Que la justicia investigue… nosotros ya tenemos el sumario, la sentencia y el tuit
Sí, sí, la justicia sigue investigando. Qué bonito. Qué emocionante. Pero no nos engañemos: eso es para ingenuos, para esos pobres espíritus que aún creen que un juez puede más que un aforado. Aquí, en el periodismo de la verdad absoluta (y del máximo desdén), nosotros ya tenemos suficientes elementos para afirmar, sin complejos y sin necesidad de esperar a nadie, que el PSOE actuó como una mafia. Una mafia de manual: extorsión, chantaje, matonismo político y, como guinda, un organigrama digno de la Cosa Nostra.
Aniquilar el Estado de Derecho, misión cumplida (y con buena voluntad)
El objetivo, según parece, era nada menos que impedir el correcto funcionamiento del Estado de Derecho. ¿El método? Aniquilar personal y profesionalmente a jueces, fiscales, UCO, UDEF, periodistas y a cualquier ser vivo que osara investigar la corrupción socialista o la familia de Pedro Sánchez. Una inquietante exhibición de matonismo político que, si no fuera tan patética, daría miedo. Porque lo realmente cínico no es que exista una cloaca. Lo realmente cínico es que todos lo sabían, todos miraban para otro lado, y ahora todos ponen cara de sorpresa. Óscar merecido.
Sánchez no está imputado, pero Leire Díez lo llama «ONE». Y eso, amigos, es un Oscar
Pedro Sánchez no aparece, por el momento, entre los imputados. Y que eso no les lleve a error. Porque todos sabemos —todos, hasta el gato de la Moncloa— que una trama criminal de esta envergadura no se diseña al margen del líder. Sería ridículo. El objetivo era blindar al presidente, a su mujer, a su hermano, a su cuñado y al partido entero. Las huellas de Sánchez no están en la escena del crimen, claro. El capo nunca se mancha. Pero hete aquí lo que ningún juez podrá borrar: Leire Díez, esa leal soldado de Santos Cerdán, tuvo la delicadeza de citar a Sánchez como «ONE». Así, en mayúsculas. No «el jefe», no «el presidente», no «el compañero». «ONE». El número uno. El capo. El que mueve los hilos desde la sombra sin mancharse las manos. ¿Pruebas? No. ¿Grabaciones? Tampoco. Pero la palabra «ONE», querido lector, pesa más que un sumario entero. O al menos eso nos han contado.
A partir de ahora, Sánchez es «ONE» para todos: el Supremo debería llamarlo a declarar con ese nombre
A partir de este instante, la figura de Pedro Sánchez concentra todas las sospechas. Y ya no es «el presidente», es «ONE». Y lo lógico, lo natural, lo que haría cualquier democracia que no fuera un sainete, sería que el Tribunal Supremo abriera una investigación para determinar si el presidente impulsó, consintió o simplemente olió todo este tinglado. Porque claro, si te llaman «ONE» y no dices nada, o eres sordo o eres cómplice. El caso debería subir al Supremo. Sería un salto cualitativo de enorme trascendencia. O no. Porque da la casualidad de que el Supremo también tiene sus ritmos, sus mayorías y su propia forma de entender la «trascendencia». Pero al menos nos dejarían el chiste de llamarle «ONE» en sede judicial.
Lo más cínico de todo: que a nadie le importa que Sánchez sea «ONE»
Pero aquí viene el verdadero cinismo, el que escuece de verdad: esto no importa. Ni a los votantes, ni a los medios, ni a la mayoría de la clase política. Porque el caso Cloacas será noticia tres días, luego llegará una catástrofe natural, luego una declaración de Feijóo, y todo quedará enterrado en el cajón de «escándalos que no llevaron a ningún lado». Mientras tanto, «ONE» seguirá sonriendo en Bruselas, el PSOE seguirá gobernando, y los mismos que hoy gritan «mafia» mañana le pedirán un favor al número uno. Porque esto es España: un país donde la indignación dura lo que un café, y donde llamar «ONE» a un presidente es una anécdota, no una prueba.
O el Supremo cita a «ONE», o esto es una comedia. Y aunque lo cite, probablemente también lo sea
Así que ya saben. Pueden esperar sentados a que el Tribunal Supremo se digne investigar a un presidente aforado al que sus propios colaboradores llaman «ONE». Pueden soñar con que algún juez valiente le pregunte: «Señor Sánchez, ¿por qué le dicen ONE?». Pero si algo nos ha enseñado la experiencia —y el cinismo, sobre todo el cinismo— es que los capos nunca caen. Y si caen, es cuando ya no gobiernan. O cuando han muerto. O cuando el país ha pasado página y nadie se acuerda de la cloaca porque hay una cloaca nueva, más apestosa y con un «ONE» diferente. Bienvenidos a la política española. Si esperaban justicia, se equivocaron de asiento. Esta sala es la del esperpento. Y el número uno sigue en el escenario.
Próximo titular: «ONE, dos, tres… responda otra vez». Suscripciones: un pacto de silencio (o 20.000 euros al mes).








