El Primer Crimen Sectario de España

Nov 23, 2025

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La Noche del Acordeón Sagrado

Santa Cruz de Tenerife, 16 de diciembre de 1970. El barrio de Jesús de Nazareno respira la calma típica de una tarde de diciembre. Pero detrás de la puerta del número 11 de la calle, una familia alemana, los Alexander, está sumida en un universo de rituales y fanatismo que está a punto de estallar en la que la prensa bautizaría como «El Crimen del Siglo»: el primer caso oficialmente reconocido de un crimen sectario en la historia de España.

Los Alexander: Una Familia Perfecta… En Apariencia

Procedentes de Hamburgo, Harald y Dagmar Alexander, junto a sus hijas Petra, Marina y Sabine, y su hijo Frank, habían llegado a Tenerife diez meses antes. Se instalaron en la capital y compraron otra propiedad en Los Cristianos, proyectando una imagen de normalidad. Frank trabajaba como repartidor y Sabine había encontrado un empleo fuera de casa. Sin embargo, los vecinos no podían ignorar los extraños cánticos y salmos que, con frecuencia, emanaban de su vivienda.

Esa fachada de familia modélica era un espejismo. En su interior, estaban completamente absorbidos por los dogmas de la Sociedad Lorber, una secta fundada por Jakob Lorber que predicaba la existencia de un Dios todopoderoso y la necesidad de purgar las almas impuras para alcanzar la salvación.

El Profeta y el Elegido: La Semilla de la Locura

Harald Alexander, el padre, había caído en las garras de la secta en Hamburgo, influenciado por su líder, Georg Rihele, para quien las mujeres eran «impuras por naturaleza». Este dogma envenenó la dinámica familiar. Pero el punto de inflexión llegó con el nacimiento de Frank. Harald se convenció de que su hijo no era un niño cualquiera, sino «el profeta de Dios en la Tierra», el elegido de la Sociedad Lorber.

Frank se convirtió en el tirano consentido de la casa. Su palabra era ley, y su voluntad, una «señal divina». Este adoctrinamiento extremo llevó a normalizar lo impensable, incluyendo relaciones incestuosas, todo en nombre de una purificación espiritual distorsionada.

La Noche de la Purificación Sanguinaria

Aquella fatídica tarde, Frank interpretó un gesto de su madre, Dagmar, como un acto de desafío. En su mente perturbada, fue la señal final: las mujeres de la familia ya no tenían salvación. Su alma solo podría purgarse mediante la muerte.

Con una calma aterradora, Frank fue hacia un armario, cogió una percha de madera y comenzó su macabra misión. Mientras golpeaba ferozmente a su madre y a sus hermanas Petra y Marina, su padre, Harald, no intervino. No hizo falta atarlo. Se limitó a sentarse y, mientras su familia era masacrada, tocaba el acordeón y recitaba salmos. La música sacra fue el soundtrack de una carnicería.

Sabine, la única superviviente, no estaba en casa. Su trabajo fuera del hogar le salvó la vida, convirtiéndola en la única testigo indirecta de la masacre.

Terminado el asesinato, padre e hijo mutilaron los cuerpos como parte de un ritual sectario. Luego, se lavaron la sangre, se cambiaron de ropa e intentaron huir. Su plan de fuga fracasó estrepitosamente: como parte del mismo ritual, habían destruido todos sus pasaportes.

La Confesión y la Captura: «Hiciste lo Necesario»

Tras un periplo surrealista por la isla, que incluyó un intento fallido de contactar con un psiquiatra alemán, Harald y Frank lograron encontrarse con Sabine en casa de su jefe, el doctor Walter Trenkel.

Fue entonces cuando Harald, con una frialdad sobrecogedora, le confesó a su hija lo que habían hecho. La reacción de Sabine dejó helado al doctor Trenkel: le tomó la mano y le dijo, «Estoy segura de que has hecho lo que creías necesario». Horrorizado, Trenkel llamó de inmediato al consulado alemán, lo que desencadenó la llegada de la policía y el arresto de los dos homicidas.

«El Juicio del Siglo»: Locura en el Banquillo

El juicio, celebrado en una Audiencia Provincial abarrotada de periodistas de todo el mundo, fue un espectáculo mediático. Harald y Frank comparecieron en un estado de catatonia, ausentes y en shock.

Los peritos forenses diagnosticaron que Harald padecía esquizofrenia y Frank sufría un «trastorno inducido» o «contagio psíquico» por la influencia de su padre. El fiscal pidió la pena de muerte para Harald (entonces aún vigente) y 20 años de cárcel para Frank. La defensa abogó por el ingreso en un psiquiátrico.

La sentencia, dictada el 26 de marzo de 1972, fue histórica: ambos fueron absueltos por «enajenación mental» y declarados «autores no responsables». La justicia española los recluyó en el Sanatorio Psiquiátrico de la Cárcel de Carabanchel, donde permanecieron veinte años.

Vidas Rotas y un Misterio Permanente

El destino posterior de la familia Alexander es tan extraño como el crimen mismo:

  • Harald logró fugarse durante un traslado a un centro en Sevilla, aunque fue capturado casi de inmediato al llegar a Alemania.

  • Frank también fue liberado y trasladado a Alemania. Las leyes españolas impedían recluirlo más tiempo del que habría cumplido en prisión.

  • Sabine, la superviviente, desapareció de la vida pública. Se cree que trabaja para una multinacional en Alemania y, en un giro difícil de comprender, sigue manteniendo contacto con su hermano Frank, quien hoy tendría alrededor de 72 años.

El crimen de los Alexander no fue solo un estallido de violencia doméstica. Fue la tragedia de una familia destruida por el fanatismo, un caso que expuso por primera vez en España la peligrosa capacidad de las sectas para pervertir la mente humana hasta los límites más siniestros, todo al son de un acordeón que tocaba para enmascarar el horror.

 
 

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