Hipocresía letal: La izquierda española, cómplice del terrorismo iraní mientras se escuda en falsa moral

Mar 3, 2026

Sucesos España - Portada 5 OPINIÓN 5 Hipocresía letal: La izquierda española, cómplice del terrorismo iraní mientras se escuda en falsa moral

Mientras Pedro Sánchez posa para las fotos con sus «socios» de Podemos y Sumar, una realidad incómoda mancha de sangre el suelo que pisan: el régimen de los ayatolás en Irán no es un «actor regional» ni un «contrapeso» al imperialismo. Es el mayor patrocinador estatal del terrorismo en el planeta. Y la izquierda española, en su infinita soberbia moral, prefiere mirar hacia otro lado mientras señala con el dedo acusador a Israel y Estados Unidos.

La mofa de Israel que retrata la vergüenza española

La semana pasada, mientras el mundo respiraba aliviado tras la operación conjunta de Estados Unidos e Israel que acabó con la vida del líder supremo de la tiranía iraní, el ayatolá Alí Jamenei, el presidente del gobierno español volvió a las andadas. Sánchez, fiel a su papel de paladín de los dictadores, condenó la acción militar que liberó al mundo de uno de los mayores verdugos de la historia reciente.

La respuesta del ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Sa’ar, fue tan certera como letal, y debería haber sonrojado a cualquiera con un mínimo de dignidad nacional. Sa’ar publicó en redes sociales: «Sin Maduro ni Jamenei, ¿qué hará ahora el pobre Sánchez?». Una burla que retrata al presidente español como lo que es: el último aliado de los tiranos, el abogado defensor de los asesinos, el cómplice necesario de los verdugos.

Porque esa es la triste realidad: el «pobre Sánchez» se ha quedado sin sus dos grandes valedores. Sin el dictador venezolano que financiaba sus giras propagandísticas y sin el líder supremo iraní que representaba todo lo que la izquierda española finge combatir. La mofa de Sa’ar no es solo un ejercicio de sarcasmo; es el epitafio de la política exterior española, enterrada bajo los escombros de su propia hipocresía.

El pacto de silencio de la progresía

La posición del gobierno español es un monumento a la hipocresía. Sánchez condena los bombardeos sobre objetivos iraníes mientras calla como un muerto cuando las milicias de Hezbolá —brazo armado de Irán en Líbano— lanzan lluvias de cohetes sobre civiles israelíes. Prohíbe el uso de bases españolas para operaciones contra Teherán, pero no dice ni palabra cuando los hutíes —títeres iraníes— disparan misiles contra buques civiles en el Mar Rojo, amenazando el comercio mundial.

Y no me vengan con cuentos de «derecho internacional». ¿Dónde estaba ese derecho cuando Irán entrenó a las Brigadas Al-Quds para volar sinagogas en Buenos Aires en los años 90? ¿Dónde estaba cuando la Guardia Revolucionaria plantó células terroristas en Europa para asesinar a disidentes exiliados? La izquierda española guardó un silencio sepulcral.

La red de sangre que la izquierda niega

El régimen iraní no es un estado fallido que comete excesos; es una máquina de terror perfectamente engrasada que opera con impunidad global. Y los hechos son tozudos:

  • Hamas: Recibe más de 100 millones de dólares anuales de Irán, según informes de inteligencia occidentales. Ese dinero compra los cohetes que llueven sobre guarderías y hospitales israelíes. Pero para la izquierda española, Hamas son «combatientes de la resistencia» cuyos cohetes son una respuesta comprensible a la «ocupación».
  • Hezbolá: Posee un arsenal de más de 150.000 cohetes, muchos de ellos de precisión, financiados y suministrados por Irán. Su brazo armado opera células en América Latina, financiándose con el narcotráfico. Pero Ione Belarra e Irene Montero no ven allí un problema; el problema es que Israel se defienda.
  • La Yihad Islámica: Otro satélite iraní que siembra el terror en Cisjordania. Hace apenas meses, las fuerzas israelíes desmantelaron una red iraní que intentaba introducir un arsenal digno de un ejército: explosivos claymore, drones suicidas, misiles antitanque. Todo para asesinar civiles.

Pero el silencio de la izquierda española no es casual. Es ideológico. Es la consecuencia lógica de un antiamericanismo primario que lleva a justificar cualquier barbarie con tal de que el enemigo sea «el imperio» o «el sionismo».

