Bienvenidos al esperpento judicial más visto de la temporada
Si alguien dudaba de que la política española es el mejor guionista de comedia del país, que se asome por la mirilla del Supremo. Porque lo que estamos presenciando en el juicio de las mascarillas no es un procedimiento penal, es un spin-off surrealista de Camera Café, solo que con corrupción, comisiones ilegales y mucha, mucha vergüenza ajena.
El reparto: el ministro, el asesor, el comisionista y la miss
Y no, no exageramos. Repasen los actores: José Luis Ábalos, exministro de Transportes, imputado. Koldo García, su exasesor, imputado. Víctor de Aldama, el comisionista de la trama, también imputado. Y luego aparece el secundario de lujo: la testigo Claudia Montes, ex Miss Asturias, colocada por Ábalos como si fuera un mueble más en Logirail (esa suerte de RENFE low-cost donde los puestos se regalaban como papeletas en un bingo).
Mis stories son mi prueba de vida laboral
Pero lo mejor no es el enchufe. Lo mejor es cómo intentan justificarlo. Porque Claudia, en su declaración ante el Supremo, ha ofrecido la prueba definitiva de que trabajaba: sus historias de Instagram. Sí, ha leído bien. La señorita Montes, a la que colocaron en un cargo público sin que nadie supiera muy bien para qué servía (como el reposacorchos de una batidora), ha propuesto como corpus delicti su propio feed de redes sociales.
Desayunando a las 4 de la madrugada: El nuevo método de control horario
“Todos los días subía una foto desayunando junto al ordenador”, aseguró. Porque nada acredita más tu valía profesional que un plano cenital de un Cola Cao y una tostada con aceite a las 4 de la madrugada. Y cuidado, que ella remata la faena: “Hacía muchas horas extras”. Claro, querida, si entras a las 4 de la mañana para tomarte un café y hacerte un selfi, es normal que luego te vayas a las 12 del mediodía y te parezca que has currado el doble. El problema es que en tu horario laboral real no entraba ni siquiera el cartón de leche.
Oyes, te he enchufado: El eufemismo que nunca llegó
Lo más exquisito del diálogo, digno de Guillém Fesser y Luis Piedrahita en su mejor momento, fue cuando Claudia Montes declaró textualmente: “En ningún momento me dijo: ‘Oyes, te he enchufado’”. Ah, claro, porque los enchufes de verdad se notifican con un burofax y copia al BOE. “Oye, te he enchufado” es de mal educado. Lo correcto es decir: “Mira, colega, que he hablado con los de Logirail y están buscando a alguien con tu perfil”.
La prueba del café: Catadora oficial de granos en una empresa de trenes
Porque otro de sus alegatos estrella que tenia que haber soltado, era: que la contrataron porque sabía diferenciar el café de Colombia del de Afganistán. No por enchufe, no, sino por su olfato cafetero. Que viene a ser lo mismo que decir que contratan a un fontanero porque sabe distinguir un grifo de cocina de uno de bidé. Una competencia imprescindible para gestionar el mantenimiento de locomotoras, sin duda.
El problema: Esto no es ficción, y la factura la pagamos todos
El problema de fondo es que este culebrón ya no hace gracia. Camera Café era una comedia porque los personajes eran patéticos pero no nos costaban 20 millones de euros en mascarillas que nunca aparecieron. Aquí, mientras Ábalos miraba hacia otro lado y Koldo García engordaba su cuenta corriente, la señorita Montes se hacía la influencer laboral desde una silla pagada por todos nosotros.
Aldama, el comisionista que completa el cuadro
Y mientras tanto, Aldama, ese otro “genio” de la trama, soltaba perlas sobre cómo se repartían las comisiones. Porque al final todos en esta serie tienen una cosa en común: ninguno trabajaba, pero todos tenían muy claro dónde estaba la máquina de café. La diferencia es que en la ficción nos reíamos; en la realidad, nos están tomando el pelo.
Si no tienes trabajo, hazte un story
Así que ya saben: la próxima vez que un político les diga que la meritocracia existe, recuerden a Miss Asturias desayunando a las 4 de la mañana delante de un ordenador apagado, subiendo la foto a Instagram mientras se preguntaba si su puesto era real o solo un decorado más. Spoiler: era decorado. Como casi todo en este país. Y ahora, si me disculpan, voy a poner la lavadora. Pero no se preocupen: lo subiré a mis stories para que quede constancia. Por si acaso.









