El anuncio que solo existió en las fotos
Qué sorpresa. Vaya por delante el sobrecogimiento. Porque resulta que el fútbol femenino español, ese niño bonito de las fotos institucionales, ese reclamo de modernidad y buenismo para colgarse medallas en ruedas de prensa, se ha vuelto a quedar tirado en la cuneta. Y lo mejor de todo: con el boletín de La Quiniela como testigo mudo de una desidia que, por habitual, ya ni escuece.
La Liga F se queda fuera del pronóstico deportivo por excelencia. Tampoco verá esos cinco millones de euros que, al parecer, ya estaban presupuestados. Pero claro, una cosa es que figuren en un papel y otra muy distinta que lleguen a materializarse. En esto de las cuentas públicas, lo que se promete con una mano suele evaporarse con la otra mientras el personal hace equilibrios para no caerse del guion.
Un real decreto de 1991: más antiguo que la propia liga
Porque atención al detalle: el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes —ese nombre que parece un puzzle de competencias— no ha tenido tiempo de modificar un real decreto de 1991. Sí, leyó bien. El mismo año que se disolvía la Unión Soviética, el BOE ya hablaba del reparto de las apuestas deportivas. Más de tres décadas después, cambiar ese texto ha resultado una misión imposible para un gobierno que, paradójicamente, presume cada semana de su compromiso con la igualdad.
El retraso, eso sí, es de libro. Con solo siete jornadas por disputarse, la inclusión ya es inviable. Porque en este país, para los grandes anuncios siempre hay primavera, pero para los plazos reales siempre es invierno. Y mientras, el fútbol femenino espera. Espera desde 2019, cuando el sindicato de futbolistas AFE ya reclamaba esta integración como una cuestión de “justicia e igualdad”. Justicia e igualdad: dos palabras que quedan estupendamente en un eslogan y que, al parecer, caducan si no se meten en un sobre de renta variable.
Simbólico… y muy caro
Pero no se preocupen, que no solo se trata de dinero. Es que, encima, es simbólico. Porque tener presencia en La Quiniela no es solo arañar visibilidad en una columna de resultados; es decirle al ciudadano de a pie que esto también importa. O al menos, eso creíamos. Porque visto lo visto, importar importa, pero solo hasta que el trámite resulta incómodo y exige mover el culo antes de que termine la legislatura.
Luego está el agujero económico. Cinco millones de euros que la Liga F ya había incluido en su presupuesto. Cinco millones que no eran un capricho, sino el colchón para compensar la retirada progresiva de subvenciones públicas. En otras palabras: el propio diseño de la transición hacia la “autosuficiencia” del fútbol femenino dependía de que el Estado cumpliera con lo que había dicho que iba a cumplir. Error de principiantes. En política del deporte, como en las quinielas, nunca des por hecho el pleno.
Construcción eterna: del discurso a la dependencia
Y aquí llegamos al punto álgido de la tragicomedia: mientras el fútbol femenino sigue en esa fase interminable de “construcción”, con sus clubes sobreviviendo con márgenes de maniobra propios de una funambulista, el mismo Gobierno que ha hecho de la igualdad su bandera no ha sido capaz de adaptar un decreto en meses. Pero ojo, que el Consejo Superior de Deportes sí ha destinado decenas de millones a la Liga F en los últimos años. Lo cual es de agradecer. Hasta que uno descubre que precisamente por eso, cuando la maquinaria administrativa falla, el golpe es doble: ni el dinero nuevo llega, ni la dependencia estructural desaparece.
La paradoja, como siempre, la cuentan los periódicos mientras los dirigentes aparecen en las fotos con la camiseta colgada al hombro. Se habla de profesionalización, de crecimiento, de igualdad, pero luego la competición pierde una de sus principales fuentes de financiación antes siquiera de estrenarla. Es como prometer una autopista, poner la primera piedra con alcalde y obispo, y después descubrir que nadie presentó el estudio de impacto ambiental. Solo que aquí el estudio de impacto lo van a sufrir los clubes que ya hacían malabares con sus cuentas.
¿Quién pone los cinco millones? (Que se lo pregunten a las que saltan al césped)
Llegados a este punto, las preguntas flotan en el ambiente con la elegancia de un petardo en una biblioteca: ¿quién pone ahora los cinco millones? ¿El mismo Gobierno con otra subvención milagrosa que habrá que justificar ante otras federaciones? ¿LaLiga, esa figura paterna a la que se recurre cuando la cosa aprieta? ¿O lo asume la Liga F, que ya acumula más volatilidad que las acciones de un banco en crisis? Nadie lo sabe, pero todo el mundo intuye que la respuesta tendrá más de parche que de solución.
Mucho discurso, poca ejecución: el arte de llegar tarde
Porque lo realmente irritante, lo que convierte este asunto en una obra maestra del cinismo institucional, es que el fútbol femenino lleva años sirviendo como escaparate de buenas intenciones. Cada foto con la selección, cada comparecencia con una camiseta de por medio, cada discurso sobre “la transformación del deporte” ha funcionado como una tarjeta de crédito simbólica. Y ahora llega la hora de pagar, y resulta que el titular del ministerio, Milagros Tolón, no ha llegado a tiempo. Y no es una crítica personal, o sí, porque al fin y al cabo, para eso están los ministerios: para llegar a tiempo.
El problema de fondo, sin embargo, es más incómodo: al fútbol femenino solo se lo quiere de boquilla. Se le aplaude en los discursos de fin de año, se le saca en los anuncios institucionales, se le coloca en las mesas redondas sobre igualdad. Pero cuando toca mover los hilos de verdad, cuando hay que modificar un real decreto de 1991 con la diligencia que se pondría en aprobar un decreto de urgencia para cualquier otra cosa que sí importe al poder, entonces aparece la parsimonia, el “no ha dado tiempo” y esa forma tan española de enterrar los compromisos bajo montañas de burocracia.
Utilizadas y abandonadas, el ciclo se repite
Así que nada. El fútbol femenino español se queda sin los cinco millones, sin la visibilidad de La Quiniela y, lo que es peor, con la sensación de haber sido utilizado como atrezzo político mientras interesaba. Porque una vez que las cámaras se apagan, las prioridades vuelven a su sitio. Y en ese orden, por mucho que duela, el fútbol femenino sigue sin estar en el podio.
Pero tranquilos, seguro que en la próxima rueda de prensa volverán a prometerlo con la misma solemnidad con la que ahora lo han incumplido. Y ojalá me equivoque. Pero viendo la facilidad con la que aquí se abandonan los proyectos cuando ya no dan titulares, lo más probable es que dentro de un año estemos escribiendo el mismo artículo. Con el mismo enfado. Y con la misma certeza de que, para este gobierno, el fútbol femenino fue un excelente escenario mientras la función duraba. Ahora, a esperar el siguiente acto. Y que paguen las que siempre pagan: las que saltan al césped.
«Del fútbol femenino hablan todos, los cinco millones los paga nadie.”









