Las tres negaciones de San Pedro Sánchez a Ábalos

Ene 11, 2026

Sucesos España - Portada 5 OPINIÓN 5 Las tres negaciones de San Pedro Sánchez a Ábalos

Un evangelio apócrifo para tiempos modernos 

«Y antes de que cante el telediario de la noche, me negarás tres veces. Dijo Ábalos a Pedro Sánchez»

El beso de Judas (versión Moncloa)

Mientras Jesús de Nazaret fue traicionado por treinta monedas de plata, José Luis Ábalos, exministro y otrora «pescador de escaños» en Valencia, descubrió que su lealtad valía menos que un tuit malinterpretado. El beso de Judas moderno no fue en la mejilla, sino en la espalda: ese apoyo tibio que Sánchez le brindó cuando los fariseos de la oposición y los escribas de la prensa empezaron a preguntar por las máscaras (perdón, mascarillas).

Primera Negación: «No conozco a ese hombre» (Mateo 26:70, versión La Moncloa)
Periodista: «¿Sigue confiando en Ábalos?»
Sánchez: «Confío en todas las personas de mi Gobierno que trabajan con transparencia.»
Traducción evangélica: «¿Ábalos? Ese nombre me suena… ¿no era el que ponía las banderitas en los mapas del Ave?»

Segunda Negación: «Yo no soy de los suyos» (Marcos 14:68, adaptación orgánica)
Cuando los guardianes del templo (comité de dirección del partido) comenzaron a murmurar, Pedro Sánchez, el príncipe de los apóstoles socialistas, perfeccionó el arte de la omisión divina. No dijo que Ábalos fuera un problema. Simplemente dejó de pronunciar su nombre en público, como si hubiera sido víctima de un exorcismo terminológico. Ábalos pasó de ser «mi ministro» a «el compañero que ocupa un escaño», luego a «aquel que fue ministro», y finalmente a un silencio elocuente que habría envidiado el mismísimo Pilatos lavándose las manos.

Tercera Negación: «¡No sé de qué me hablas!» (Marcos 14:71, edición hemiciclo)
La escena cumbre: el gallo de los telediarios a punto de cacarear. La oposición, armada con pergaminos de informes y micrófonos, interpela: «¿Condena usted a Ábalos? ¿Pide su dimisión?» Y Pedro, con la mirada clavada en un punto más allá de la Cámara (posiblemente en las encuestas), pronuncia las palabras sacramentales: «Cada uno asume sus responsabilidades. Yo asumo las mías.»
Traducción al arameo político: «Que su sangre caiga sobre él y sobre sus asesores.»

El gallo que cantó en prime time

Mientras en el relato original Pedro «lloró amargamente», en esta versión post-moderna las lágrimas fueron sustituidas por un comunicado de prensa. El gallo no cantó en un patio humilde, sino en las redes sociales, donde los hashtags (#ÁbalosDimisión #SánchezQuéSabía) cumplieron la función profética.

La moraleja (o el milagro de los panes y los escaños)

San Pedro el original negó por miedo a ser asociado con un condenado. San Pedro Sánchez negó por miedo a ser asociado con un inconveniente. Lo divino de este asunto no está en la negación en sí (que es humana, demasiado humana), sino en la coreografía: tres negaciones tan perfectamente ejecutadas que casi parecen un acto de magia política. De repente, Ábalos dejó de existir en el relato oficial, como si hubiera sido apedreado por una turba de tuiteros y enterrado en el camposanto de los expulsados.

Y así se escribió este nuevo evangelio, donde los milagros son de supervivencia, los apóstoles son portavoces, y la resurrección ocurre cada cuatro años, si los sondeos acompañan. Amén.

 

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