Medallas para los amigos, olvido para los héroes: El escandaloso reparto de condecoraciones en la Policía Nacional

Feb 25, 2026

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La concesión de una cruz al mérito policial por parte del ex número dos de la Policía a su propio abogado destapa un sistema de recompensas marcado por el amiguismo y la falta de transparencia, donde los agentes que arriesgan su vida en las calles son sistemáticamente ignorados.

La imagen de un policía recibiendo una medalla debería ser el símbolo del reconocimiento institucional al valor, el sacrificio y la entrega. Sin embargo, en la Policía Nacional, esa estampa se ha convertido para muchos en un espejismo. Una reciente revelación ha destapado la que podría ser la punta del iceberg de una práctica endémica: el uso partidista y discrecional de las condecoraciones para premiar a amigos, afines y miembros de la cúpula, mientras los agentes de a pie, los que se juegan la vida en cada intervención, son relegados al olvido.

El caso más sangrante, destapado por Vozpópuli, señala directamente al ex Director Adjunto Operativo (DAO) de la Policía, José Ángel González . Según la información, González premió en octubre de 2023 con la Cruz al Mérito Policial con distintivo rojo —la máxima distinción para personal civil— a Ignacio Fuster-Fabra, el abogado que lo ha defendido en múltiples causas judiciales . Entre los casos en los que el letrado representó al alto mando se encuentran la investigación por el dispositivo policial durante el ‘procés’ en Cataluña y la gestión de la falta de material de protección para los agentes al inicio de la pandemia .

La pregunta es inevitable: ¿qué mérito policial puede tener un abogado para recibir la máxima condecoración, más allá de su cercanía a quien ostenta el poder para concederla? El propio José Ángel González, además, figura en recientes denuncias del sindicato JUPOL, que lo acusa, junto al director general Francisco Pardo Piqueras, de priorizar los «intereses de la cúpula policial» mediante la creación de actos de entrega de medallas «creados artificialmente» para beneficiar a los altos mandos afines al Ministerio del Interior .

Este caso no es un hecho aislado, sino la norma en un sistema de recompensas que huele a rancio. Los sindicatos llevan años denunciando que la concesión de medallas carece de transparencia y criterios objetivos . Se premia con cruces pensionadas —que conllevan un complemento económico vitalicio— a comisarios principales ya jubilados, en un gesto que JUPOL califica como «premios de jubilación» injustificados y que ya han sido recurridos ante los tribunales .

Mientras tanto, la lista de agravios a los verdaderos artífices de la seguridad crece sin cesar. Son innumerables los casos de agentes cuyas actuaciones heroicas caen en saco roto cuando llega el momento de repartir reconocimientos. En Sevilla, por ejemplo, una agente que fue víctima de una estrangulamiento en acto de servicio y perdió el conocimiento no recibió medalla alguna, mientras que el legionario que la salvó sí fue condecorado tras las protestas del sindicato . En la misma ciudad, un inspector que logró controlar un coche de caballos desbocado en una zona concurrida, evitando una tragedia, o una policía que neutralizó a un atracador armado con una escopeta, tampoco vieron recompensada su valentía .

El contraste no puede ser más obsceno. Según un informe del Sindicato Unificado de Policía (SUP), recogido por Libertad Digital, hay al menos cinco casos «sangrantes» de actuaciones merecedoras de condecoración que fueron ignoradas . Entre ellas, la de dos agentes de Orense que se adentraron en un local inundado de gas para salvar a tres obreros, resultando ellos mismos lesionados, o la del agente del GOES de Valencia que, a pocos días de ser padre, se interpuso con su escudo balístico entre sus compañeros y los disparos de un secuestrador, recibiendo tal cantidad de impactos que el escudo quedó destruido . Actos de un valor incuestionable que, sin embargo, no tuvieron el mismo «mérito» a ojos de la Dirección General que la defensa jurídica de un alto cargo.

La situación es tan grave que ha llegado a los tribunales. Una agente de Cuenca ha denunciado por discriminación haber quedado fuera de las condecoraciones por un operativo de rescate en el que participó en las mismas condiciones de riesgo que dos compañeros varones, quienes sí fueron premiados . Incluso el Tribunal de Ascenso a Oficial ha tenido que reconocer el buen hacer de policías ignorados por el sistema de medallas, subrayando una máxima que la cúpula parece haber olvidado: «Las medallas no se piden, se ganan» .

La conclusión es amarga y, para muchos agentes, insultante. La Dirección General de la Policía, amparada en una normativa de 1964 que el Ministerio del Interior se niega a reformar, ha convertido las condecoraciones en una herramienta de favoritismo y un escaparate para la cúpula . «Medallas para los de arriba, abandono para los de abajo. Esa es la hoja de ruta de esta Dirección General», denuncian desde JUPOL . Y mientras el abogado de un alto mando luce en su pecho una medalla al mérito policial, los policías que se juegan la vida en las calles siguen esperando, no solo un reconocimiento, sino el más mínimo respeto institucional. Es la hora de una reforma en profundidad que ponga fin a este sainete y devuelva la dignidad a un sistema de recompensas que hoy solo premia la sumisión y la amistad.

 

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