Zapatero, el expresidente espantapájaros retorico del talante

May 22, 2026

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Para la memoria historica de los socialistas. El expresidente que quiso cerrar fosas con leyes de papel, abrazar a ETA sin guantes, firmar estatutos de chicle y liderar la Champions del paro, ahora imputado por corrupción: el cuento de nunca acabar.

El Mesías de la memoria (histórica, se entiende)

Corría el año 2007. José Luis Rodríguez Zapatero, líder supremo de la bondad progresista, decidió que España necesitaba curar las heridas del franquismo. Y como buen espantapájaros retórico, lo hizo a su manera: con una ley que parecía un brindis al sol y resultó ser un chicle mal masticado.

La Ley de Memoria Histórica (52/2007, para los que gusten del aburrimiento jurídico) fue el mayor logro de Zapatero en eso de quedar bien con todos sin mojarse con nadie. ¿Reconocía la ilegitimidad de los tribunales franquistas? Sí. ¿Los anulaba? No. ¿Facilitaba la apertura de fosas? En teoría. ¿Ponía dinero del Estado? Eso ya era mucho pedir.

Las asociaciones memorialistas, esas que llevan décadas desenterrando a los abuelos con sus propias manos y sus propias tarjetas de crédito, se quedaron con la miel en los labios. El Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas de la ONU mostró sus reservas. Pero Zapatero, fiel a su estilo, compareció, sonrió y dijo aquello de “la memoria es un asunto personal y familiar”.

Traducción: “Que se lo curren ustedes, que yo ya he quedado bien en la foto”.

Porque esa es la esencia del espantapájaros retórico: hacer mucho ruido con las palabras y muy poco con los hechos. La derecha lo acusó de reabrir heridas; la izquierda, de no abrirlas lo suficiente. Zapatero, en medio, contento: había cumplido con su manual de instrucciones. El manual titulado “Cómo parecer progresista sin arriesgar ni un euro del presupuesto”.

La «Champions League» de la economía: la frase que se convirtió en epitafio

Pero si hay un momento en el que el espantapájaros zapateril alcanzó la cumbre de la profecía invertida, ese fue septiembre de 2007.

Septiembre de 2007. España respiraba tranquila. El crédito fluía, las constructoras levantaban apartamentos en la costa a ritmo de récord, y los bancos repartían hipotecas como si el mañana no existiera. Zapatero, con su flequillo impecable y su sonrisa de anuncio de yogur, compareció ante los medios y soltó la perla que la historia recordaría con saña:

“España está en la Champions League de la economía mundial.”

La frase, pronunciada con la misma seguridad con la que un espantapájaros presume de vuelo, fue coreada por sus ministros y aplaudida por su séquito. ¿Cómo no iba a estarlo? El PIB crecía al 4%, el paro bajaba, y las agencias de rating ponían nota sobresaliente a la economía española.

El problema es que la Champions League tiene algo llamado “descenso”. Y España, liderada por el profeta del talante, estaba a punto de caer a Segunda División con estrépito.

Porque apenas unos meses después, en 2008, estalló la burbuja inmobiliaria. Lehman Brothers se hundió, el crédito se secó, y España, que según Zapatero jugaba en la Champions, descubrió que en realidad estaba en la Liga de los parados de honor.

Los datos son tozudos, como les gusta decir a los economistas que no se dejan embaucar por sonrisas:

  • Paro: Pasó del 8% en 2007 al 21% en 2011. Más de cinco millones de personas sin trabajo. Récord histórico. La Champions del paro, vaya.
  • Déficit público: Del superávit al 9,4% del PIB en solo tres años.
  • Rescate bancario: España tuvo que pedir un rescate de 41.000 millones de euros para salvar sus cajas de ahorro. La Champions League de la troika.

Zapatero, mientras tanto, seguía sonriendo. En 2008, ante el inicio de la crisis, dijo aquello de “la economía española es sólida como una roca”. La roca resultó ser de pizarra. En 2009, anunció el “Plan E” para estimular la economía. Funcionó para agujerear más el déficit. En 2010, aceptó a regañadientes una reforma laboral que él mismo había negado hasta el final. Y en 2011, cuando ya todo estaba ardiendo, convocó elecciones anticipadas y se fue a casa, dejando el cadáver económico en manos de Mariano Rajoy.

La frase de la Champions League se convirtió en el meme por excelencia de la crisis española. Cada vez que un político dice una boutade económica, alguien rescata el vídeo de Zapatero sonriendo y asegurando que España jugaba en la élite mundial mientras los desahucios crecían como setas.

El espantapájaros retórico, una vez más, había agitado una rama de olivo que resultó ser una rama seca y podrida. La economía se vino abajo, pero Zapatero ya estaba en otra cosa: dando conferencias por el mundo explicando cómo había gestionado la crisis con “talante”.

El pacificador que abrazó al lobo (y el lobo le mordió la yugular)

Pero si hay otro capítulo donde el espantapájaros zapateril alcanzó la categoría de parodia trágica, ese fue el “proceso de paz” con ETA.

