El mayor mentiroso y la mayor posturera del reino lo vuelven a hacer

Abr 6, 2026

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“Vísteme despacio que tengo prisa por mentir”: La nueva estrategia de comunicación oficial de este gobierno

Si el lector tiene la sensación de estar asistiendo a una competición de autoengaño institucional, no se preocupe: no es cosa de su percepción, sino del espectáculo que cada fin de mes montan nuestros gobernantes. Ayer, lunes, se publicaron los datos de paro y afiliación de marzo. Y como es tradición en la política española del siglo XXI, el Gobierno no ha presentado cifras: ha ofrecido un show de propaganda cínica, descarada y, por qué no decirlo, divertidísima.

Pedro Sánchez y su vídeo bolivariano con camiseta de fútbol

El primero en saltar al ruedo ha sido Pedro Sánchez con cara de pánfilo demacrado, ese fenómeno de la comunicación política que ya no sabe gobernar si no es con un móvil en la mano y un filtro de vídeo vertical. En su última ocurrencia, aparece con la camiseta de la selección española de fútbol –porque nada dice “rigor económico” como un uniforme deportivo–, en un formato que los más jóvenes llaman

bolivariano y los menos jóvenes, simple y llanamente, caudillista de salón. Con la solemnidad de quien anuncia una remontada en el minuto 93, Sánchez nos informa de que la economía va viento en popa. Lo que no menciona, claro está, es el incremento de las solicitudes de paro. Tampoco habla del maquillaje estadístico de las cifras oficiales, ni de esos cientos de miles de empleos que son, como suele decirse, “pan para hoy y hambre para mañana”. Pero oiga, que lleva la rojigualda en la pechera. ¿Qué más pruebas necesita, ciudadano desconfiado?

Yolanda Díaz: la contraprogramadora que quiere su trofeo

Pero el espectáculo no termina ahí. Porque si Sánchez es el mago, Yolanda Díaz se ha erigido en la contraprogramadora oficial. La ministra de Trabajo, consciente de que el protagonismo es un bien escaso en este Gobierno de egos enfrentados, ha soltado su propio vídeo. En él, Díaz presume de que “por primera vez, España supera la barrera de los 22 millones de afiliados”. Y añade: “la afiliación crece en 211.510 personas”. Y remata: “este mes de marzo hemos tenido el paro más bajo desde 2008, hace 18 años”.

Pero el espectáculo no termina ahí. Porque si Sánchez es el mago, Yolanda Díaz se ha erigido en la contraprogramadora oficial. La ministra de Trabajo, consciente de que el protagonismo es un bien escaso en este Gobierno de egos enfrentados, ha soltado su propio vídeo. En él, Díaz presume de que “por primera vez, España supera la barrera de los 22 millones de afiliados”. Y añade: “la afiliación crece en 211.510 

personas”. Y remata: “este mes de marzo hemos tenido el paro más bajo desde 2008, hace 18 años”.

La trampa de la ministra: parcialidad y precariedad como empleo de masas

Suena bien, ¿verdad? Pues claro que suena bien. Lo malo es que en el discurso de Díaz también hay trampa. Porque mientras ella atribuye cualquier mejora –real o ficticia– a sus iniciativas normativas (esa reforma laboral que, según sus propias palabras, es la madre del cordero), se olvida de mencionar que la temporalidad se ha desplazado a la parcialidad no deseada, que muchos de esos afiliados lo están a jornadas ridículas, y que la precariedad sigue siendo el verdadero empleo de masas en este país. Pero la vicepresidenta no está para sutilezas: ella quiere su parte del pastel mediático, aunque para ello tenga que competir con su propio presidente en el arte de vender la moto.

Los problemas estructurales que ninguno quiere nombrar

El problema, más allá de las disputas internas por ver quién posa mejor con la estadística en la mano, es que ambos actores principales de este sainete obvian los problemas estructurales. La economía española sigue anclada en un modelo de bajo valor añadido, con una productividad que no despega, una deuda pública que nos hipoteca el futuro, y un mercado laboral que depende en exceso de los ciclos turísticos y de los fondos europeos que, por cierto, nadie sabe muy bien si se están gastando con criterio. Pero de eso, ni una palabra. ¿Para qué? Si total, con un vídeo en redes sociales, un par de titulares y la complicidad de una prensa que aplaude con las orejas, ya tienen medio camino recorrido.

La ciudadanía tratada como niños: la cifra que brilla y la que duele

Lo más cruel de todo es que Sánchez y Díaz tratan al ciudadano como a un niño pequeño: le enseñan la cifra que brilla y esconden la que duele. Le hablan de “máximos históricos de afiliación” pero le callan que el poder adquisitivo sigue estancado. Le venden un marzo de 2008 como paraíso perdido, pero omiten que aquel año estábamos al borde del abismo. Así que, mientras los dos se disputan la patente del optimismo impostado, la realidad sigue ahí fuera: gente que busca trabajo y no encuentra, jóvenes que se marchan, jubilaciones precarias y un futuro que, visto lo visto, da más miedo que los datos de paro.

La función continúa, y nosotros aplaudiendo

En resumen: que el Gobierno ha vuelto a hacer de las cifras un decorado. Sánchez y Díaz, cada cual a su manera, nos ofrecen un ejercicio de cinismo de manual. El único problema es que, de tanto aplaudirnos a nosotros mismos, se nos va a olvidar que la economía no es un vídeo de TikTok, sino la vida de millones de personas. Pero bueno, mientras la camiseta de la selección y los eslóganes de ministerio sigan funcionando, ¿a quién le importa lo demás? Siga, siga, que la función no ha hecho más que empezar.

“Cuando el gobernante se viste de futbolista y la ministra de estadística de feria, el pueblo debería sospechar que el partido no se juega en el campo, sino en el truco. Sánchez alza la camiseta como si ella creara empleo, y Díaz agita sus cifras como quien agita un talismán; pero uno oculta el paro que crece bajo su propia sombra, y la otra disfraza la precariedad de logro histórico. Así compiten por ver quién miente con más gracia, mientras la realidad, que no tiene vídeos ni eslóganes, sigue esperando en la puerta de las oficinas de desempleo. Y el país, entre aplauso y aplauso, olvida que de tanto celebrar espejismos, termina por tener sed en medio de la lluvia. Porque no hay camiseta que vista al hambre, ni reforma laboral que convierta un contrato de cuatro horas en dignidad. Dos mercaderes de la misma feria, pues, venden humo de distinto color; y el público, tosiendo, aún discute cuál de los dos humos es más azul.

 

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