La parida de la portavoz del PSOE, Montse Mínguez, No, no somos corruptos, solo somos «linchados» (y pide tranquilidad)
No, no, por favor, que nadie se precipite. Que el PSOE no es que sea corrupto. O sea, igual sí, pero piden «tranquilidad». La portavoz, Montse Mínguez, ha salido al paso con la entereza de quien sabe que en su mundo paralelo las pruebas no son pruebas, los jueces son de derechas (todos, absolutamente todos) y el «linchamiento» es la nueva caza de brujas. Porque resulta que las noticias sobre presunta corrupción, los papeles que salen, los contratos bajo sospecha y los aforados que se agarran al escaño como una lapa a su roca no son más que un complot de la derecha.
La derecha controla los juzgados… aunque Sánchez controla toda la toga del país
Qué casualidad: cada vez que el PSOE respira, aparece un caso nuevo. Y siempre, siempre, es culpa de los mismos. Esa derecha que, según el relato socialista, controla hasta el último juzgado de este país. Qué curioso: con Sánchez teniendo agarrado el Consejo General del Poder Judicial por el cuello —gracias al bloqueo que le conviene—, con la Fiscalía General del Estado convertida en una extensión de Ferraz, y con el Tribunal Constitucional funcionando como salvavidas legislativo del Gobierno, aún hay quien se atreve a decir que los jueces son todos de derechas. Lo mismito que aquel que pierde en el Monopoly y acusa al dado de ser facha.
Caso Koldo: las mascarillas que olían a comisión
¿Recuerdan a Koldo? Ese señor que era asesor y hombre de confianza de José Luis Ábalos, exministro de Transportes y todavía diputado (milagrosamente aforado, claro). Resulta que, presuntamente, se montó una trama de mordidas en la compra de mascarillas durante la pandemia. Sobresueldos, comisiones opacas y un rosario de empresarios amigos. La respuesta del PSOE: «Son casos personales». Como si Koldo hubiera entrado en el ministerio con su propio pie y Ábalos no supiera ni cómo se escribía su nombre.
Caso Mediador: cuando la corrupción se hizo «servicio integral»
Aquél diputado socialista que presuntamente gestionaba favores sexuales a cambio de prebendas y contratos públicos. No, no es un guion de una serie de Netflix. Es la vida real. El protagonista, Juan Bernardo Fuentes Curbelo, alias «el Tito Berni», hoy imputado y fuera del partido —pero solo cuando el escándalo ya era insostenible—. La dirección del PSOE tardó en reaccionar lo justo para que no salpicara demasiado arriba. «Cosas de individuos aislados», dijeron. Qué generosa la naturaleza, que pone a los corruptos socialistas siempre aislados como si estuvieran en una isla desierta.
Caso Cerdán: el número tres al que no le preguntan ni la hora
Santos Cerdán, número tres del PSOE y hombre de máxima confianza de Sánchez, apareció en los famosos «papeles de la discordia» vinculado presuntamente a una trama de cohecho, organización criminal y tráfico de influencias. Un entramado que el partido lo nego. La respuesta: «Es una campaña de acoso». Nadie pidió perdón. Solo hubo un silencio sepulcral roto por algún tuit contra la «derecha mediática».
Caso Plus Ultra: 53 millones que volaron (pero no volvieron)
Una aerolínea que recibió un rescate millonario —53 millones de euros— por parte del Gobierno de Sánchez, con avales públicos que desaparecieron como por arte de magia. La empresa, vinculada a personajes cercanos al poder, no ha devuelto ni un euro. Mientras tanto, el presidente de Plus Ultra se codeaba con ministros y asesores en fotos que hoy son piezas de museo de la desvergüenza. El PSOE lo justificó como «salvar una empresa estratégica». Lo estratégico, al parecer, era salvar a los amigos.
El hermano y la mujer de Sánchez imputados: el «pack familiar»
Qué bonito. El presidente del Gobierno tiene a su hermano David Sánchez Pérez-Castejón imputado por un juzgado de Badajoz por presuntos delitos de intrusismo laboral, tráfico de influencias y malversación. ¿El motivo? Un puesto de «coordinador del Conservatorio» que se creó a su medida, sin oposición y con un sueldo sospechosamente jugoso. Y por si fuera poco, su esposa, Begoña Gómez, también ha sido imputada en otro procedimiento por presuntos delitos de corrupción en los negocios y tráfico de influencias. ¿La reacción del PSOE? «Lawfare otra vez», «jueces politizados», «la derecha desesperada». Porque claro, que la mujer del presidente y su hermano estén bajo investigación es solo una coincidencia. Otra más. El universo, qué malo, se empeña en poner a los Sánchez en el ojo del huracán.
