«Cinética y letal»: cuando los americanos aún recuerdan qué significa tener un gobierno
Allá, al otro lado del océano, los yanquis no andan con gaitas. Un sospechoso de narcotráfico, una lancha sospechosa, y zas: ataque cinético letal. Traducción: bala, metralla y muerto. Sin comisiones de estudio, sin declaraciones institucionales, sin «lo sentimos pero es que los pobres narcos también tienen derechos». Trump hunde lanchas. Cualquier presidente con dos dedos de frente entiende que el narco es el enemigo y se le combate con violencia de estado, no con psicólogos de cabecera.
Allí la ley va detrás del delincuente. Y cuando el delincuente se resiste, la ley le recuerda por qué el estado tiene el monopolio de la violencia. Qué bonito. Qué sencillo. Qué distinto a esto otro.
«Aquí, mientras tanto»: donde los narcos gobiernan el Estrecho y Sánchez mira para otro lado
Volvamos a España. Aquí no hay ataques cinéticos. Aquí hay 600 narcolanchas tipo go-fast campando a sus anchas por el Estrecho y el Golfo de Cádiz. Aquí los narcos no huyen de la Guardia Civil: los cazan. Los embisten. Los acosan con punteros láser mientras desde el puerto los vecinos —los mismos que votan, ojo— les animan entre gritos de jolgorio . Una patrullera de cinco metros, seis agentes, chalecos salvavidas en mal estado según la propia Eurocámara, y enfrente una lancha de 14 metros, 5.000 kilos de peso y cuatro motores .
¿El resultado? Una embestida. Siete pasadas. A la séptima, la narcolancha pasa por encima de la zodiac. Los cuerpos de David Pérez y Miguel Ángel González flotan en el agua del puerto de Barbate .
Enero de 2025. Dos muertos.
«Los que siguen cayendo»: cuando la muerte se convierte en rutina administrativa
El 8 de mayo de 2026, el ministro Marlaska está muy ocupado. Hay un brote de hantavirus en Canarias. Él está allí, pendiente de la gestión de la crisis. Mientras tanto, a 80 millas de la costa de Huelva, dos patrulleras del Servicio Marítimo de la Guardia Civil persiguen una narcolancha .
La escena es tan previsible que da risa —si no fuera porque estamos hablando de cadáveres—: lancha grande de los narcos zigzagueando a toda velocidad, las patrulleras intentando seguirla, y entonces un error. O no. Igual no fue error. Igual fue otra embestida. Igual fue la desesperación de agentes que saben que si no atrapan al narco, el narco los atrapa a ellos.
La patrullera Río Antas —una de las más modernas, ojo, que no todo es precariedad— hace un viraje brusco. Se sube encima de la otra embarcación. El capitán Jerónimo —en la Guardia Civil desde 1994— recibe el impacto de lleno. Germán —desde 1989— va detrás. Ambos mueren .
Dos agentes heridos. Uno grave, otro leve. Ambos vivos de milagro .
Mayo de 2026. Dos muertos más.
Cuatro guardias civiles. En quince meses. Todos persiguiendo narcolanchas. Todos en embarcaciones que no son rival para las naves de guerra que los narcos se compran con dinero —nuestro dinero, el de la droga que tú y yo no consumimos pero que ellos venden—.
«Y Marlaska, rabioso»: la comedia del dolor impostado
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, se presenta en la Academia de la Guardia Civil de Baeza. Dice que está «rabioso» . Rabioso. Como un toro al que le acaban de clavar la espada. Rabioso. Y mientras él está rabioso, los agentes del servicio marítimo le pitan y le abuchean . Porque la rabia de Marlaska dura lo que dura un titular. La de ellos, la de los que se juegan la vida cada noche con zodiacs de tercera división, es perpetua.
No es que Marlaska sea mal ministro. Es que Marlaska hizo algo peor que ser malo: en 2022 desarticuló la unidad especializada en la lucha contra el narcotráfico, el OCON-SUR . Lo disolvió. Lo eliminó. Porque, según su lógica suprema, no hacía falta. Y ahora, cuatro agentes muertos después, la Unión Europea ha tenido que venir a decirle a España que eso de disolver unidades especializadas no era, quizá, la mejor idea .
Pero Marlaska está rabioso, ¿saben? Que nadie diga que no siente el dolor. Lo siente tanto que incluso se permite pedir «cordialidad» y que no se utilice a las víctimas «con fines políticos» . Que se lo digan a las viudas de David, Miguel Ángel, Jerónimo y Germán. A ver si ellas también están para cordialidades.
«La fiscalía no descarta nada»: la nada absoluta del Estado
La fiscal superior de Andalucía, Ana Tárrago, dice que «no se descarta absolutamente nada» en la investigación . Ni siquiera que todo fuera un accidente laboral —como ya se apresuró a insinuar la candidata socialista María Jesús Montero —. Porque si es un accidente laboral, no hay responsables políticos. Si es un accidente laboral, es que los agentes iban mal. Si es un accidente laboral, no fue la narcolancha, fue la mala suerte.
Qué cómodo. Qué perfecto. Qué sistema de protección al poder político tan bien engrasado.
Mientras tanto, el informe del Departamento de Seguridad Nacional —el del gobierno de Sánchez— reconoce que los narcos «no dudan en embestir» y que «se está detectando una mayor capacidad ofensiva», incluyendo armas de guerra. Lo sabe el gobierno. Lo sabe Moncloa. Lo sabe Sánchez. Y no hacen nada.
O sí: hacen algo. *Desmantelar las unidades antidroga. Recortar medios. Dejar a los guardias civiles con salvavidas rotos . Y luego, cuando mueren, declarar tres días de luto y decir que se está «rabioso» *.
La sentencia que Sánchez merece oír
«Pedro Sánchez ha convertido la muerte de cuatro guardias civiles en un gasto de amortización. Cada embestida de una narcolancha es un coste asumible para un gobierno que lleva años demostrando que su único enemigo real no es el narco, sino el uniforme que aún cree en la ley. Mientras Estados Unidos entierra narcos, España entierra agentes. Y Sánchez los envuelve en banderas que él mismo ha manchado de complicidad y abandono.»
Post scriptum: El Sindicato Manos Limpias ya ha denunciado a Marlaska por homicidio imprudente ante el Tribunal Supremo . No pasará nada, como no pasa nada nunca. Los narcos seguirán campando. El gobierno seguirá mirando hacia otro lado. Y dentro de unos meses, cuando otro agente caiga en el Estrecho o en Huelva o donde sea, volverán a declarar tres días de luto, volverán a decir que están «dolidos», volverán a prometer «medios» que nunca llegan.
Y mientras tanto, en el Pacífico, Estados Unidos seguirá lanzando ataques cinéticos letales.
Porque ellos, al menos, no han olvidado qué significa tener un Estado.








