Estimado señor López:
Le escribo no para dialogar, sino para increparle y sacarle sus miserias. Para decirle a la cara lo que muchos pensamos y usted se empeña en ignorar: su defensa numantina de José Luis Rodríguez Zapatero no es lealtad, es complicidad moral con un hombre al que la Justicia señala como el cabecilla de una trama de tráfico de influencias. Y lo que es peor: utiliza el fin de ETA como un trapo sucio para limpiar su reputación.
Zapatero no derrotó a ETA: se rindió a sus pies
Usted afirma que Zapatero fue el artífice de la derrota de ETA. Esa es una mentira monumental que ofende a quienes realmente dieron su vida por esta democracia.
La banda terrorista no cayó por la vía de la negociación política que Zapatero impulsó en 2005, cuando se sentó con Otegi y les ofreció el «trato de tú a tú» que tanto daño hizo al Estado. Esa vía fue un fracaso estrepitoso que nos costó la vida de dos inocentes en la T-4 de Barajas. Zapatero no venció a ETA; ETA se rio de él mientras él les tendía la mano y ellos seguían matando.
La derrota de ETA llegó cuando su brazo político fue ilegalizado, cuando los jueces como Garzón (pese a sus claroscuros) y la Fiscalía de la Audiencia Nacional cerraron el grifo a su financiación, y cuando la Policía y la Guardia Civil, con inteligencia y valor, desarticularon sus comandos uno a uno. Eso no fue gracias a Zapatero, sino a pesar de él.
Mientras los agentes se jugaban la vida en las calles, Zapatero estaba en La Moncloa negociando con quienes habían asesinado a concejales del PP y del PSOE. Usted, que fue lehendakari, lo sabe mejor que nadie. Pero en lugar de reconocerlo, prefiere el relato oficial del «héroe pacifista» para contentar a su jefe.
La verdadera victoria fue de los de abajo, no de los de arriba
Señor López, los héroes de esta historia no usan traje de Armani ni firman acuerdos en Davos. Los héroes son los agentes de la Guardia Civil que durmieron en furgonetas durante meses para detener a un etarra. Son los policías nacionales que vieron cómo sus compañeros caían abatidos y aun así seguían levantándose cada mañana para ir a proteger a unos ciudadanos que, a menudo, les escupían.
Son los jueces que, sin escolta suficiente, dictaron sentencias condenatorias sabiendo que su nombre aparecería en la siguiente lista de amenazas de ETA.
A esos hombres y mujeres, que no pidieron ni un minuto de gloria, se les debe todo. A Zapatero, que les recortó suplementos, que negoció con los verdugos de sus compañeros y que ahora, para colmo, se frota las manos diciendo que «él ganó la paz», no se le debe nada más que desprecio.
Usted, al ensalzar su figura, está ninguneando el sacrificio de los caídos. No les haga ese feo a las viudas y a los huérfanos. No les escupa en la cara con su relato propagandístico.
El presente de Zapatero: un presunto delincuente que trata de esconderse detrás del pasado
Ahora vayamos al meollo, a lo que realmente le duele a usted y a su partido: Zapatero está imputado por la Audiencia Nacional como presunto líder de una red de tráfico de influencias para rescatar a la aerolínea Plus Ultra con dinero público. 53 millones de euros. ¿Sabe lo que son 53 millones de euros? Son hospitales, son escuelas, son becas para estudiantes, son recursos para los que realmente lo necesitan.
Pero a Zapatero le dio igual. Según el auto judicial, utilizó su agenda, sus contactos y su influencia para favorecer a unos empresarios amigos, mientras su entorno directo, incluidas sus hijas, se beneficiaban de esa trama.
Y usted, señor López, sale a los medios a decir que «no cree en su culpabilidad mientras no se demuestre». ¿De verdad? ¿No le parece suficiente con que haya un auto de la Audiencia Nacional, con mensajes incriminatorios, con informes de la UCO y con registros en domicilios y empresas? ¿Cuántas pruebas más necesita para dejar de ser el abogado defensor de un presunto mafioso?
Su actitud es la de un palmero. La de alguien que prefiere quemar su credibilidad política antes que soltar la mano de su jefe. Pero sepa que eso tiene un precio: el desprecio de los ciudadanos que estamos hartos de que los políticos se protejan unos a otros, se tapen las vergüenzas y utilicen las instituciones para su beneficio personal.
No mezcle churras con merinas: la lucha antiterrorista no es un salvoconducto para la corrupción
Esto es lo que más me indigna de su discurso: que intente blindar a Zapatero con el cadáver de ETA. Como si haber «derrotado» a los terroristas (que ya hemos visto que no fue así) le diera un cheque en blanco para delinquir. Como si los méritos del pasado pudieran lavar los presuntos delitos del presente.
Eso no funciona así, Patxi. En un Estado de Derecho, nadie está por encima de la ley, ni siquiera los expresidentes que se creen intocables. Y usted, al defenderle de esta manera, está contribuyendo a la degradación de nuestra democracia. Está mandando el mensaje de que si has sido «importante», puedes hacer lo que te dé la gana con el dinero público y luego cobrarte facturas políticas a tu favor.
Una petición final (que sé que ignorará)
Le pido que deje de usar a los muertos. Que deje de manipular el dolor de las víctimas para tapar la podredumbre de su partido. Que tenga un mínimo de decencia y reconozca que Zapatero no es un santo, sino un imputado por la Justicia que debe responder ante ella como cualquier ciudadano.
Y si no es capaz de hacer eso, al menos tenga el pudor de callarse. Porque cada vez que usted alaba a Zapatero y dice que «derrotó a ETA», está insultando a la memoria de los 829 asesinados, está escupiendo a los policías que se dejaron la piel y está diciendo a los jueces que su trabajo no sirvió de nada.
Usted no está defendiendo a Zapatero: está enterrando su propia dignidad que ya no le quedaba.
Atentamente (por no decir otra cosa),
Un ciudadano que no olvida a los verdaderos héroes, ni perdona a los que se apropian de su gloria para blanquear su miseria.








