Patxi López: de la mierda al macarra, o cómo abrazar a unos mientras insultas a otros

Mar 25, 2026

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El exlehendakari se cree valiente por soltar taconazos en la tribuna, pero su verdadera cobardía está en haber llorado por unas víctima mientras se abrazaba a quienes vitoreaban el crimen. Ahora, con el comodín del “todo ETA”, pretende borrar de un improperio décadas de sumisión al nacionalismo radical

Parece que a Patxi López se le ha caído la careta. O quizá, más bien, se la ha arrancado él mismo a golpe de improperio en la tribuna del Congreso, con una bilis que ni el más pintado de los tertulianos de madrugada. Porque si algo ha demostrado el exlehendakari es que, cuando el guion se le atraganta, lo suyo no es la sutileza: es el “puñetero”, el “mierda” y el tono chulesco de quien cree que la furia descontrolada es sinónimo de firmeza democrática.

Vayamos por partes. El guion era fácil: hay que atacar al PP y a Vox, porque toca. Y el comodín, ese que tanto critica, es el de siempre: ETA. “Cada vez que están perdidos sacan el comodín de ETA”, espetó López con el puño en alto (metafóricamente, que ya no estamos para gestos). Y acto seguido, en un alarde de coherencia digno de un funambulista, soltó: “¿Pero podrán de una puñetera vez alegrarse de que hemos acabado con ETA? ¡Ya vale de esa utilización de mierda!”

Patxi López pierde los papeles en la tribuna del Congreso: «¡Ya vale de esa utilización de mierda!»… Leer Más →

Ahí, querido Patxi, hay un pequeño problema de lógica que ni tu tono de matón de salón puede resolver. Porque si hay alguien que ha convertido ETA en un comodín durante décadas, ese ha sido tu partido. La misma formación que usó el terrorismo como ariete contra el PP mientras negociaba con los mismos asesinos bajo mantel; la misma que hoy se rasga las vestiduras cuando alguien menciona el pasado, pero que durante años justificó el “todo por la paz” como un cheque en blanco para el chantaje nacionalista.

Pero vayamos a lo jugoso. Porque el momento “mierda” de López no es solo un lapsus lingüístico: es un resumen en dos palabras de su trayectoria reciente. El mismo Patxi que ahora levanta el tono con desprecio es aquel que, como bien se le ha recordado, fue grabado en un entierro de un compañero asesinado por ETA con el rostro desencajado, convertido en una magdalena entre lágrimas y, atención, para después abrazar a quienes entonces se alegraban de la muerte. No eran adversarios políticos de la oposición: eran los mismos que ahora su partido blanquea, los mismos de cuyo “entramado” presumen haber “acabado” con tanto orgullo.

¿Acabado con ETA? Otra falacia que le sale a López entre espasmos de falsa autenticidad. No, Patxi: los asesinos quizá no maten hoy con pistola, pero los que les aplaudían, los que les financiaban, los que les justificaban siguen ahí. Siguen oprimiendo a los que no comulgan con su ideología, siguen amenazando, siguen colocando carteles de bienvenida a etarras convictos mientras tu partido mira hacia otro lado o, peor, depende de sus votos para sostenerse. Eso no es “haber acabado”. Eso es haber cambiado de estrategia: de la negociación vergonzante a la sumisión interesada.

Lo grotesco del espectáculo es que Patxi López se erija en adalid de la memoria democrática cuando en su discurso no cabe la dignidad de las víctimas, solo la bronca política de turno. Porque si de algo ha adolecido siempre su partido es de valor para mirar a los ojos a los que sufrieron el terrorismo sin filtros electorales. Se rasgan las vestiduras cuando la oposición nombra ETA, pero son incapaces de condenar sin matices que sus socios de gobierno tengan a etarras como próceres.

Así que ya vale, sí. Ya vale de esa “utilización de mierda”. Pero no la que Patxi critica en los demás, sino la suya propia. La de llorar con unos mientras te abrazas a los que aplauden el crimen. La de predicar convivencia desde la tribuna mientras llamas “mierda” al adversario. La de usar a las víctimas como decorado para tu propia catarsis.

Porque al final, Patxi, el único que perdió los papeles –y la poca autoridad moral que le quedaba– fuiste tú. Con tu tono macarra, tu falsa épica y ese vocabulario de callejón que no oculta, sino que delata: que cuando se habla de dignidad, hay algunos que tendrían que empezar por no confundir el escaño con un programa de telerrealidad. Eso sí: abracémonos, que ya pasó. Pero que no se te note demasiado.

Moraleja: Cuando la indignación se ensaya en el espejo pero no se aplica a los propios abrazos, el único “mierda” que flota en el hemiciclo es el de la coherencia. La memoria democrática no se blande con puñetazos en la mesa: se honra no dependiendo de quienes aún justifican el terror. Si de verdad “ya vale”, empiece por no votar con ellos.

 

 

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