El Frente Popular low cost: ni frente, ni popular, ni low cost —que esto sale caro

Mar 22, 2026

Sucesos España - Portada 5 POLÍTICA 5 El Frente Popular low cost: ni frente, ni popular, ni low cost —que esto sale caro

Irene Montero y Gabriel Rufián refundan la épica de 1936 en un súper, con escáner, plegadora de camisas y la misma solemnidad que un niño disfrazado de torero embistiendo contra una silla

Hay imágenes que deberían venir con un cartel: «No comparar con 1936 por su bien». Y la foto de Irene Montero y Gabriel Rufián presentándose como el nuevo Frente Popular es una de ellas. No por falta de voluntad, ojo. La tienen. Lo que les falta es altura, empaque, oficio, memoria, sustancia y casi cualquier otra cosa que no sea la absoluta certeza de que si no hacen esto, se quedan sin la poltrona.

Es patético. Pero no un patetismo de esos que duelen. No. Es el patetismo de ver a un niño disfrazado de torero que embiste contra una silla. El traje le viene grande, la muleta es un pañuelo de papel y la silla ni se inmuta. Pero él insiste. Y tú, que lo ves, no sabes si aplaudirle la ocurrencia o llamar a sus padres para que lo recojan porque ya es tarde y mañana hay cole.

Porque estos dos, Montero (la marquesa)  y Rufián (el apellido le viene al pelo), tienen el peso histórico de un cruasán de dos días. Ella, que quiso «asaltar los cielos» y terminó asaltando la primera posición de una lista electoral gracias al partido que le da de comer. Él, que veía Madrid como una cueva de lobos y ahora se frota las manos porque ha descubierto que los lobos, si te sientas en el Congreso, te ponen una alfombra y un enchufe para el portátil.

Y ahí están. Frente a un atril. Con la cara seria. Hablando de «clases populares» mientras llevan trajes que cuestan más que el alquiler de tres de esas clases populares juntas. Hablando de «alternativa real» cuando la única alternativa que manejan es entre quedarse en el escaño actual o cambiarse a uno con mejor orientación.

Lo peor no es que mientan. Lo peor es que se lo creen. Ahí radica el patetismo supremo: en la absoluta falta de distancia entre lo que dicen y lo que son. En la convicción de que su rifirrafe con Yolanda Díaz es equiparable a la lucha contra el fascismo. En la solemnidad con la que anuncian su «frente popular» mientras Xavier Doménech, el jefe de filas, sonríe en la foto con la misma expresión que pondría en una cena de empresa donde le acaban de confirmar que el menú incluye postre.

Y mientras tanto, Pedro Sánchez, el verdadero animal político de esta función, les deja hacer. Porque sabe que estos dos, con su patetismo bien regado de egos, le hacen el trabajo sucio gratis. ¿Que se presentan como alternativa? Mejor. Así la izquierda se divide solita, sin que él tenga que mancharse. Es la política del «reír para no llorar», pero aplicada por el que se ríe desde el palco mientras los payasos se pegan por ver quién se queda con el centro del escenario.

Pero lo más triste, lo realmente miserable, es que esto importa. Que esto ocupa portadas, minutos de telediario, tertulias enteras. Que hay ciudadanos que se toman en serio a estos dos como si fueran algo más que dos políticos con más hambre de poder que ideas en la cabeza. Que hay quien mira esta pantomima y dice «mira, están uniendo a la izquierda», cuando lo único que unen son sus cuentas corrientes y su miedo cerval a volver a ser lo que nunca dejaron de ser: dos mindundis con mucha labia y muy poco que ofrecer.

Porque al final, ese es el gran patetismo de este Frente Popular low cost. Que no es ni frente, ni popular, ni siquiera es original. Es la misma historia de siempre: políticos que se creen estadistas, movimientos que se creen revoluciones, y un país que, mientras tanto, mira el escaparate de un supermercado sin saber muy bien si le alcanza para la leche.

Y ellos ahí, con su escáner y su plegadora de camisas, pensando que van a cambiar el mundo. Cuando lo único que van a cambiar, con suerte, es de despacho. Y si no, ya volverán a refundarse. Que de eso saben. De lo otro, de lo de verdad, ni idea. Y esa ignorancia, amigos, no es tragedia. Es solo patetismo con escaño.

Y eso duele más. Porque de la tragedia se aprende. Del patetismo solo se sale con un correctivo electoral. Que ojalá llegue pronto, antes de que estos dos decidan refundar también la Quinta del Biberón con los becarios de su partido y nos cuenten que es la misma cosa.

Spoiler: no lo es. Ni de lejos. Ni de coña. Pero ellos, en su patetismo infinito, no lo saben. Y como no lo saben, se lo creen. Y como se lo creen, nos toca a nosotros, los que pagamos la factura, aguantar el espectáculo.

Tomen asiento. Que la función, por patética, no será barata.

Antes la izquierda se moría por unas ideas; ahora se mata por no perder el escaño. La historia no rima: farfulla.

 

Contenido de Interés

Noticias Indignantes (INSTAGRAM)

El enfoque principal de esta Red Social es compartir contenido visual, como fotos y videos.

Nuestro colaborador difunde nuestras noticias en redes sociales. Tanto en Instagram, X, Facebook y Telegram.

Tal vez te gustaría leer esto