Más honra merece el perro que lame su propia mierda que el político que financia una exposición para llamar extremista a quien le señala su corrupción
El Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, esa misma cueva de la que salen comisionados para celebrar 50 años de «libertad» mientras esquivan la palabra «Franco» como quien huye de un cadáver insepulto, ha decidido iluminarnos con una exposición pagada con nuestros impuestos.
Versión española del cinismo: Financiado por el mismo que indulta a los golpistas
La muestra, bendecida por la Cátedra de Memoria Democrática de la Universidad de Córdoba (UCO), es una adaptación patria de una investigación europea. Pero claro, en manos de Sánchez, toda adaptación se convierte en un arado para cavar la tumba de la oposición. «Financiada por el Ministerio de Política Territorial», reza el cartel. El mismo ministerio que mira hacia otro lado cuando los etarras salen de la cárcel dando palmas.
El extremismo a la carta: Vox y el PP son fascistas, pero Bildu es «dialecto»
La exposición se atreve a relacionar a Vox con el fascismo italiano y a calificar el lema «Sánchez a prisión» como narrativa extremista. ¡Qué ternura! Porque según el Gobierno, pedir que un presidente rinda cuentas es más peligroso que liberar violadores con la ley del «solo sí es sí». El catálogo de extremismos se olvida de incluir las 44 cesiones a Bildu, la puerta giratoria de la cárcel para asesinos etarras o la fiesta independentista de quienes quieren romper España. Eso, para Moncloa, no es extremismo: es «pluralidad».
Las preguntas incómodas que la exposición no se atreve a formular
El proyecto Arenas se pregunta: «¿Qué es una narrativa extremista? ¿Cómo podemos detectarlas?». Pues muy fácil, señor Sánchez: asómese a un espejo. Verá un extremismo puro y duro hecho de decretazos sin Presupuestos, fronteras abiertas a una inmigración sin control, y una corrupción socialista que apesta a sobres en negro. Pero claro, en la exposición de la Memoria Democrática, el espejo está prohibido. Solo vale la lupa para enfocar a Abascal.
La gran olvidada: la hipocresía como sistema de gobierno
Lo más grosero del montaje es que el propio Gobierno se erige en juez del radicalismo cuando ha hecho de la hipocresía su seña de identidad. Si hay una narrativa extremista en este país, es la de un ejecutivo que demoniza a la oposición mientras aplaude los indultos a los golpistas. Pero eso no entra en la muestra. Tampoco cabe la salida de prisión de violadores, ni la deriva autoritaria de un presidente que gobierna a golpe de decreto.
El negacionismo selectivo: ellos niegan el clima, nosotros negamos la realidad
La exposición alerta del «negacionismo climático» de Vox. Y tiene razón: negar la ciencia es grave. Pero ¿qué nombre recibe negar que los presos de ETA han sido excarcelados para seguir haciendo campaña? ¿Cómo se llama callar que los independentistas rompen España mientras les besamos el anillo a cambio de cuatro votos? Eso no es negacionismo: es traición con financiación pública.
La memoria democrática de los 50 años de Franco (perdón, de libertad)
Esta exposición se enmarca en los 50 años de «España en libertad», el famoso comisionado del Año Franco que el Gobierno disfraza de celebración. Medio siglo después de la muerte del dictador, el PSOE ha logrado lo increíble: convertirse en el heredero de su misma táctica de señalar al disidente. Solo cambia la camisa azul por la corbata roja.
Porque, como reza el refrán que Sánchez no quiere oír: «Dime de qué presumes y te diré de qué careces». Y este Gobierno presume de democracia mientras financia el arte de callar al enemigo.









