La trinchera de la pureza: cuando “no tener dueño” significa tener un talón del Gobierno
No hay un magnate oscuro. No hay un ricachón ultraderechista tirando de los hilos. No: Maldita.es es una Fundación sin ánimo de lucro. Como el aire que respiramos… o como la honestidad de un político con la nómina pública.
Fundada y codirigida por los periodistas Clara Jiménez Cruz y Julio Montes, esta organización se presenta como la última trinchera contra la desinformación. Su modelo de negocio es de una pureza casi bíblica: crowdfunding, donaciones altruistas y proyectos financiados por el pueblo. Sin accionistas, sin capitalistas sedientos de sangre. Una virgen en un mundo de lobos.
Pero no todo lo que reluce es independiente. Y no todo desmentido es honesto.
El arte de desmentir sin decir nada
Maldita.es construyó su reputación a base de titulares rotundos: “Esto es falso”. Sin embargo, una lectura atenta de su web —ese ejercicio tan incómodo para quien vive de la pose— revela una realidad mucho más turbia.
Junto a los bulos claramente falsos, aparece una categoría de “verificaciones” que son pura ambigüedad con patas. Frases como “no hay pruebas concluyentes”, “no se ha podido confirmar que los hechos sucedieran tal como se relatan” o “no hay elementos suficientes para afirmar que la fuga ocurriera en la fecha señalada” se repiten como un mantra.
Traducción al español de a pie: no te decimos que es mentira, pero tampoco que es verdad. Así cualquiera.
Ejemplos ilustres de la valentía informativa:
- Vídeos descontextualizados: Maldita ha señalado vídeos que circulaban con información falsa sobre su origen, pero que sí mostraban un evento real en otro contexto. O sea: la mentira estaba… en otro sitio.
- Bulismo político: A veces, las acusaciones falsas contienen una base de verdad distorsionada. Es decir: el otro mentía, pero no del todo. Cuestión de matices.
- Pandemia de COVID-19: Desmintieron exageraciones… basadas en estudios reales. La verdad estaba ahí, solo que un poco hinchada.
- Inundaciones de la DANA 2024: Tuvieron que aclarar hechos reales sobre la gestión de la catástrofe que eran distorsionados. O sea: desmienten el bulo, confirman el fondo. Y luego cobran.
Esta es la gran paradoja de Maldita: una fundación que se erige como jueza de la verdad acaba convertida en notaría de la ambigüedad. Desmienten sin cerrar, verifican sin mojarse, y cobran por ello.
La independencia que no es tal: 6.000 euros que huelen a compromiso
Pero lo más grave no es la falta de contundencia en sus desmentidos. Lo más grave es la hipocresía financiera que destila su discurso de “no tenemos dueño”.
Porque resulta que la Fundación que vive del piadoso crowdfunding y presume de no aceptar dinero sucio… ha recibido una subvención del Gobierno de España. Concretamente, 6.000 euros en el marco de las últimas elecciones. El dinero salió del Ministerio que entonces dirigía Carmen Calvo y de la Fundación de Dolores Delgado, exfiscal general del Estado.
Seamos claros: 6.000 euros no son una fortuna. Pero son la prueba del nueve de que el relato de la “independencia total” es, como mínimo, maquillaje. Una organización que acepta dinero del poder político al que supuestamente debe fiscalizar pierde cualquier derecho a pontificar sobre transparencia.
¿Alguien se imagina a Maldita desmintiendo con rotundidad un bulo que beneficie directamente al partido que le ha soltado la pasta? No hace falta imaginarlo: ya no se atreven ni a desmentir con claridad los bulos neutros.
La ironía es deliciosa y grotesca a la vez: la Fundación sin dueño tiene padrino. Y el padrino se llama Estado, y el Estado tiene colores políticos muy concretos.
El negocio de la verdad a medias
Mientras tanto, el pobre ciudadano que donó sus cinco euros en el último crowdfunding sigue preguntándose para qué ha servido su dinero. ¿Para desmontar mentiras con contundencia? No. Para financiar elegantes equilibrios semánticos que dejan la puerta abierta a la desinformación.
Porque ese es el gran timo de la “verificación” moderna: si no te atreves a llamar mentira a una mentira, no estás verificando nada, estás gestionando dudas. Y la gestión de dudas es un negocio cojonudo: nunca te equivocas, nunca te retractas, y siempre puedes decir que “los hechos son complejos”.
Y encima cobras subvenciones.
La única verdad confirmada es que no tienen dueño… pero tienen amo
Maldita.es es, probablemente, la mejor herramienta que tenemos contra la desinformación. Pero eso no es un halago: es la constatación de lo bajo que ha caído el listón.
Porque cuando una fundación que presume de independencia acepta dinero del Gobierno, cuando sus desmentidos son más ambiguos que el programa electoral de un partido de centro, y cuando sus directores callan sobre las subvenciones mientras venden pureza, algo huele mal.
Y no, no huele a crowdfunding.
Nota del autor: Este artículo ha sido verificado por mi mismo. El 73% de su contenido es cierto. El resto… podría serlo. O no. Pero al menos yo no cobro subvenciones para decirlo. Quédense con la duda, que es más sana. Y recuerden: la única verdad 100% confirmada aquí es que Maldita no tiene dueño… pero tiene un talón del Gobierno.









