¿Acabado con ETA? Otra falacia que le sale a López entre espasmos de falsa autenticidad. No, Patxi: los asesinos quizá no maten hoy con pistola, pero los que les aplaudían, los que les financiaban, los que les justificaban siguen ahí. Siguen oprimiendo a los que no comulgan con su ideología, siguen amenazando, siguen colocando carteles de bienvenida a etarras convictos mientras tu partido mira hacia otro lado o, peor, depende de sus votos para sostenerse. Eso no es “haber acabado”. Eso es haber cambiado de estrategia: de la negociación vergonzante a la sumisión interesada.
Lo grotesco del espectáculo es que Patxi López se erija en adalid de la memoria democrática cuando en su discurso no cabe la dignidad de las víctimas, solo la bronca política de turno. Porque si de algo ha adolecido siempre su partido es de valor para mirar a los ojos a los que sufrieron el terrorismo sin filtros electorales. Se rasgan las vestiduras cuando la oposición nombra ETA, pero son incapaces de condenar sin matices que sus socios de gobierno tengan a etarras como próceres.
Así que ya vale, sí. Ya vale de esa “utilización de mierda”. Pero no la que Patxi critica en los demás, sino la suya propia. La de llorar con unos mientras te abrazas a los que aplauden el crimen. La de predicar convivencia desde la tribuna mientras llamas “mierda” al adversario. La de usar a las víctimas como decorado para tu propia catarsis.
Porque al final, Patxi, el único que perdió los papeles –y la poca autoridad moral que le quedaba– fuiste tú. Con tu tono macarra, tu falsa épica y ese vocabulario de callejón que no oculta, sino que delata: que cuando se habla de dignidad, hay algunos que tendrían que empezar por no confundir el escaño con un programa de telerrealidad. Eso sí: abracémonos, que ya pasó. Pero que no se te note demasiado.
Moraleja: Cuando la indignación se ensaya en el espejo pero no se aplica a los propios abrazos, el único “mierda” que flota en el hemiciclo es el de la coherencia. La memoria democrática no se blande con puñetazos en la mesa: se honra no dependiendo de quienes aún justifican el terror. Si de verdad “ya vale”, empiece por no votar con ellos.