El baile de los hipócritas

Cuando Pablo Iglesias era vicepresidente, participó en plataformas financiadas por Irán. Cuando Sánchez recibe a los líderes de Hamás como si fueran estadistas, olvida que esas mismas manos están manchadas con la sangre de los atletas israelíes asesinados en Múnich, de los adolescentes asesinados en festivales de música, de los bebés quemados en kibutz.

La izquierda española ha construido un relato donde Israel es el único responsable de toda violencia en Oriente Medio. Es un cuento de buenos y malos simplón, infantil, pero útil para movilizar a sus bases. En ese relato, Irán es un «régimen autoritario pero con derecho a defenderse de la agresión occidental». Hamas es «un movimiento de liberación nacional». Hezbolá es «un partido político con brazo armado legítimo».

Mentiras. Todas mentiras.

La coartada del derecho internacional

El gobierno español se escuda en la «legalidad internacional» para condenar a Israel mientras justifica su inacción ante Irán. Pero esta defensa se desmorona cuando examinamos los hechos:

El artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas reconoce el derecho inherente a la legítima defensa individual o colectiva. Cuando Irán entrena, financia y arma a grupos que atacan a Israel, ese país tiene todo el derecho del mundo a responder contra las fuentes de agresión. Pero para Sánchez, esa legítima defensa es «violencia que genera más violencia». Es decir, según su lógica, los países agredidos deberían quedarse de brazos cruzados mientras los terroristas masacran a sus ciudadanos.

Es una postura que, llevada a sus últimas consecuencias, legitima cualquier agresión contra cualquier estado, siempre que el agresor sea un enemigo de Estados Unidos.

El funeral de los tiranos y la soledad de Sánchez

La muerte de Jamenei marca un punto de inflexión. Con la caída del líder supremo, Irán se tambalea. Con Maduro acorralado en Venezuela, la izquierda española pierde a sus dos grandes valedores internacionales. La pregunta de Sa’ar resuena como un eco incómodo en los pasillos de La Moncloa: «Sin Maduro ni Jamenei, ¿qué hará ahora el pobre Sánchez?»

La respuesta es previsible: buscará nuevos tiranos a los que abrazar, nuevos dictadores a los que defender, nuevos verdugos a los que justificar. Porque esa es la esencia de esta izquierda: necesitan un enemigo de Estados Unidos para sentirse moralmente superiores. Necesitan un tirano que les dé la coartada para su antiamericanismo primario.

Cómplices morales

No nos engañemos: la izquierda española no es ingenua. Sabe perfectamente lo que hace Irán. Sabe de las ejecuciones de homosexuales en Teherán, de la lapidación de mujeres, de la persecución de las minorías religiosas, del apoyo al terrorismo internacional. Pero prefiere ignorarlo porque su mapa moral está invertido: el malo es siempre el aliado de Estados Unidos, el bueno es siempre su enemigo.

Al callar ante el terrorismo iraní, al minimizarlo, al justificarlo como «reacción a la agresión occidental», la izquierda española se convierte en cómplice moral de los verdugos de Teherán. Sus silencios pesan tanto como las bombas que Irán fabrica para sus proxies.

Y mientras tanto, en Gaza, en Líbano, en Siria, en Yemen, la sangre sigue corriendo. Sangre que Irán derrama directamente o a través de sus títeres. Sangre que la izquierda española prefiere no ver porque empaña su relato.

La próxima vez que Sánchez o cualquier dirigente de la progresía hispana se atreva a condenar a Israel, habría que recordarles la lista de víctimas del terrorismo iraní. Habría que preguntarles dónde estaban sus condenas cuando Hezbolá voló la AMIA. Dónde estaban cuando los hutíes masacraron a civiles en Yemen. Dónde estaban cuando Hamas asesinó a niños en sus casas.

Pero ya sabemos la respuesta: estaban demasiado ocupados construyendo su paraíso moral de equidistancia y superioridad ética. Un paraíso que, como todos los paraísos de los hipócritas, está construido sobre el sufrimiento de los demás y la negación de la verdad.

Hoy, con Jamenei muerto y Maduro agonizando, el «pobre Sánchez» se queda sin sus muletas morales. Y nosotros, los que sí creemos en la libertad, en la democracia y en el derecho de los pueblos a defenderse del terror, nos quedamos con la certeza de que, al menos por un día, la justicia ha sonreído. Y con la esperanza de que, quizás, algún día, la izquierda española abra los ojos y vea la sangre en la que ha preferido no mirar.

 

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