En 2005, el presidente anunció al mundo que dialogaría con la banda terrorista. ¿Condiciones? Alguna, pero difusa. ¿Exigencia de disolución previa? No, eso era de fachas. ¿Presión policial máxima? Para nada, eso estropeaba el clima de “diálogo”.

Zapatero, con sus cejas al estilo Jack Nicholson en su papel en  “El resplandor” y su sonrisa de anuncio de yogur, decidió que podía abrazar al lobo y convertirlo en un corderito. Acercó presos a cárceles vascas, permitió que la izquierda radical vasca se reorganizara, regaló oxígeno político a los que habían matado durante décadas.

¿Y qué hizo ETA? Lo que hacen los lobos: morder. El 30 de diciembre de 2006, la bomba de la T-4 en Barajas mató a dos personas. Dos muertos. Dos vidas hechas pedazos por el mismo grupo al que Zapatero estaba mimando con concesiones.

¿Respuesta del espantapájaros? Compareció en rueda de prensa y dijo, con esa cara de funeral en cámara lenta: “El proceso de paz no se rompe, se suspende”.

Frase para la historia de la cursilería política. No se rompe, se suspende. Como si fuera una serie de Netflix. Como si los muertos no importaran.

El PP, entonces en la oposición, pedía firmeza. Las víctimas del terrorismo, escupían bilis. Zapatero, impasible, sonrió de nuevo y siguió hablando de “diálogo”. Porque el espantapájaros retórico no sabe hacer otra cosa: ofrece ramas de olivo podridas, se queda quieto mientras el monstruo ataca, y luego culpa al viento.

ETA no se disolvió hasta 2018, cuando gobernaba Rajoy. Rajoy, el mismo al que Zapatero llamaba “insensible”. Rajoy, que aplicó la política de firmeza policial y disolución judicial que el mesías del talante nunca tuvo valor para asumir.

Zapatero, mientras tanto, se fue a dar conferencias por el mundo explicando cómo había “derrotado a ETA con la razón”. El mismo hombre que perdió la partida más importante de su vida convertido en conferenciante estrella. El lobo, disuelto, pero por otros. El espantapájaros, todavía en pie, agitando la rama de olivo que ya no engaña a nadie.

El Estatut: cuando el chicle se pega en el zapato

Y mientras tanto, en Cataluña, Zapatero hacía de las suyas.

Decidió reformar el Estatuto de autonomía. ¿Objetivo? Contentar al nacionalismo moderado y demostrar que él era el presidente de la “España plural”. ¿Resultado? Un híbrido fallido, un Frankenstein autonómico, un chicle mal estirado que se rompió en las manos de quien lo masticó.

El texto final, aprobado en referéndum catalán en 2006, era una cosa rara: daba más poder fiscal, simbólico y judicial a la Generalitat, pero sin blindaje jurídico suficiente. Para los nacionalistas, era insuficiente. Para los constitucionalistas, era rupturista. Para Zapatero, era el gran acuerdo de su vida.

El Tribunal Constitucional, ese incómodo invitado a la fiesta, lo recortó en 2010. Tumbó la definición de Cataluña como “nación”, recortó el blindaje del catalán en la educación, dejó el texto hecho unos zorros.

¿Qué hizo el espantapájaros? Compareció y dijo: “Acatamos la sentencia, pero el Estatuto sigue vivo”.

Otra frase para la colección. El Estatuto seguía vivo, sí, pero como un zombie: cojo, descuartizado, incapaz de andar. El nacionalismo catalán, lejos de calmarse, montó en cólera. El constitucionalismo, indignado. Zapatero, en medio, feliz: había conseguido enfadar a todo el mundo por igual.

El procés de 2017 fue la consecuencia directa de aquella dejación de funciones. El independentismo, viendo que el Estado español era un espantapájaros que sonreía, decidió presionar más. Y cuando llegó el 1-O, con sus cargas policiales y sus urnas ilegales, muchos recordaron al hombre que sembró el viento con su Estatut de chicle.

Zapatero, por supuesto, no apareció. Estaba dando una conferencia en algún lugar remoto. El espantapájaros, plantado en medio del campo, observaba cómo se quemaban las cosechas sin mover un dedo.

La imputación de 2026: cuando la paja se convierte en oro (y en delito)

Pero si la memoria histórica de Zapatero necesitaba un colofón a la altura de su leyenda, la justicia se lo ha proporcionado en 2026.

El 19 de mayo de 2026, el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama imputó a José Luis Rodríguez Zapatero por tráfico de influencias, blanqueo de capitales, falsedad documental y pertenencia a organización criminal.

Sí, ha leído bien. El mismo hombre que decía ser el político sin mancha, el que señalaba con el dedo a la corrupción del PP, el que se presentaba como el mesías de la decencia, el que aseguraba que España jugaba en la Champions League mientras se preparaba el mayor desastre económico de la democracia, está imputado por corrupción. La primera vez en la historia de la democracia española que un expresidente se sienta en el banquillo de los acusados.

