suspiro? La respuesta es ninguna. 2027 no es una fecha real, es un espejismo para ganar tiempo y que la indignación se diluya con el paso de los meses.
La ciudadanía cansada de cuentos
Basta ya de cuentos. Basta ya de un presidente que trata a los españoles como ovejas crédulas mientras él juega a ser pastor, lobo y cazador según convenga. La ausencia de Presupuestos no es un accidente, es una decisión política. Y como toda decisión política, tiene responsables. Pedro Sánchez es el principal responsable de que este país afronte 2026 sin un proyecto económico claro. La pregunta es: ¿hasta cuándo vamos a tolerar que nos tomen por idiotas?
Moraleja: Si un político miente una vez, es un error. Si miente sistemáticamente, es un método. Y si además sale impune de cada mentira, tenemos un problema mucho más grave que unos Presupuestos retrasados: tenemos un problema de democracia.








