El Socialismo de Pana y la Tiara de Zafiros: Cuando Zapatero superó en esplendor a los Románov

May 25, 2026

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El ex presidente atesora una colección de joyas valorada en más de tres millones de euros mientras predicaba la austeridad. La izquierda llora de emoción (y de envidia)

Cuando hablamos de los zares rusos, nuestra mente viaja a los destellos del Palacio de Invierno, a los huevos de Fabergé y a las coronas engastadas con diamantes del tamaño de una nuez. La dinastía Románov simbolizó, durante siglos, el extremo más salvaje de la opulencia monárquica: un poder absoluto rodeado de rubíes, zafiros y un derroche que provocaba mareos entre los campesinos siberianos. Parecía un mundo muerto y enterrado. Parecía.

El hallazgo arqueológico en la calle Ferraz

Porque resulta que el socialismo patrio, ese que predica la modestia de la chaqueta de pana y la frugalidad del R-5, ha encontrado a su propio Nicolás II en la figura de José Luis Rodríguez Zapatero. Sí, el mismo que nos hablaba de “progresismo”, de solidaridad y de recortes en según qué partidas. El ex jefe del Ejecutivo guardaba, según fuentes solventes, una fastuosa colección de 103 piezas de alta joyería en la caja fuerte de su despacho particular. Una colección que, en palabras de un joyero parisino con más solera que el Louvre, superaría holgadamente los tres millones de euros.

La creativa lección de economía doméstica

Pero no se alarmen, queridos lectores. El propio Zapatero ya se ha apresurado a justificar tan deslumbrante tesoro con una explicación de lo más rocambolesca: todo es fruto de “la herencia de su mujer” (recuerdan a Florenci el abuelo de Jordi Pujol) y de “regalos personales”. Regalos, habrá que suponer, de los mismos que los que intercambian los miembros de Plus Ultra (tu me rescatas y yo te doy el 1%), esa misteriosa orden o grupo de poder que suena a aerolínea low cost, pero que al parecer reparte oro y dinero como si fueran caramelos de hojaldre.

Cuando Sonsoles se pone nerviosa

Uno imagina entonces a la señora Sonsoles Espinosa, de repente, descubriendo que en el despacho de su marido existía un lote de diademas imperiales y broches con esmeraldas que se las habían dejado como herencia, y ella poniéndose bisutería barata para las cenas de gala. Y a Zapatero, con cara de póker, explicando en una entrevista que “eso no son joyas, son recuerdos afectivos y no se podían tocar”. Porque, claro, lo normal en cualquier despacho de un político de izquierdas es tener una caja fuerte donde descansan tres kilos de oro en sortijas, collares con piedras preciosas y quién sabe si algún huevo de Fabergé con sorpresa dentro: quizá un decreto ley para subir el IVA o una carta pidiendo que no se investigue su patrimonio.

La memoria selectiva del predicador austero

Lo llamativo no es que un expresidente tenga patrimonio. Lo llamativo es la hipocresía. Durante años, Zapatero pontificó desde la Moncloa sobre lo mal que estaba la banca, los paraísos fiscales y la “indecencia” de los que acumulaban riqueza. Mientras tanto, en la intimidad de su caja fuerte, él competía en esplendor con los Románov, pero con la diferencia de que los Románov al menos no iban por ahí firmando leyes contra la ostentación.

El sótano de Ekaterimburgo versión 2.0

El contraste es tan brutal como hilarante. Los Románov fueron fusilados en el sótano de una casa de Ekaterimburgo por un pueblo harto de ver cómo unos pocos se embadurnaban de lujo mientras ellos se comían las ratas. Zapatero, en cambio, ha salido del armario zarista con una explicación que parece sacada de un sainete: “Son herencias y regalos, no me pregunten de quién”. Uno casi espera que el joyero parisino confirme que entre las piezas hay un retrato del apóstol Santiago con diamantes o un par de puños de camisa con el rostro de Lenin tallado en jade.

Epílogo para no olvidar

Así que ya saben, cuando algún predicador de la mesura socialista les suelte el discurso contra los “ricos que se forran”, recuerden al Zar Zapatero y sus tres millones en el joyero. Porque el comunismo es muy bonito, pero los Románov… esos eran de otro nivel. Pero al parecer, aún quedan herederos putativos.

“El socialista que más predica contra el lujo es aquel cuya caja fuerte pesa más que su conciencia.”

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