Cuando Page flota, España se hunde (pero él queda bien en la foto)

Ago 26, 2026

Sucesos España - Portada 5 OPINIÓN 5 Cuando Page flota, España se hunde (pero él queda bien en la foto)

El Arte de la Supervivencia 

Hay políticos que pasan a la historia por sus decisiones, y otros que pasan a la historia por sus no decisiones. Emiliano García-Page, el presidente manchego que ha elevado el «yo no he sido» a la categoría de arte, pertenece sin duda a este segundo grupo. Con esa habilidad casi circense para mantenerse en la cuerda floja sin caer nunca al lado de sus propios principios, Page nos ha regalado una perla reciente: «El mando único hubiera estado mucho antes si no hubiera sido en vacaciones, es triste llegar a esta conclusión». Triste, sí. Pero no por la razón que él cree.

Porque Page, señoras y señores, es el epítome de esa vieja máxima que reza: «Un hombre rico nunca es viejo ni feo para una chica bonita y oportunista». Solo que aquí, el «hombre rico» no es otro que el poder de Pedro Sánchez, y el «oportunista» es él mismo, que ha cambiado la coherencia ideológica por un puñado de minutos de gloria autonómica y un asiento en el Comité Federal. Page siempre ha preferido flotar en la superficie del relato oficial a hundirse con dignidad llevando sus principios como lastre. Y lo peor no es que lo haga, sino que todavía haya quienes buscan en él un «buen PSOE» de rescate, como quien busca agua en el desierto y encuentra un espejismo con bigote.

Pero vayamos a la práctica, que es donde la hipocresía de Page alcanza cotas de genio teatral.

Contra Bildu, pero con Bildu

Page abre la boca para criticar los pactos con la izquierda abertzale. Dice que no, que eso no es su estilo, que qué horror. Pero acto seguido, sus 8 diputados en el Congreso, esos que teóricamente responden a su liderazgo, aprietan el botón verde y votan a favor de todo lo que Sánchez les ponga delante. ¿Acaso Page no tiene teléfono? ¿O es que en Castilla-La Mancha los diputados son autómatas que solo reciben órdenes de Ferraz? La coherencia, señor Page, no es un traje de alquiler para las entrevistas de fin de semana.

Contra Junts, pero con Junts

El presidente manchego se rasga las vestiduras con los que «rompen España». Habla de nación, de unidad, de que no se negocia con quien pone la pistola en la mesa. Sin embargo, cuando la moción de confianza (o de cualquier cosa) llega al hemiciclo, los 8 diputados manchegos son una piña monolítica con el PSOE de Sánchez, avalando cada concesión a Puigdemont. Resulta curioso que Page se oponga a la amnistía «en privado» o en un café de Madrid, pero sus representantes voten a favor como si les fuera la vida en ello. Spoiler: les va el cargo.

Contra la amnistía, pero a favor del indulto (metafórico) a su propio silencio

La amnistía es mala, es un error histórico, dicen. Pero los 8 diputados de Castilla-La Mancha la respaldan sin pestañear. ¿Dónde queda esa autonomía de la que tanto presume Page para su tierra? Porque si los diputados de su comunidad votan sistemáticamente en contra de lo que su presidente dice públicamente, o bien Page miente al micrófono, o bien sus diputados le han declarado la guerra. Pero no, es más sencillo: Page es un malabarista que quiere quedar bien con Dios (el votante rural) y con el diablo (la dirección nacional).

La gran pregunta que nadie le hace (o él no quiere oír)

Si Page es tan crítico, si está tan en desacuerdo con la deriva de Sánchez, si cree que el PSOE se ha vendido por cuatro sillones… ¿Por qué no ha movido un dedo para articular una moción de censura junto al PP? Tiene 8 diputados. Feijóo necesitaría 176. No le llegan ni de lejos, pero, oiga, la política también es hacer ruido, plantar cara, forzar el debate. Pero no. Page no llama a Génova. Tampoco contacta con VOX. Ni siquiera sugiere aplicar el artículo 102 de la Constitución (ese que habla de la responsabilidad criminal del Gobierno). ¿Por qué? Porque el artículo 102 no da titulares de «presidente rebelde», da problemas. Y Page, como buen oportunista, no quiere problemas; quiere seguir siendo el «presidente sensato» mientras su partido se convierte en el felpudo de los independentistas.

Page es ese tipo de político que, ante un naufragio, prefiere mantenerse a flote agarrado a un tablón de madera podrida (el cargo) antes que nadar hacia la orilla de sus convicciones. Y lo peor es que él mismo se retrata: «Es triste llegar a esta conclusión». Sí, Emiliano, es triste. Pero no porque las vacaciones impidieran un mando único, sino porque tú, con tu inacción y tu doble discurso, eres parte del problema. Mientras tus palabras critican, tus votos apoyan. Mientras tu boca dice «no», tu partido ejecuta el «sí».

Hay quien dice que Page es el último baluarte del PSOE constitucionalista. Mentira. Page es el mejor aliado de Sánchez, porque Sánchez sabe que, aunque Page gima, sus 8 diputados jamás se rebelarán. Jamás. Porque para rebelarse hace falta tener principios, y para tener principios hay que estar dispuesto a perder el poder. Y Page, queridos lectores, no está dispuesto a perder ni un minuto de gloria, aunque para ello tenga que tragarse todas sus palabras y votar todo aquello que dice detestar.

Al final, la cita inicial lo resume todo: Page encontró en el poder de Sánchez a una «chica bonita y oportunista» a la que nunca encontrará vieja ni fea, porque su amor es incondicional… mientras le sigan dando el quince. Lo demás, son solo fuegos artificiales verbales para que en Castilla-La Mancha no se den cuenta de que, en Madrid, sus diputados siempre, siempre, votan en contra de lo que él predica. Eso no es liderazgo. Eso es simplemente, sobrevivir. Y qué triste, sí, que la política de hoy se reduzca a eso.

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