Javier Ruiz el aprendiz de Sánchez: El bulero de oro que la izquierda vitorea mientras usted paga el chiste

Abr 8, 2026

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La FAPE le pilla mintiendo sobre violaciones, pero ni él ni sus aplaudidores pasarán por la caja. Al contrario: siga pagando sus impuestos para que el espectáculo continúe.

El negocio redondo de la mentira subvencionada

Que un periodista viva de las subvenciones públicas mientras difunde mentiras ya es, de por sí, un chiste de mal gusto. Que encima la izquierda le aplauda como si fuera un héroe de la libertad de expresión convierte la farsa en un esperpento digno de los hermanos Marx.

La FAPE, obligada a retratarse

La FAPE, ese órgano ético que habitualmente hace la vista gorda cuando el bulo viene de según qué tendencias, se ha visto obligada a reconocer lo evidente: Javier Ruiz faltó «a la verdad» cuando afirmó en televisión que «nueve de cada diez violaciones en España son de españoles». Un dato falso, no contrastado, lanzado con la soberbia del que sabe que su audiencia no va a pedirle fuentes.

Los datos del Ministerio del Interior son tozudos

Los datos del Ministerio del Interior son tozudos: el porcentaje de agresiones sexuales atribuidas a españoles es significativamente inferior al que soltó Ruiz con desparpajo. Pero ¿a quién le importan los datos cuando se puede demonizar al adversario político? En el plató, Isabel Pérez Moñino (VOX) recibió el dato como un rodillazo en el estómago dialéctico. La estrategia era clara: asociar a los españoles con la violación para que la portavoz de la derecha tuviera que justificar lo injustificable. Un clásico del manual progresista de intoxicación.

El periodista de lujo que vive del cuento

Lo curioso, y aquí viene lo realmente cínico, es que Javier Ruiz no es precisamente un mileurista precario. Su nómina, como la de tantos otros «periodistas estrella» de cadenas públicas y privadas financiadas con dinero de todos, es jugosa. Pero no solo eso: su presencia asidua en foros, conferencias y tertulias pagadas con fondos públicos o de grandes corporaciones que coquetean con el poder le convierten en un parásito perfecto del sistema. Un bulero profesional que vive a costa del contribuyente al mismo tiempo que difama impunemente.

Aplausos para el militante encubierto

La izquierda, lejos de reprocharle su falta de rigor, le vitorea. Porque Javier Ruiz no es un periodista: es un militante encubierto. Un activista con carnet de prensa que ha comprendido que, en el mercado de la desinformación, la verdad es un estorbo y el escándalo, el mejor combustible. Su función no es informar, sino intoxicar. Y mientras el español medio aprieta el cinturón, él se forra vendiendo humo.

La FAPE pone un parche a una hemorragia

La resolución de la FAPE es un parche sobre una hemorragia. Porque este señor seguirá en su atril, soltando falacias con la misma naturalidad con la que otros respiran. Y la izquierda, fiel a su estilo, seguirá aplaudiendo. Al fin y al cabo, ¿qué importa la verdad cuando se tiene la chequera del Estado y la complicidad de los suyos?

Usted paga el espectáculo

El problema, querido lector, no es que Javier Ruiz mienta. El problema es que usted paga por ello. Y lo peor de todo: le aplauden.

Proverbio anónimo que podría ser de Immanuel Kant: «Cuando el maestro miente desde La Moncloa, el alumno se siente con derecho a mentir desde el plató. Pedro Sánchez enseñó que la verdad es un estorbo cuando hay votos que pescar, y Javier Ruiz, fiel discípulo, aprendió la lección: se inventa un dato, se demoniza al rival, y mientras la izquierda aplaude la ocurrencia, el contribuyente echa cuentas de por qué paga el sueldo del maestro y del alumno. El problema no es que el discípulo mienta; el problema es que el maestro le nombró ejemplo. Porque en esta escuela de la intoxicación, la verdad no suspende a nadie, pero la osadía de decirla te expulsa del aula. Y así seguimos: con un presidente que vive de prometer lo imposible y un periodista que vive de difundir lo falso, ambos a costa del mismo bolsillo y con los mismos aplausos. Que Dios nos coja confesados, pero mejor que no nos coja con la hemeroteca abierta.»

 

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