Indemnización para etarras: Sánchez ya tiene su bozal de paja, y el PSOE su lápida moral

Abr 9, 2026

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Ley de Memoria Democrática para los asesinos de ETA

No hay excusa. No hay «complejidad». No hay «malentendido». Lo que ha pasado esta semana en la Comisión Constitucional es una puñalada directa a la dignidad de las víctimas del terrorismo, y el único nombre propio que aparece en la hoja de ruta es el de Pedro Sánchez. El resto son comparsas, aduladores o directa y llanamente secuaces de un hombre que ha decidido que para seguir en la poltrona no hay línea roja que no cruzar. Ni siquiera la de pagar con dinero público a los asesinos de ETA.

Porque de eso va la nueva Ley de Memoria Democrática que Bildu ha tenido que «salvar» (léase: imponer). Gracias a los 19 votos del PSOE, Podemos, PNV y la propia Bildu, el texto final reconoce a los etarras como «víctimas indemnizables por su lucha por la consolidación de los valores democráticos». No es una errata, no es un titular malintencionado. Es la letra pequeña de una ley que el Gobierno de Sánchez ha bendecido con la sonrisa de quien acaba de firmar su propia sentencia moral.

Sánchez, el «salvador» que arrodilla a España ante los terroristas

Pedro Sánchez ha pasado a la historia. No por ser el presidente que más duró, ni por sus gestas europeas, sino por ser el mandatario que legalizó el relato etarra en el Congreso. El mismo que llegó a La Moncloa prometiendo «más Estado» y «mano dura con el separatismo», ahora es el padrino político de una ley que equipara al guardia civil asesinado con el cobarde que le pegó un tiro en la nuca.

¿Que los etarras mataron a más de 800 personas? Da igual. ¿Que siguen teniendo 300 crímenes sin resolver? Qué más da. Lo importante es que Sánchez necesita los votos de Otegi para seguir durmiendo en La Moncloa. Y Otegi, que no es tonto, ha puesto el precio: la memoria de los terroristas debe ser reparada. Y Sánchez, con la docilidad de un perro faldero, ha asumido el encargo.

La portavoz de Bildu, Bel Pozueta, lo dejó claro sin rubor: «Nuestras enmiendas han mejorado el texto». Y no le falta razón. Porque sin Bildu, esta ley no salía ni de broma. Sánchez podrá hacer el ridículo diciendo que «se han matizado los términos», que «no habrá consecuencias penales», que «es solo una comisión técnica». Mentira. Es una comisión para buscar cómo pagarles. Y usted, señor Sánchez, lo sabe.

La comisión de los «historiadores de pega»: el parche para justificar lo injustificable

Pero no se preocupen, que el «genio» de Ferraz ya ha encontrado la manera de lavarse las manos. Van a crear una comisión de «expertos» e «historiadores» para que, en el plazo de un año, decidan cómo indemnizar a esos pobres etarras que «lucharon por la democracia». ¿A quién van a poner? ¿A los mismos que firman artículos en eldiario.es llamando «presos políticos» a los terroristas? ¿A los catedráticos que justifican el tiro en la nuca como «contexto histórico»?

Sánchez sabe perfectamente que esa comisión va a dictaminar lo que Bildu quiere. Y cuando eso ocurra, el presidente saldrá con su mejor traje de impoluto hipócrita a decir: «Nosotros solo acatamos el informe técnico». El problema es que la técnica, en este caso, tiene boina y kilómetros de cinismo.

Y mientras tanto, ¿qué pasa con las víctimas de verdad? Esas que aún se acercan a la puerta del sol llorando por un padre, un hermano o un amigo? Esas molestan. Son incómodas para el relato. Porque ellas no perdonan, no olvidan y, sobre todo, no votan a Sánchez. En cambio, los herederos de ETA… esos sí tienen escaños que prestar.

La «miserabilidad» no tiene límites: Sánchez, el presidente más ruin de la democracia

Ya lo escribí antes, pero conviene repetirlo: tan culpable es Sánchez como las personas que le votan. Porque no hay engaño posible. Cualquier ciudadano con dos dedos de frente sabe que cuando pactas con Bildu, pactas con el brazo político del asesinato. Y si aún así le das tu voto, eres cómplice. No hay término medio.

Pero la culpa máxima es de este presidente miserable, que ha convertido el dolor de los españoles en una moneda de cambio. Sánchez ha demostrado que no le importa reabrir heridas, que no le importa insultar la memoria de los inocentes, que no le importa absolutamente nada mientras el teléfono de Otegi siga sonando para darle los apoyos necesarios.

¿Qué sigue ahora? ¿Una medalla al mérito civil para los de Grapo? ¿Un museo de la «lucha antifranquista» con las pistolas de los comandos? Con Sánchez, todo es posible. Porque este hombre ha pasado de ser el «presidente de la esperanza» a ser el presidente que ha puesto precio a la sangre de los españoles.

Y lo peor de todo: lo ha hecho con una sonrisa. Con su eterna pose de estadista. Mientras firmaba la orden para que los etarras cobren una indemnización, seguro que pensaba: «Total, que les den por culo a los muertos. Yo sigo aquí cuatro años más».

Así que ya saben. La próxima vez que alguien les hable de «Memoria Democrática», escupan al suelo. Porque la única memoria que importa a este Gobierno es la de los que empuñaron la metralleta. La de los que lloraron en silencio, esos… esos que se vayan a la mierda.

Felicidades, Sánchez. Ha logrado lo imposible: que hasta Txapote parezca un demócrata ejemplar a su lado.

 

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