Dos mineros mueren en un derrumbe en la mina de Vega de Rengos
Un desprendimiento de carbón en la profundidad de una mina asturiana marca otro día negro para una región que aún llora a sus anteriores víctimas.
El hecho: un derrumbe a 1,5 km de la entrada
El accidente se produjo en la tarde del viernes 21 de noviembre de 2025, poco antes de las cinco, en la mina de Vega de Rengos, en el concejo de Cangas del Narcea (Asturias). Un repentino desprendimiento de carbón atrapó a varios trabajadores en la planta dos de la explotación, a un kilómetro y medio de la entrada, entre los niveles -2 y -3.
La confusión inicial sobre el número de afectados se resolvió con el paso de las horas. Si bien en un primer momento se habló de tres trabajadores atrapados, el desenlace final confirmó la muerte de dos de ellos y la milagrosa supervivencia de un tercero que logró escapar por sus propios medios .
La respuesta de emergencia: una carrera contrarreloj
El Centro de Coordinación de Emergencias recibió la primera alerta a las 16:58 horas. Inmediatamente, se activó un dispositivo de rescate que movilizó a:
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Bomberos de Asturias con base en Cangas del Narcea.
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El Grupo de Rescate y un helicóptero medicalizado.
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Un helicóptero multifunción que trasladó a la Brigada de Salvamento Minero desde Hunosa, que llegó a la zona sobre las 18:18 horas.
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Efectivos de la Guardia Civil y del Servicio de Atención Médica Urgente (SAMU).
A estos equipos se sumaron de forma inmediata mineros de la explotación que estaban fuera de turno, una muestra de la solidaridad que caracteriza a las comunidades mineras en momentos críticos.
La mina y su contexto: una actividad bajo escrutinio
La explotación, gestionada por la empresa TYC Narcea, se dedica a la extracción de antracita, un carbón de alta calidad usado en procesos siderúrgicos. Esta mina no era ajena a la polémica, pues su actividad había sido paralizada provisionalmente por el Principado de Asturias el pasado 6 de abril.
La suspensión se decretó tras el grave accidente ocurrido el 31 de marzo en la mina de Cerredo (Degaña), donde cinco mineros perdieron la vida. Tras superar las inspecciones pertinentes, la Consejería de Industria dio el visto bueno el 5 de junio para que los aproximadamente 70 trabajadores pudieran reanudar su actividad.
Un golpe para Asturias: reacciones institucionales y dolor social
La noticia conmocionó a la comunidad autónoma y provocó una inmediata respuesta política:
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El presidente del Principado, Adrián Barbón, se encontraba en un acto en Salamanca y suspendió de inmediato su agenda para regresar a Asturias. A través de la red social X, expresó su «dolor y desesperación» y transmitió su pésame a las familias.
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La vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, mostró su preocupación en Bluesky, agradeciendo la rápida actuación de los equipos de emergencia.
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El presidente del PP de Asturias, Álvaro Queipo, también suspendió su agenda y se desplazó a la zona, lamentando profundamente lo sucedido.
El Real Oviedo, club de fútbol emblemático de la región, también quiso sumarse al duelo con un emotivo mensaje: «Asturias llora. Llora en negro carbón«.
Un telón de fondo preocupante: la crisis de los equipos de rescate
La tragedia pone de relieve una situación de extrema gravedad que afecta a la seguridad minera. Sorprendentemente, el accidente ocurre solo un día después de que la Brigada Central de Salvamento Minero –cuerpo con más de un siglo de historia– presentara su renuncia en bloque.
Los brigadistas denuncian:
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La acumulación de más de 9.000 horas extra sin pagar.
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Años de incumplimientos laborales y un abandono total por parte de la SEPI y la dirección de Hunosa.
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La falta de relevo generacional, que favorece el «desmantelamiento progresivo» del cuerpo.
A pesar de su crítica situación, la renuncia no es inmediata y el cuerpo sigue operativo, tal y como demostraron en esta emergencia.
En memoria de los que se quedan bajo tierra
Este nuevo accidente, el segundo en menos de un año, deja una herida profunda en Asturias y plantea preguntas urgentes sobre las condiciones de seguridad en un sector históricamente castigado. La muerte de dos trabajadores en una mina que había reabierto sus puertas tras una inspección, y la dramática situación de los equipos de rescate, obligan a una reflexión colectiva para que el precio del progreso no tenga que medirse nunca más en vidas humanas.
Queda pendiente la investigación que determine las causas exactas del derrumbe. Mientras, Asturias entierra a dos de los suyos y se aferra, una vez más, a su luto negro carbón.









