Análisis Psiquiátrico de Pedro Sánchez

May 26, 2026

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¿Trastorno narcisista o simple psicopatía funcional? (Ustedes ya verán)

Por un observador de la bilis política

No hay que olvidar que el narcisismo, en una persona, puede ser trastorno y puede ser síntoma. El problema es cuando el sujeto en cuestión se sienta en La Moncloa, sonríe con esa fijeza de muñeco de feria y llama “democracia” a meter a sus enemigos en el Código Penal. Pero vayamos por partes, como haría un psiquiatra, aunque solo sea para entretenernos.

El trastorno narcisista de la personalidad (TNP): el perfil del “profesional ético” que te amarga la vida

Como trastorno, existe lo del “trastorno narcisista de la personalidad”. El manual dice: grandiosidad, necesidad de admiración, falta de empatía. En política española, eso no es un síntoma: es un currículum. Y de esos hay muuuuchos por ahí. Nos suelen amargar la vida, pero tienden a ser buenos profesionales, a menudo con un profundo sentido ético. O sea, los típicos jefes que te explotan, te roban las ideas y encima quedan como héroes.

¿Se parece a Sánchez? En algo sí. Él es un profesional de la supervivencia: ha sido capaz de indultar a sus socios, legalizar a Bildu en ayuntamientos y llamar “convivencia” a la amnistía para un prófugo. Todo ello con una ética líquida que cambia según la encuesta. Pero la vida al lado de ellos —o debajo de ellos— no es agradable. Sobre todo si eres un juez, un periodista incómodo o un simple ciudadano que paga impuestos para financiar la corrupción de su partido.

Sin embargo, algo no encaja. Porque el narcisista puro, cuando le hieres, se derrumba. Lloriquea. Sánchez, en cambio, parece disfrutar. Y ahí pasamos al segundo grupo.

El narcisismo como síntoma: cuando la cosa se pone psicopática

Como síntoma… es otra cosa. Ahí cuidado, mucho cuidado. Los psicópatas suelen tener un componente narcisista, pero no es igual. El psicópata asocia a su autoenamoramiento una frialdad congénita, una carencia de emociones y empatías. Pueden vivir en un estado maniático permanentemente, y son capaces de engañar a todos, psicólogos y psiquiatras incluidos.

¿Y esto qué tiene que ver con Sánchez? Miremos los hechos, no los tuits.

  • Frialdad congénita: Ha visto caer a sus ministros y a su secretario de organización (Ábalos, Marlaska sin caer, pero merecido, a Cerdán), ha sacrificado a su propio director del Gabinete (Iván Redondo) y ha cambiado de discurso como quien cambia de calcetines. Sin un solo temblor de voz, salvo cuando el teleprompter le pide “emoción contenida”.
  • Estado maniático: Gobierno permanente en campaña. Decretos ómnibus con 300 medidas dentro. “Cuanto peor, mejor” no es un lema, es su algoritmo.
  • Capacidad de engaño: Ha logrado que medio país crea que es un hombre de paz mientras indulta a los golpistas; que es feminista mientras indulta a violadores (Ley del ‘solo sí es sí’); que es honesto mientras su pareja y hermano declaran en los juzgados por presunta corrupción. Y lo más grave: ha engañado a gran parte de la prensa, que aún hoy escribe “presidente legítimo” como quien reza un avemaría. Psicólogos y psiquiatras incluidos —o mejor dicho, politólogos y tertulianos— le siguen llamando “socialdemócrata” con cara de póker.

Los psicópatas, dice el texto original, son de un peligroso que no nos podemos ni imaginar. Y aquí Sánchez no decepciona: su peligrosidad no es navaja en el callejón, sino ley en el BOE. Su arma es la degradación institucional, la ruptura de la separación de poderes, el control del Poder Judicial, la fiscalía general como pelota, la Agencia Tributaria como porra. Todo sonriendo. Todo con la bandera de España detrás y el puño cerrado en el pecho. Teatro psicopático de altísima escuela.

Ustedes ya verán…

Ustedes ya verán… en qué grupo creen que encaja Sánchez.

Si piensan que es solo un narcisista de manual, un vanidoso con espejito retrovisor y complejo de Mesías, se quedan cortos: le estarían atribuyendo una vulnerabilidad que no tiene. El narcisista puro, al final, implosiona. Sánchez no implosiona: explota a los demás.

Si piensan que es un psicópata funcional, cuidado: no lo demostrará nunca con un test de Rorschach, porque tiene a los mejores asesores en comunicación política para camuflarlo. Pero miren sus actos: ruptura de normas, mentira sistémica, uso del poder como juguete, alianza con los que ayer llamaba golpistas, ayer enemigos de España, hoy “socios de investidura”. Y, sobre todo, esa incapacidad absoluta para sentir la vergüenza ajena. ¿El psicópata no siente empatía? Sánchez siente menos que una piedra; lo que tiene es un prodigioso medidor de votos donde otros tienen alma.

Así que ustedes ya verán. Yo solo pongo el manual de cabecera. Pero si una cosa está clara: al lado de Sánchez, hasta el narcisista más insufrible de su oficina le parecerá un monje tibetano. Porque el presidente no es un narcisista. Es algo peor, aunque no lo podamos diagnosticar sin entrevista clínica. Pero la entrevista ya la hacemos cada día en las noticias. Solo hay que mirar, leer y… temblar.

Queda dicho. O más bien, vomitado.

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