El caso se llama ‘Plus Ultra’ , como la aerolínea hispano-venezolana que recibió un rescate de 53 millones de euros del Gobierno de Pedro Sánchez en 2020. ¿El problema? Que esa aerolínea estaba vinculada a una red de empresas controladas por Julio Martínez, amigo íntimo de Zapatero. Y que el expresidente, según el auto judicial de 85 folios, habría actuado como «líder» de una «estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias» para canalizar comisiones ilegales a través de paraísos fiscales, operaciones con petróleo y compraventa de oro.

El juez Calama ordenó el registro del despacho de Zapatero y de tres empresas vinculadas a sus hijas. El espantapájaros, que durante años había agitado ramas de olivo, ahora agitaba un abogado penalista mientras los periodistas le acorralaban a la salida de los juzgados.

Las reacciones: un coro de hipócritas

La clase política española, fiel a su estilo, reaccionó con la vergüenza ajena que la caracteriza.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y actual discípulo aventajado del zapaterismo, mostró «todo» su «apoyo» a Zapatero. Invocó la presunción de inocencia (bien hecho) y descartó el adelanto electoral (claro, porque si adelanta elecciones pierde). Sánchez, que debe estar rezando para que el juez no mire debajo de su propia alfombra, se agarra al clavo ardiendo de Zapatero como un náufrago a un espantapájaros.

Pilar Alegría, secretaria general del PSOE Aragón, calificó la noticia como un «impacto difícil». Sí, impactante debe ser descubrir que tu jefe espiritual es, presuntamente, el cabecilla de una trama corrupta. Pero no se preocupen, enseguida recordó los logros de Zapatero: la retirada de Irak, el fin de ETA (el fin que él no logró, pero bueno), el matrimonio igualitario. Como si meter a los presos de ETA en cárceles vascas o firmar un estatuto fallido excusara un presunto pelotazo de 53 millones.

Gabriel Rufián (ERC), ese que nunca pierde la oportunidad de soltar una boutade, admitió haberse precipitado al defender a Zapatero sin leer el auto. «El auto es jodido» , dijo. Y añadió que lo había leído quince veces. Rufián, que durante años utilizó a Zapatero como punching ball del independentismo, ahora se ve en el brete de reconocer que quizá el espantapájaros no solo era débil, sino también corrupto.

Enrique Santiago (Sumar / IU), abogado de profesión y ministro de consumo en funciones de conciencia, pidió regular las actividades de los expresidentes: «Cobrar por gestiones políticas es delito» . Bravo, Enrique. ¿Y ahora lo descubres?

Alberto Núñez Feijóo (PP), líder de la oposición, calificó el día como «muy triste para la democracia española». Feijóo, cuyo partido tiene una hemeroteca que echa humo por la corrupción (Gürtel, Bárcenas, Púnica, Caja B, etc.), se frota las manos. Porque Zapatero imputado es el mejor regalo de Navidad adelantado para el PP. Finalmente, pueden decir: «Vosotros también» .

Vox, cómo no, pidió la retirada del pasaporte a Zapatero. Algo de razón tienen, la verdad: si el juez Calama cree que hay riesgo de fuga, que le quite el pasaporte. Pero siendo Zapatero, quizá lo que necesita es que le devuelvan el talante, no el pasaporte.

El espantapájaros, desnudo

Y así llegamos al final de la memoria historica.

El espantapájaros retórico que durante años asustó a los pájaros con su debilidad, su sonrisa de bobo y sus ramas de olivo podridas, ha resultado ser de carne y hueso. Y la carne, a veces, huele a corrupción.

La memoria histórica de Zapatero, esa que tanto gusta a los socialistas, queda ahora partida en dos:

  • Por un lado, las leyes simbólicas: matrimonio homosexual, ley de dependencia, retirada de Irak. Cosas que, bien mirado, no pagaba él.
  • Por otro lado, la gestión desastrosa de ETA, el Estatut fallido, la profecía de la Champions League que se convirtió en la Champions del paro, y ahora la imputación por corrupción. Cosas que, mal mirado, le salpican a él directamente.

El espantapájaros, plantado en medio del campo de batalla político, agitó durante años ramas de olivo que resultaron ser de cartón piedra. También agitó la bandera de la Champions League económica, que resultó ser de la Liga de los parados de honor.

Hoy, la tormenta ha llegado. Y lo ha derribado.

Pero no se preocupen: seguro que Zapatero ya está preparando su defensa. Dirá que es inocente. Dirá que es una conjura de la derecha. Dirá que él solo quería dialogar. Y es posible que hasta se lo crea.

Porque esa es la grandeza del espantapájaros retórico: ni siquiera sabe que es de paja.

Nota del autor: *Este artículo esta basado en hechos reales. La imputación de Zapatero es un hecho judicial en curso; este medio respeta la presunción de inocencia, pero no la cursilería. La frase de la «Champions League de la economía» fue pronunciada por Zapatero en septiembre de 2007 y es un hecho contrastado. La crisis económica española posterior (2008-2011) y sus datos (paro del 21%, rescate bancario, déficit del 9,4%) son de dominio público. El análisis sobre ETA, el Estatuto catalán y la Ley de Memoria Histórica se basa en documentación oficial y hechos contrastados. No es una sentencia. Que el lector juzgue si no ha sido el peor presidente de la democracia después de Pedro Sánchez.*

 

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