La Vergüenza de Euskadi: La Korrika, un Escaparate Asesino y un Lehendakari que Mira Hacia Otro Lado

Mar 30, 2026

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La ignominia a las victimas de ETA llega a su fin

La 24ª edición de la Korrika ha llegado a su fin en Bilbao, pero lo que debería ser una mera celebración cultural en torno al euskera se ha convertido, una vez más, en la crónica de una indignación anunciada. Mientras las instituciones miran con complicidad o, en el mejor de los casos, con una pasividad cobarde, la fiesta ha servido como un vergonzoso escaparate de apoyo a los terroristas de ETA. La imagen de Euskadi en el mundo vuelve a ser mancillada, y el lehendakari, Imanol Pradales, lejos de plantar cara, ha optado por la táctica del avestruz: participar en el evento mientras su equipo tapaba con ikurriñas las fotografías de los asesinos para que no se vieran en la televisión .

Un desfile de impunidad y enaltecimiento

A lo largo de los 2.750 kilómetros de recorrido, no han sido pocas las «exhibiciones obscenas de apoyo a los terroristas» . El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) ha denunciado con contundencia que la Korrika se ha transformado en un «escaparate de legitimación del terrorismo», y la razón no les falta . No es una percepción, es una realidad grabada en vídeo y fotografía.

Hemos visto cómo exmiembros de ETA, como Balbino Sáenz, Mikel San Argimiro y Xabier Atristain, portaban el testigo de la carrera por la Parte Vieja de San Sebastián mientras a su alrededor se coreaban consignas como «¡Los presos vascos a casa!» . Hemos visto a un menor lucir la foto de Patxi Ruiz, condenado por asesinar al concejal de UPN Tomás Caballero . Hemos visto siluetas y carteles de asesinos múltiples como Francisco Javier García Gaztelu, alias ‘Txapote’, o de los miembros del comando que facilitaron el asesinato del juez José María Lidón, como Orkatz Gallastegi .

Esto no es libertad de expresión. Esto es ensuciar una causa noble como la defensa de una lengua para reivindicar a quienes sembraron el terror, asesinaron a concejales, jueces y funcionarios, y humillaron a una sociedad entera.

Pradales: Cómplice por acción y omisión

Y aquí es donde la figura del Lehendakari, Imanol Pradales, resulta sencillamente bochornosa. El presidente acudió a Bilbao a coger el testigo. Eso ya es de por sí un respaldo a una organización, AEK, que ha vetado a CCOO pero no tiene ningún problema en permitir este «escaparate obsceno» . Sin embargo, la actuación de su equipo es la guinda de un pastel de hipocresía.

Imágenes difundidas por varios medios muestran cómo los asesores de Pradales desplegaron grandes ikurriñas para tapar las fotos de los presos de ETA que viajaban en el «pelotón» de la carrera . Es decir, Pradales sabe que está mal, sabe que es una vergüenza, pero no tiene el valor de renunciar al evento ni de expulsar a los etarras del recorrido. Su solución no es digna, sino estética: «Que no se vea en la foto oficial». Es la táctica del que se tapa los ojos ante lo que no quiere ver, la cobardía institucional elevada a la máxima potencia.

Mientras la vicelehendakari Ibone Bengoetxea califica las imágenes de «hirientes» y anuncia reuniones para después , la realidad es que en el presente no pasa nada. Los terroristas desfilan, las víctimas (como la Fundación Fernando Buesa) denuncian el «silencio e inacción de las instituciones públicas» , y el PNV aplaude o mira hacia otro lado.

El «silencio cómplice» de la izquierda

No podemos dejar de señalar a la izquierda abertzale, representada por EH Bildu, que aplaude estas dinámicas porque son el caldo de cultivo de su relato. Pero la crítica más dura debe caer sobre aquellos que, sin compartir el fin, permiten el medio. Los socialistas vascos (PSE-EE), aunque en esta ocasión no acudieron por el veto a CCOO, han sido señalados por permitir en el pasado esta misma dinámica . Sin embargo, la mayor responsabilidad recae en el PNV y en un Lehendakari que tiene la obligación de representar a todos los vascos, especialmente a aquellos que sufrieron el dolor del terrorismo.

La Korrika ha demostrado que, en el País Vasco, el mundo de lo políticamente correcto sigue permitiendo que se baile al son de los asesinos con tal de no romper la «falsa paz» de los acuerdos de gobierno.

El fin no justifica los medios

Defender el euskera es legítimo y necesario. Pero convertir esa defensa en un pasacalles para pedir la amnistía de etarras es una inmundicia moral. Que el Lehendakari Imanol Pradales participe en ese circo, y que sus escoltas tengan que usar banderas para tapar a los terroristas para no manchar su imagen, es el retrato más fiel de la vergüenza política de Euskadi.

No se puede construir un país en paz mientras se rinde pleitesía a los verdugos. Y mientras Pradales siga corriendo con ellos (literalmente), Euskadi seguirá arrastrando la losa de no haber cerrado nunca de verdad las heridas del terrorismo.

 

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