El Asesino en Serie que Aterrorizó España
Manuel Delgado Villegas, conocido como ‘El Arropiero’, es una figura siniestra en la crónica negra de España. Un hombre que, con un característico bigote al estilo Cantinflas, confesó 48 asesinatos y sumió a la policía en una de las investigaciones criminales más extensas y perturbadoras del país. Su historia es la de un nómada impulsado por impulsos sexuales y una ira incontrolable, que finalmente fue detenido no por sus múltiples crímenes, sino por el asesinato de su propia novia.
Orígenes: una infancia marcada por la tragedia
La vida de Manuel Delgado Villegas comenzó con una pérdida. Nació en Sevilla el 25 de enero de 1943, y su madre falleció durante el parto. Criado inicialmente por su padre, José, un vendedor ambulante de arrope (un dulce de mosto y frutas que le daría su famoso apodo), Manuel tuvo una infancia marcada por los maltratos y el abandono. Tanto él como su hermana fueron enviados luego a vivir con su abuela en Mataró.
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Fracaso escolar: Asistió a la escuela, pero nunca aprendió a leer ni escribir, y sufría de tartamudez y dislexia, lo que aumentó su agresividad e introversión.
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Sexualidad y condición física: Desde su adolescencia, fue bisexual y se prostituía. Los informes médicos determinaron que padecía anaspermatismo (ausencia de eyaculación), una condición que le permitía mantener relaciones sexuales durante largos periodos y que, según los expertos, influyó en su comportamiento sexual compulsivo.
Legionario y vagabundo: el aprendizaje del crimen
En 1961, con 18 años, Delgado se alistó en la Legión Española. Aunque su paso por la milicia fue breve, aprendió técnicas de combate que después aplicaría en sus crímenes.
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El «golpe del legionario»: Una de sus señas de identidad criminal fue el «golpe del legionario» o «tragantón», un impacto seco con el canto de la mano en el cuello de la víctima, dirigido a la nuez, que provocaba la muerte por asfixia. Este método le permitía matar de forma silenciosa y, en algunos casos, hacer pasar el crimen por un accidente o muerte natural.
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Vida nómada: Tras desertar o ser dado de baja (existen versiones contradictorias), adoptó una vida errante. Recorrió España, Francia e Italia, sobreviviendo gracias a la mendicidad, el robo y la prostitución. Fue detenido en múltiples ocasiones bajo la Ley de Vagos y Maleantes, pero siempre logró eludir la cárcel al simular ataques epilépticos que lo llevaban a ingresos temporales en centros psiquiátricos.
Los crímenes: una estela de violencia y necrofilia
El primer asesinato confirmado de ‘El Arropiero’ ocurrió el 21 de enero de 1964 en la playa de Garraf, Barcelona. Su víctima fue Adolfo Folch Muntaner, un chef al que mató golpeándole la cabeza con una piedra para robarle la cartera y el reloj. A este crimen le seguirían otros, siempre caracterizados por su extrema violencia y la falta de premeditación.
La policía solo pudo probarle judicialmente siete homicidios, aunque él confesó 48 y las autoridades consideraron verosímiles 22.
Lo siguiente detalla los siete asesinatos confirmados:
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21/01/1964 – Adolfo Folch Muntaner (49 años): Playa de Garraf (Barcelona). Golpeado en la cabeza con una piedra durante un robo.
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20/06/1967 – Margaret Boudrie (21 años, estudiante francesa): Ibiza. Asfixiada con una almohada y apuñalada. Confesó haber violado el cadáver.
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20/07/1968 – Venancio Hernández Carrasco (71 años): Chinchón (Madrid)Asesinado con el «golpe del legionario» porque se sintió insultado cuando la víctima le dijo que «debía trabajar para comer».
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05/04/1969 – Ramón Estrada Saldrich (empresario): Barcelona. Golpeado y estrangulado tras una discusión por el precio de sus servicios sexuales.
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23/11/1969 – Anastasia Borrella Moreno (68 años): Mataró. Golpeada con un ladrillo en la cabeza por amenazarlo con llamar a la policía. Practicó necrofilia con el cadáver durante varios días.
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03/12/1970 – Francisco Marín Ramírez (28 años, electricista): El Puerto de Santa María (Cádiz). Estrangulado tras sentirse incómodo con sus insinuaciones sexuales.
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18/01/1971 – Antonia Rodríguez Relinque (38 años, «Toñi», su novia): El Puerto de Santa María (Cádiz). Estrangulada con sus propias mallas durante una discusión sexual. Volvió al lugar durante tres días para practicar necrofilia.
La captura y la confesión
La detención de ‘El Arropiero’ llegó tras la desaparición de su novia, Antonia «Toñi» Rodríguez, una mujer con una discapacidad intelectual con la que mantenía una relación. Fue detenido para ser interrogado y, tras una coartada fallida (enseñó una entrada de cine pero no pudo describir la película al inspector Salvador Ortega), confesó el crimen con todo lujo de detalles.
Fue entonces cuando, para asombro de los investigadores, declaró: «Toñi no era mi única muerte» y procedió a confessar decenas de asesinatos. Su memoria prodigiosa para los detalles de sus crímenes, a pesar de su analfabetismo, convenció a la policía de que decía la verdad.
El perfil: ¿Nacido para matar?
Los exhaustivos exámenes psiquiátricos y médicos a los que fue sometido revelaron un cuadro clínico y psicológico complejo que fue esgrimido para declararlo inimputable.
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El «cromosoma del crimen»: Los análisis determinaron que era portador de una trisomía XYY, una anomalía genética que en aquella época se asociaba erróneamente con la agresividad y la criminalidad. Los estudios científicos posteriores han refutado esta teoría.
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Diagnóstico psiquiátrico: Los informes lo describieron como un «deficiente mental que rayaba en la oligofrenia» (un grado de discapacidad intelectual) y con una personalidad psicopática marcada por la ausencia de empatía, la impulsividad y una percepción distorsionada de la realidad.
Una condena atípica: el psiquiátrico en lugar de la cárcel
Manuel Delgado Villegas nunca llegó a ser juzgado por sus crímenes. Debido a su grave enajenación mental, la Audiencia Nacional archivó su causa en 1978 y ordenó su internamiento preventivo en el Psiquiátrico Penitenciario de Carabanchel.
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Récord de prisión preventiva: Permaneció seis años y medio detenido sin tener un abogado defensor, una situación excepcional en la historia judicial española.
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Excarcelación y muerte: Un cambio en el Código Penal propició su excarcelación en 1996. Fue trasladado a un psiquiátrico convencional en Santa Coloma de Gramanet y, más tarde, ingresó en el Hospital de Can Ruti en Badalona, donde falleció el 2 de febrero de 1998 a los 55 años, a causa de una enfermedad pulmonar relacionada con su adicción al tabaco.
‘El Arropiero’ sigue siendo, a día de hoy, un emblema de la psicopatía criminal en España. Su caso, una mezcla de crueldad, rareza médica y fallos del sistema, continúa fascinando y horrorizando por igual, planteando preguntas incómodas sobre los límites de la maldad humana y la justicia.









