Bienvenidos al esperpento. Si alguien esperaba corrupción, se ha llevado un culebrón con risas sarcásticas incluidas
Declaración de Jessica: “Al señor Ábalos no le he visto pagar nunca” (salvo el piso de 2.000 euros, las cenas, los viajes, la universidad, el móvil de alta gama y el gato)
Qué bonito es el amor, ¿verdad? Te regalan una matrícula universitaria, un teléfono que cuesta lo que un mes de alquiler medio en España, la operación quirúrgica de tu mascota y un piso en Plaza de España por 2.000 euros mensuales. Y encima te colocan en una empresa pública para que cobres sin trabajar. Pero ojo: el señor Ábalos nunca pagaba en efectivo. Lo adelantaba Koldo. Qué detalle. Así se puede ser ministro de Transportes, mantener una amante, financiarle la vida de lujo y encima quedar como un caballero que “no mancha sus manos con el dinero”. La élite socialista en estado puro.
La defensa de Ábalos pregunta si la testigo se prostituía: el tribunal lo permite, porque la dignidad humana es un estorbo
Ahí lo tienen. El abogado del exministro, en un alarde de estrategia digna de un mal estudiante de Derecho, insinúa que quizá Jéssica Rodríguez no era amante sino trabajadora sexual. El tribunal, lejos de cortar esta indecencia, permite la pregunta. ¿El objetivo? Desacreditar a la testigo manchando su honor. ¿El resultado? Que ella, con más dignidad que toda la sala junta, responda: “Soy dentista y estoy colegiada”. Pero el letrado insiste: “¿Y en el pasado?”. Ella suelta: “Fui azafata de imagen”. Y podía haber rematado con un cuchillo verbal: ya saben, azafata de imagen del hermano pequeño de Ábalos, el que le cuelga entre las piernas. Bravo. La izquierda ejemplar, la que nos vendió la ética feminista, se retrata preguntando si su amante era una prostituta. Qué asco de espectáculo.
La viuda negra del PSOE: atuendo de funeral para un partido que ya está muerto moralmente
Jéssica aparece con abrigo negro, camisa negra, pantalón negro, gafas negras, mascarilla negra y peluca negra. Parece que viene del entierro de la decencia socialista. Y vaya si es cierto. Porque lo que desgrana es un manual de cómo un ministro de un gobierno supuestamente progresista convierte su cargo en una tarjeta de crédito para pagar los caprichos de su amante. Conoció a Ábalos en octubre de 2018, recién nombrado ministro. Los encuentros eran en un piso de Atocha que, según el empresario Aldama, era un piso de “señoritas” para el disfrute de políticos y empresarios. Es decir, un puticlub de lujo financiado con dinero que podría haber sido de todos. Pero no se alarmen: seguro que era “amor”.
“No podía divorciarme por razones sociales”: la coartada perfecta para seguir siendo ministro mientras mantienes a tu amante
La relación era pública. Viajaban juntos en viajes oficiales. Todo el Ministerio lo sabía. Pero cuando el PSOE ganó las elecciones de 2019, Ábalos le soltó el discursito: “Cariño, no puedo divorciarme porque socialmente no me lo puedo permitir siendo ministro”. Traducción: prefiero seguir en el cargo que cumplir mi promesa. Ella rompió. Pero él, por “culpa”, siguió pagándole el piso hasta 2022. Tres años después de haberla dejado. ¿Culpa? ¿O precio del silencio? Mientras tanto, Ábalos miraba a su examante, levantaba las cejas, cruzaba miradas con Koldo García y soltaba risas sarcásticas. El exministro, el mismo que pontificaba sobre ética pública, se reía en la cara del tribunal y de todos los españoles. Un payaso con traje de político.
Ineco: la guardería laboral de las amantes de los ministros
Resulta que Ábalos le consiguió un contrato en Ineco, una empresa pública. Sabiendo que no iba a trabajar porque estaba estudiando Odontología. “¿Ábalos estaba al tanto de que no iba a trabajar?”, preguntó el fiscal. “Sí, claro”, respondió ella. Su jefe era Joseba García, hermano de Koldo, quien le rellenaba los partes de trabajo en blanco. ¿Para qué servía ese sueldo? Para cotizar. O sea, para que la amante del ministro tuviera derecho a paro, pensión y demás prestaciones pagadas por todos los españoles. Qué maravilla de sistema. Mientras los autónomos se dejaban la piel durante la pandemia, esta señora cobraba desde casa sin hacer nada. Y encima, muchas veces ni siquiera estaba disponible para “trabajar” porque estaba de viaje oficial con el ministro. Es decir, el Estado le pagaba por acompañar al político. El paraíso socialista.
El casero, aliviado: “Cuando me dijeron que ya no pagaban más, me dio una alegría”
Luis Alberto Escolano, el pobre hombre que tuvo que aguantar a Rodríguez como inquilina, confiesa que él pagaba el piso por orden de Aldama. No sabía para quién era hasta que un día se encontró a Ábalos en el ascensor. Ahí lo entendió todo. Describe a la pareja del exministro como “inconformista”, que se quejaba de todo y que le gustaba “fastidiar a Koldo”. La frase que resume todo este esperpento: “Me decía: ‘voy a llamar a José y se va a cagar’”. O sea, la amante del ministro llamaba al ministro para amenazar con quejarse a su propio amante. Y Escolano, que pagaba el piso, rogaba que dejara de molestar. Este país es una broma de mal gusto.
Jéssica se pone las gafas de sol y vuelve al anonimato. Ábalos, a la carcel con Koldo. Los españoles, a pagar la factura
Fin del primer acto. Rodríguez sale escoltada, oculta tras sus gafas negras y su mascarilla. Vuelve a su vida anónima. Ábalos, vuelve a su celda, que Koldo le espera después de que los dos mantuvieran durante años a una señora con dinero público –o de sus comisionistas– y se rieran en el Supremo. Los españoles, mientras tanto, seguimos pagando los platos rotos: las mascarillas que nunca llegaron, los pisos de 2.000 euros para amantes, las operaciones de gato, las matrículas universitarias de señoritas, los sueldos en empresas públicas sin trabajar y, ahora, el bochorno de ver a nuestro país convertido en una telenovela de Telecinco con presupuesto de ministerio.
Moraleja: la próxima vez que un político socialista hable de ética, de ejemplaridad y de regeneración democrática, recuerden a Ábalos riéndose en el Supremo mientras su examante detalla cómo le pagaba el piso y la operación del gato. Y si aún así votan al PSOE, que no se quejen luego de que les tomen por imbéciles. Porque lo son. Y lo saben.









