Basauri, 20 de noviembre de 1978: La mañana en que el fútbol se tiñó de luto

Nov 20, 2025

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Memoria Histórica, para que los asesinatos de ETA no caigan en el olvido

Hoy hace 47 años, una soleada mañana de noviembre en Basauri (Vizcaya) se convirtió en una de las páginas más trágicas de la historia reciente de España. El 20 de noviembre de 1978, minutos antes de las once de la mañana, el campo de deportes del cuartel de la Policía Nacional fue el escenario de un sangriento atentado perpetrado por un comando de la banda terrorista ETA que segó la vida de dos agentes, dejó heridos a otros dieciséis y traumatizó para siempre a decenas de familias.

El ataque: metralletas desde la autopista

El cuartel de Basauri era un pequeño microcosmos. Contaba con residencias para los agentes, talleres y, en la parte trasera, unas instalaciones deportivas que eran el lugar de esparcimiento para los policías. Los terroristas de ETA, tras realizar un minucioso trabajo de vigilancia previo, habían observado que los agentes solían practicar deporte en ese campo.

Aprovechando la posición elevada de la autopista Bilbao-Behobia, que dominaba el recinto, un comando de entre ocho y doce terroristas se acercó en tres vehículos robados, se detuvo en el arcén y, desde allí, abrió fuego de forma indiscriminada. En ese momento, 33 policías jugaban al fútbol, completamente desprevenidos y en un espacio abierto que les ofrecía cero protección.

La balacera no solo se cebó con los jugadores. Los terroristas también dispararon contra los centinelas que vigilaban las garitas del acceso antes de huir, sin que ninguno de ellos resultara alcanzado por los disparos de respuesta de los vigilantes.

Las víctimas: historias truncadas

El balance del ataque fue desgarrador: dos muertos y dieciséis policías heridos, a los que se sumó un joven que se encontraba en el exterior del cuartel y que también resultó herido por la lluvia de balas.

La tragedia tiene nombre y apellidos, e historias personales que la banda terrorista truncó para siempre:

  • José Benito Sánchez Sánchez, de 30 años, natural de Morille (Salamanca). Había ingresado en la Policía Nacional a los 26 años y acababa de ascender a cabo. Su vida estaba a punto de cambiar por completo, ya que estaba a punto de casarse; de hecho, la boda estaba programada para apenas 26 días después del atentado. Sus hermanas recuerdan que aquel día «nos cambió la vida a toda nuestra familia por completo».

  • Benjamín Sancho Legido, el otro agente que perdió la vida en el ataque era natural de Monreal de Ariza (Zaragoza), y había ingresado en la Policía en abril de 1973. Era monitor de gimnasia y pertenecía a la Compañía de la Reserva General con sede en Zaragoza, trasladada apenas siete días antes a Vizcaya para reforzar los dispositivos policiales de la provincia.

Además, otros 16 agentes resultaron heridos de diversa consideración, cuyas vidas y carreras quedaron marcadas por las secuelas físicas y psicológicas de la masacre.

La respuesta judicial: condenas, impunidad y un caso sin cerrar

La investigación y la posterior respuesta judicial dejaron un profundo sentimiento de impunidad, ya que los autores materiales del atentado –entre ocho y doce– nunca fueron juzgados. La justicia solo pudo actuar contra colaboradores y encubridores.

En 1980, la Audiencia Nacional condenó a dos individuos por su vinculación con los hechos:

  • Juan José Gaminde Aranguren: Fue sentenciado a dos penas de 6 años de prisión mayor en concepto de encubridor por haber refugiado a los terroristas.

  • José Manuel Legarreta-Echeverría Gamboa: Recibió dos penas de 12 años de reclusión menor como cómplice del atentado.

Las pesquisas policiales, sin embargo, lograron desarticular parte del entramado logístico. En diciembre de 1978, fue detenido José Antonio Torres Altonaga, alias «Medios», quien proporcionó a la policía las llaves de un piso en Munguía que servía como «zulo». En su interior se guardaba dinero de atracos, armas y, de manera crucial, las metralletas utilizadas en el atentado de Basauri.

Según sus declaraciones, uno de los autores materiales de los asesinatos fue Juan María Otegui Elicegui, alias «Txato». Sin embargo, Otegui nunca compareció ante un tribunal por este crimen. Murió víctima de un atentado de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) en agosto de 1985 en el País Vasco francés, lo que impidió que fuera juzgado y que las familias obtuvieran una respuesta completa ante la justicia.

La lucha por una memoria viva

Este sentimiento de una justicia incompleta es el que mantiene viva la lucha por la memoria. Las hermanas de José Benito Sánchez han sido portavoces de un dolor que no cesa. En 2022, con motivo de un aniversario, declaraban: «Pedimos justicia».

Aunque una de ellas, Misericordia, afirma haber logrado perdonar «porque si no sería incapaz de vivir», también reconoce que es algo que nunca se olvida. Como un homenaje permanente, el Ayuntamiento de su pueblo natal, Morille, le dedicó una calle con su nombre en 2012.

La memoria de aquel 20 de noviembre de 1978 en Basauri es un recordatorio de la crueldad del terrorismo y de la resiliencia de quienes lo sufrieron. Mientras sus familiares y compañeros sigan guardando el recuerdo y exigiendo verdad y justicia, la historia de José Benito Sánchez, Benjamín Sancho y los dieciséis heridos no caerá en el olvido.

 

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