El prólogo que ya lo dice todo
«Al principio recelaban uno del otro. No lo sabían, pero eran almas gemelas: compartían la mediocridad, la ambición, el cinismo y la falta de escrúpulos». Qué bonito sería pensar que fue casualidad. Pero no: la historia se escribe sola cuando los protagonistas son dos calcetines del mismo par pero de diferente color. Uno más gastado, el otro con algún agujero recién disimulado. Pero al fin y al cabo, ambos huelen igual.
Zapatero: el sonrisas que nos arruinó con ternura
José Luis Rodríguez Zapatero, el líder que creía que la economía era como un cuento de hadas: solo había que desearlo muy fuerte para que los parados encontrasen trabajo por arte de magia. Ese mismo que nos endosó una crisis monumental mientras él repetía aquello de «la economía va bien» con la misma convicción que un niño dice que no se ha comido la tarta con la cara manchada de chocolate. Nos dejó cinco millones de parados, la burbuja inmobiliaria reventada como una petarda en la mano y ese famoso «usted no sabe las cosas que me estoy callando» que traducido al español significa: «yo tampoco lo sé, pero suena misterioso».
Sánchez: el mismo vómito, diferente presentación
Pedro Sánchez, en cambio, es el heredero que ha perfeccionado el arte. Zapatero mentía con sonrisa de maestro de escuela; Sánchez miente con cara de funeral, que es más dramático y convence más. Un día es el adalid de la moderación, al siguiente abraza a los independentistas que ayer llamaba terroristas, y luego jura por su madre que siempre ha sido de izquierdas radical. ¿Coherencia? Amigo, eso es para pobres. Él tiene encuestas, que alimentan más que los principios.
La ambición: el pegamento de este matrimonio infeliz
Ambos comparten esa hambre canina de poder que les hace olvidar para qué se presentaron. Zapatero duró dos legislaturas porque el PP se pegó un tiro en el pie con su propia metedura de pata; Sánchez lleva ya más reelecciones que un calzoncillo raído, cambiando de opinión cada lunes y de socio cada viernes. Lo suyo no es gobernar: es sobrevivir como sea. Y si hay que vender a la madre por un escaño, pues se vende, y si sobra el cambio, se la recompro al día siguiente.
Los inventos milagrosos (que nunca funcionaron)
Zapatero nos vendió el «Plan E»: cientos de millones para hacer agujeros en las aceras que luego nadie arreglaba. Sánchez nos vende los fondos europeos: ríos de dinero que aún esperamos ver en forma de algo más que ruedas de prensa y fotos con casco de obra. Uno creó el «diálogo social» para que los sindicatos aplaudieran sin preguntar; el otro ha convertido la mentira en método de gobierno, con perdón de la palabra «método», que implica cierta sistematicidad.
El PSOE, de González a estos dos chistes malos
Lo más sangrante es pensar que este partido tuvo a Felipe González. Con sus pecados, claro, pero con oficio. Ahora tenemos a dos clones del postureo: uno que sonríe para no llorar y otro que llora para que le sonrían. Dos políticos que se miraron con recelo al principio porque cada uno creía ser el elegido, sin darse cuenta de que eran dos fotocopias borrosas de la misma mediocre agenda.
Zapatero mirando a Sánchez: el orgullo del padrino
Hoy, mientras Sánchez arrastra los pies hacia la siguiente ocurrencia (indulto, derogación, ley de solo para la foto), Zapatero observa desde la barrera con media sonrisa de viejo zorro. Sabe que él fue el pionero, el que abrió el camino de la hipocresía institucional. Y Sánchez, el mejor alumno, lo ha llevado a niveles olímpicos. El padrino está orgulloso: su criatura ya vuela sola. Lástima que vuele siempre hacia el mismo precipicio.
Almas gemelas, patrones de plastilina
Cortados por el mismo patrón, sí. El patrón de la corbata barata, la palabra vacía, la promesa de usar para no cumplir, la pose de estadista con el traje vacío. Almas gemelas, en efecto. Dos políticos que podrían haber sido grandes si hubieran tenido algo dentro. Pero no: solo compartieron la mediocridad, la ambición, el cinismo y la falta de escrúpulos. Y para remate, nosotros les votamos. Eso ya no es culpa suya. Eso es cosa nuestra.








