Zapatero y Sánchez compartieron cartel con un dictador en Times Square y Wall Street, y lo peor no es que lo hiciera un grupo ultracatólico, sino que no pudieran defender ni una coma del mensaje
Nueva York, la capital del mundo, el epicentro de la diplomacia global, ha sido testigo de un acontecimiento histórico. Sí, han visto bien. Nada menos que el colectivo español «Hazte Oír» ha decidido iluminar la Gran Manzana con su sabiduría callejera. Porque si algo le quedaba por ver a Times Square, era un camión con pantallas LED y carteles en marquesinas de Wall Street, patrocinado por una organización española que ha hecho de la hipérbole su seña de identidad y de la complacencia ajena su negocio.
La jugada maestra: meter a Sánchez y Zapatero en el mismo saco que a un dictador
La jugada no podía ser más táctica: aprovechar la concentración de la comunidad venezolana ante la Corte Federal de Nueva York, donde Nicolás Maduro se enfrenta a cargos por narcoterrorismo, para colocar hábilmente en el mismo cartel al dictador venezolano, al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y al actual presidente, Pedro Sánchez. Tres nombres, una misma palabra: «CRIMINALES». La precisión quirúrgica de un cirujano, la sutileza de un martillo pilón. Y lo peor: duele porque tiene miga.
Zapatero, el mediador de saldo que abrazó al tirano mientras Venezuela ardía
Zapatero fue el primero en poner la otra mejilla. Literal. Mientras la
oposición venezolana era metida en celdas de tortura y los chavistas vaciaban las arcas del país, el exlehendakari de la paz se prestó voluntario para ser el «mediador» que el régimen necesitaba para lavar su imagen. ¿El resultado? Maduro ganaba tiempo, Zapatero salía en la foto con la mano tendida y España aplaudía la «valentía diplomática». Ahora, años después, el mismo Maduro es detenido por narcotráfico y Zapatero sigue dando conferencias sobre concordia. La justicia divina a veces tarda, pero la neoyorquina va más rápido: en forma de camión con pantalla LED y marquesinas.
Pedro Sánchez, el campeón europeo de mirar hacia otro lado
Y luego está Pedro Sánchez. El presidente que prometió «recuperar el orgullo de la socialdemocracia» y que ha acabado siendo el aval europeo de Maduro mientras miraba hacia otro lado. Porque no romper relaciones diplomáticas no es tibieza, es cinismo. Porque condenar en Bruselas y abrazar en Madrid es esquizofrenia política. Porque decir «no reconozco a Maduro pero mi embajador sigue allí» es como denunciar a tu vecino por ruidos y luego invitarlo a cenar. Sánchez ha convertido la hipocresía en arte, y el arte en una política exterior que solo entiende de pactos, no de principios.
Cuando hasta Hazte Oír tiene razón, es que algo huele muy mal
Así que cuando Hazte Oír pone el cartel, por muy patético, sectario y oportunista que sea el método, hay una pequeña parte incómoda que no se puede rebatir: Zapatero y Sánchez se lo han buscado. La complaciencia tiene precio, y a veces ese precio se paga en forma de meme viral condenatorio. Porque uno puede ser neutral ante una dictadura, pero la dictadura no es neutral contigo. Y el día que la justicia internacional llama a las cosas por su nombre, los «mediadores útiles» se convierten en «cómplices útiles».
El ridículo tiene premio: compartir cartel con un narcotraficante
Lo más triste del asunto no es que el camión de Hazte Oír recorra Manhattan y sus fotos aparezcan en marquesinas. Lo más triste es que tengan razón en el diagnóstico, aunque sea por las razones equivocadas y con los métodos de un grupo que hasta ayer estaba preocupado por si el catecismo llegaba a los colegios. Porque cuando hasta los ultras católicos y negacionistas del cambio climático pueden señalarte con el dedo y decir «este también es criminal», igual es que has hecho algo muy mal. Muy, muy mal.
Para Zapatero y Sánchez: la foto es gratis, el ridículo con intereses
Así que ya saben, señores Zapatero y Sánchez: si no quieren compartir cartel con dictadores, quizá deberían dejar de actuar como sus escuderos europeos. Mientras tanto, que disfruten del paseo neoyorquino y los selfis con sus fotos. Que la foto es gratuita, pero el ridículo, con intereses. Y Hazte Oír, que nunca ha dado puntada sin hilo, se apunta otro tanto: hacer que hasta sus mayores críticos tengan que admitir que, esta vez, el cartel no iba desencaminado. Duele, ¿verdad? Pues eso. Porque la complaciencia se perdona una vez, pero cuando el camión pasa por Times Square y sus fotos empapelando la gran manzana, ya no hay abrazo institucional que lo disimule.
«El que con el tirano se acuesta,
en el cartel de los criminales despierta.
Y aunque el que ponga las fotos sea un pirado,
las fotos no mienten: ahí están retratados.»









