El circo de los verdugos arrepentidos de su propio veneno

Mar 31, 2026

Sucesos España - Portada 5 OPINIÓN 5 El circo de los verdugos arrepentidos de su propio veneno

La metamorfosis del sicario en pobrecito

Hay momentos en que la vergüenza ajena debería declararse patrimonio nacional. Uno de ellos tuvo lugar ayer, cuando Arnaldo Otegi, el otrora sonrisa del brazo político de ETA, se dignó a pisar un juzgado de Vitoria para inscribirse en el registro de perjudicados. Sí, perjudicado. El mismo hombre cuyo partido fue durante décadas la correa de transmisión de los asesinos, el mismo que ha vivido de glorificar a terroristas y de humillar a sus víctimas, ahora dice sentirse amenazado. Y el dedo acusador, como un resorte automático de cinismo, apunta al Partido Popular. Porque claro, en el universo paranoico de Bildu, el único pecado del PP es haberse puesto delante de las balas que ellos aplaudían.

Ustedes crearon el clima, ahora no lloren por las tormentas

Durante treinta años, Bildu y sus antepasados políticos (también conocidos como la “izquierda abertzale”) se dedicaron a legitimar la barbarie. Mientras ETA asesinaba, ellos vitoreaban. Mientras las víctimas eran extorsionadas, ellos las señalaban con el dedo. Mientras España lloraba a sus muertos, ellos ponían velas a los etarras fugados. Pero ahora, de repente, resulta que unas amenazas en redes sociales les convierten en mártires. Y la culpa, según su manual de instrucciones, es siempre del PP. ¿Acaso el PP puso las bombas en Hipercor? ¿Acaso el PP mató a Miguel Ángel Blanco? No, señores de Bildu: ustedes bailaron sobre esa sangre. Ustedes crearon el clima de odio. Y ahora que ese odio les salpica, se rasgan las vestiduras como si fueran puritanos ofendidos.

El esperpento es su propia existencia política

El “experpento” no es que les amenacen cuatro energúmenos en Twitter; el esperpento son ustedes mismos. Ustedes, que aún mantienen en sus filas a condenados por pertenencia a banda armada. Ustedes, que han hecho de la defensa de los terroristas su razón de ser. Ustedes, que han convertido la ambigüedad moral en una profesión. Y ahora tienen la desfachatez de pedir protección a la Ertzaintza, esa policía vasca a la que durante años denostaron porque se atrevía a perseguir a sus amos. La escena es tan grotesca como si el lobo pidiera escolta para pasear por el rebaño al que ha diezmado. Pero no hay límite para el cinismo cuando se ha pasado media vida en el lado de los que matan.

Mírense al espejo, pero ya, que les queda poco tiempo

Si Bildu tuviera una pizca de dignidad –que no la tiene– se miraría al espejo y vería no a unas víctimas, sino a los cómplices de una organización criminal. Verían las decenas de ediles a los que obligaron a huir de sus pueblos. Verían las pancartas con fotos de etarras huidos colgadas por ellos mismos. Verían los homenajes a los pistoleros frente a las miradas cómplices de sus concejales. Pero no: el espejo lo tienen empañado con décadas de soberbia y de impunidad. Prefieren señalar al PP porque así no tienen que responder a la única pregunta que importa: ¿cómo se atreven a hablar de amenazas quienes durante décadas fueron la amenaza?

Su victimismo es un insulto a la inteligencia

Lo más repugnante del caso es que estos individuos creen que la sociedad ha olvidado. Creen que pueden venir ahora, con la cartera de concejales en una mano y la denuncia falsa en la otra, a vendernos la patraña de que son unos perseguidos. Pero la ciudadanía no es idiota: sabe que los que hoy se dicen “amenazados” son los mismos que durante años justificaron el asesinato, la extorsión y el secuestro. Que ahora vengan con el victimismo a cuestas y encima culpen a quien les combatió desde la ley es el colmo de la indecencia. No es cinismo, es directamente una ofensa a la memoria de los más de ochocientos muertos que ustedes nunca supieron condenar.

Ustedes abrieron las cloacas; ahora no se quejen de la pestilencia

Así que, señores de Bildu, dejen de hacer el ridículo. Las amenazas que reciben –si es que realmente existen con la entidad que pretenden– no son más que el vómito del mismo odio que ustedes inocularon durante décadas. Ustedes crearon un ecosistema donde la violencia era legítima, donde el terrorista era “gudari” y donde el demócrata era el enemigo. Ustedes convirtieron el señalamiento en deporte nacional. Y ahora, cuando cuatro energúmenos les devuelven el veneno, se escandalizan. Pues escandalícense, pero no nos insulten pidiéndonos que les compremos su papel de víctimas. Porque la única amenaza real que ha existido en este país con un partido detrás se llama Bildu, se llama Batasuna, se llama Herri Batasuna. Esa es su herencia. Esa es su verdad.

Que no les tiemble el pulso al señalar: ustedes son los únicos culpables

Si hay alguien que debería estar ante un juez respondiendo por amenazas, coacciones y apología del terrorismo, ese no es el Partido Popular. El PP, como todos los partidos constitucionalistas, tuvo que vivir escoltado durante años por terroristas que tenían a Otegi y los suyos como correa de transmisión. Pero ahora resulta que el lobo disfrazado de cordero se atreve a señalar al pastor. La desvergüenza no tiene límites cuando el poder se ha conseguido a cambio de blanquear asesinatos. Ustedes son los únicos culpables de que aún haya quien use la violencia como lenguaje, porque ustedes la convirtieron en política durante generaciones.

Mírense, por una vez, aunque les duela

Mírense al espejo, pero esta vez con valor. Verán a los que nunca condenaron ni un asesinato. Verán a los que convirtieron el dolor ajeno en su botín electoral. Verán a los que hoy, con la cara más dura que el cemento, pretenden dar lecciones de convivencia cuando su única aportación a la convivencia fue el terror. Mírense, aunque sea para saber que la única amenaza que ha merecido este país sigue llevando su nombre. Y mientras tanto, sigan denunciando, sigan señalando, sigan haciendo el ridículo. Que al menos nos dejan el espectáculo de ver cómo los verdugos cobardes de ayer se disfrazan de víctimas más cobardes de hoy.

“Quien sembró odio con nombre propio durante generaciones,
que no pida justicia cuando el odio le devuelva el nombre.
Porque el que enseñó a señalar con el dedo al vecino,
no puede después hacer como si nunca hubiera levantado ese brazo.
El veneno que echaron a manos llenas en las plazas
hoy les vuelve en la garganta, y pretenden llamarlo persecución.
Pero la historia no se tapa con una denuncia ni el pasado se blanquea con un espejo roto.
Siembra viento, cosecha tempestad; siembra terror, cosecha el miedo que tú mismo sembraste.”

 

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