El carrito del helado del expresidente
Resulta que a Rodriguez Zapatero, sí, aquel de “La tierra no pertenece a nadie, salvo al viento” o mejor dicho “El dinero no pertenece a nadie, salvo a mi”, le han pillado con el carrito del helao. Y no con las manos en la masa, que sería casi poético, sino con joyas de un sultan: tráfico de influencias y otros delitos conexos en una investigación sobre el presunto lavado de dinero opaco, que parece un laberinto de espejos donde al final siempre se refleja el mismo.
La cara de bobo y la gran cloaca socialista
El cara de bobo, ese que repartía moralidad mientras hablaba del esfuerzo y la honradez, ha resultado ser más ruin que su propio tocayo de partido, ese que, según se susurra en los pasillos del poder, maneja a su antojo la gran cloaca socialista. Porque si aquel maneja el fango desde la sombra, Zapatero lo ha hecho desde la luz del sol, con una cara y la complicidad de quienes nunca quisieron mirar demasiado de cerca la procedencia de su fortuna.
La burla a los españoles que madrugan
Ya está bien. Ya está bien de que estos sinvergüenzas roben a los españoles—los que corren, los que trabajan, los que madrugan para pagar impuestos mientras sus hijos sueñan con una vida mejor que nunca podrán permitirse— y encima se rían de ellos. Porque lo peor no es el dinero sustraído, sino la burla: la risa floja de Zapatero mientras ponía el cartel de «Merecemos una España mejor» sobre una España que arruinó.
Contra el sistema, no solo contra el hombre
La crítica, queridos lectores, no es a un hombre ni a un partido. La crítica es a un sistema que ha permitido que este sinvergüenza y el despacho oficial compartan el mismo manual de instrucciones: robar, ocultar, desviar, sonreír. Y que nosotros, los españoles, sigamos votando a estos personajes sin dignidad y miserables.
La justicia amarga y la risa que duele
Porque al final, la justicia siempre es amarga. Y la risa de los sinvergüenzas, el eco que más duele.








