El entorno del presidente se desmorona mientras la vicepresidenta Yolanda Díaz exige un «cambio profundo» y la oposición habla de «fin de ciclo».
Una crisis múltiple que combina casos de corrupción, investigaciones sobre adjudicaciones irregulares, denuncias por acoso sexual y la caída en desgracia de sus colaboradores más cercanos está acorralando al gobierno de Pedro Sánchez en el cierre de 2025. La situación, definida desde dentro de Moncloa como «un desastre» y que ha llevado a la sensación de «tirar la toalla», amenaza con romper la cohesión de la coalición de gobierno y pone en entredicho la capacidad de control del presidente sobre su partido y el Ejecutivo.
La última semana ha sido especialmente dañina, con la detención de la exmilitante socialista Leire Díez y del expresidente de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), Vicente Fernández. Ambos casos forman parte de una investigación más amplia sobre presuntas irregularidades en la contratación pública y la adjudicación de fondos de rescate. A esto se suma un nuevo informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil sobre la trama de los hidrocarburos que señala supuestos intentos de «comprar la voluntad» de cargos públicos.
El núcleo duro en ruinas y la ola de acoso sexual
La crisis es profunda y alcanza al mismo núcleo histórico de confianza de Sánchez. De los 32 leales que lo acompañaron en su regreso a la secretaría general del PSOE en 2017, apenas tres permanecen en posiciones orgánicas de relevancia. Los demás han caído en medio del escándalo:
- José Luis Ábalos, exministro y exsecretario de Organización, se encuentra en prisión provisional junto a su exasesor, Koldo García, por el caso de las mascarillas.
- Santos Cerdán, su sucesor en Organización, dimitió en junio tras ser implicado en la misma red y pasó cinco meses en prisión preventiva.
- Francisco «Paco» Salazar, otro de los pilares iniciales, fue apartado en julio tras denuncias por acoso sexual por parte de trabajadoras de Moncloa. El manejo interno de estas denuncias, que según los informes se perdieron por un «error informático», ha sido duramente criticado.
Este último escándalo ha desatado un efecto dominó de dimisiones en las filas socialistas, con casos de presunto acoso o comportamiento machista que han forzado la salida de cargos en Valencia, Córdoba, Lugo y Valladolid. La vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, lo ha resumido con contundencia: «Es insoportable la corrupción, los puteros».
Respuestas y tensiones de coalición
Frente a esta tormenta, la respuesta de Pedro Sánchez ha sido de retraimiento público. Según informes, ha congelado su agenda y evitado el último pleno del Congreso del año, a la espera de nuevos informes judiciales. Su estrategia comunicativa ha oscilado entre minimizar los hechos –llegó a referirse a la trama que envuelve a sus exsecretarios de Organización como una «anécdota»– y asumir responsabilidades de manera tardía, como en el caso Salazar.
La coalición de gobierno muestra claras grietas. Díaz no se ha limitado a la crítica genérica, sino que ha exigido un «cambio profundo» en el Ejecutivo, una «auditoría inmediata y en profundidad» de la SEPI y un programa de regeneración democrática. Sin embargo, fuentes de Moncloa han descartado una remodelación, argumentando que ningún ministro en activo está implicado en los casos.
Desde el Partido Popular, su vicesecretaria, Cuca Gamarra, ha calificado a Sánchez de figura «tóxica» cuyo desgaste afecta a todos sus socios. La oposición señala la incongruencia de que Sánchez declare «desconocer personalmente» a Ábalos, quien fue pieza clave en su ascenso y con quien pasó «meses viajando mañana, tarde y noche». Feijóo, por su parte, ha exigido un pleno extraordinario para que el presidente dé explicaciones.
¿Fin de ciclo?
Los analistas y la prensa empiezan a hablar abiertamente de un «fin de ciclo». La sensación en el entorno de La Moncloa, según describe El Confidencial, es que «el rey va desnudo, pero nadie se lo dice». La interconexión de los casos –donde aparecen repetidamente nombres como Cerdán, Salazar, Díez y el entramado de la SEPI– sugiere que no se trata de hechos aislados, sino de una crisis sistémica que contamina al partido, al Gobierno y a instituciones públicas clave.
Sánchez, que llegó al poder en 2018 prometiendo una «regeneración democrática» tras el desgaste del PP por los casos de corrupción, se encuentra ahora en el ojo del huracán. Con el Congreso en parón navideño y la tensión interna en máximos, la capacidad del presidente para recuperar la iniciativa política y la confianza de sus socios se presenta como el principal desafío para la supervivencia de su gobierno en 2026. La presión judicial no cesa, y cada nuevo informe o detención amenaza con hacer añicos el frágil equilibrio que le mantiene en el poder.