Lo último: la Policía registra Ferraz por la financiación de las cloacas socialistas lideradas por la fontanera Leire Díez (y piden calma)
Aquí ya rozamos la parodia. La Policía entrando en la sede del Partido Socialista, requiriendo ordenadores, discos duros y documentos. Una investigación por la financiación de las cloacas socialistas lideradas por la fontanera Leire Díez. ¿La reacción? La misma de siempre: «Linchamiento». «Campaña de desprestigio». Y por supuesto, la portavoz pidiendo «tranquilidad». Tranquilidad mientras la UCO revisa los servidores de Ferraz. Tranquilidad mientras los registros judiciales se suceden como episodios de una serie de la que ya no recuerdas ni el nombre de los protagonistas.
«Aquí no destruimos pruebas» (otro titular para la historia)
Mínguez, con esa capacidad de mirar a la cámara y decir «los socialistas somos distintos», reclama «tranquilidad». Y colaboración, claro. «Aquí no existe destrucción de pruebas», asegura. Pues menos mal, porque si existiera, igual ya se habría destruido todo menos el eslogan del partido. Qué generosa es la portavoz al afirmar que «toda la información requerida será trasladada». Como si no fuera una obligación y como si el historial del partido en eso de trasladar papeles a tiempo no estuviera manchado por fundaciones disueltas, aforados huidos y móviles que se «pierden».
«No pararán, pero no nos doblegarán»: el nuevo lema para el mármol
Pero lo más jugoso es el lamento: una «campaña de desprestigio y linchamiento» política y mediática. Es el clásico: si la prensa investiga, es por «hacer de un titular una gran noticia». Si un juez admite a trámite una denuncia, es «lawfare». Si la UCO presenta un informe, es porque «hay filtraciones interesadas». El problema, para ellos, no es el fondo del asunto, sino la osadía de airearlo. «No pararán», dice la portavoz, refiriéndose a los malvados que señalan con el dedo. Pero añade: «A los socialistas tampoco nos doblegarán». Y uno piensa: con razón. ¿Cómo te van a doblegar si directamente no vives en el mismo país que el resto de los mortales?
La derecha, esa maga que saca casos de debajo de las piedras (sin pruebas, claro)
Porque la derecha, esa comodín universal de los socialistas, ahora resulta que «saca casos de debajo de las piedras». Qué habilidad, ¿verdad? Poder fabricar un registro en Ferraz, una imputación a la esposa del presidente, otra a su hermano, un caso de mascarillas, otro de aviones, otro de sobresueldos y otro de favores sexuales… todo sin pruebas. De verdad que la derecha española es la organización más creativa y eficiente del mundo: capaz de convencer a jueces, fiscales, policías y periodistas para que persigan a unos pobres socialitas que solo quieren «transformar el país». Menudo poder tienen, ojalá lo emplearan para arreglar los atascos.
El universo paralelo socialista: donde la corrupción no existe hasta que hay sentencia (y luego se recurre)
Ese universo paralelo tiene sus propias leyes. Allí, la corrupción es solo un rumor si no hay sentencia firme (y mientras se retrasa la sentencia, ya se sabe, el árbol que cae hace ruido pero nadie lo oye si no molesta). Allí, los casos Koldo, Mediador, Cerdán, Plus Ultra, los familiares del presidente y el registro de Ferraz son «cortinas de humo» o «gotas en un océano de derechización mediática». Allí, ser el partido que más condenados por corrupción ha tenido en la historia reciente de España es un detalle menor, una anécdota que la derecha utiliza para «linchar» y no para informar.
Lo lamentable: no los casos, sino la incapacidad de mirarse al espejo
Lo lamentable no es que haya pruebas que apuntan a nuevas tramas. Eso ya empieza a ser, por desgracia, costumbre. Lo realmente lamentable es que la respuesta institucional sea pedir «tranquilidad» mientras se denuncia un inexistente «asalto judicial de la derecha» en un país donde el Gobierno controla los órganos clave del Poder Judicial. Lo lamentable es que los dirigentes y su militancia más fiel se miren al espejo y vean a unos mártires ejemplares, cuando la ciudadanía, cada vez más harta, ve a unos gestores de lo público que han convertido el escándalo en rutina.
El final del cuento (por ahora): tranquilidad, linchamiento y a correr
Así que ya saben: no hay corrupción, solo linchamiento. No hay pruebas, solo titulares. No hay imputaciones, solo lawfare. Y si todo esto les parece indignante, seguro que es porque usted también es de derechas. Tranquilos, no se preocupen. El PSOE lo resolverá. Como siempre: con una comisión de investigación que nunca llega, un aforado que dimite en el último momento, una portavoz pidiendo calma mientras el barco se hunde y un presidente mirando a otro lado porque él solo ve «campañas de acoso». Eso sí, sin doblegarse. Que es mucho más cómodo que asumir la realidad. Sobre todo cuando la realidad últimamente es que hasta tu sede central la tiene que registrar la Policía.
Consejo para Mínguez, tú necesitas más ayuda que Sánchez, date prisa y háztelo mirar no vaya a peor.








