La estrategia de la evasión: del «no los conocía» a «son las cinco y no he comido» mientras las detenciones se multiplican y el Supremo abre juicio
Mientras el juez del Supremo abre juicio contra Ábalos y Koldo, y las detenciones se multiplican, Pedro Sánchez mantiene un silencio estratégico que la oposición denuncia como cómplice. La trama de corrupción que estalló con los contratos de mascarillas sigue extendiendo sus tentáculos, pero en La Moncloa parece reinar la misma filosofía que en los juzgados: el derecho a no declarar.
En un movimiento judicial que era esperado pero no por ello menos contundente, el magistrado Leopoldo Puente ha decretado la apertura de juicio oral contra José Luis Ábalos, Koldo García y el empresario Víctor de Aldama. La decisión llega con la ratificación de su prisión preventiva y una fianza de 60.000 euros. Pero quizás lo más significativo es el catálogo de delitos que el juez enumera: desde organización criminal hasta malversación, pasando por cohecho y tráfico de influencias.
La trama se ramifica: tercera detención en 24 horas
Paralelamente a esta decisión del Supremo, la Audiencia Nacional sigue desplegando su operación con una nueva detención: Antxon Alonso, socio de la empresa Servinabar y persona muy cercana a Santos Cerdán, exsecretario de Organización del PSOE. Esta es la tercera detención en esta operación, después de Leire Díez y Vicente Fernández, expresidente de la SEPI.
Los registros se extienden por media España -Madrid, Sevilla, Zaragoza- mientras la investigación revela que Cerdán, a través de Servinabar, se quedaba con un 2% de cada adjudicación que lograba la constructora Acciona. Una empresa, por cierto, que tiene varios exdirectivos investigados por su presunta relación con la misma trama.
El manual de la evasión: del «no los conocía» al «son las cinco y no he comido»
Frente a este panorama judicial que se ensaña con quienes fueron sus colaboradores más cercanos, Pedro Sánchez ha perfeccionado un arte: el de la evasión por saturación. Cuando no puede negar los hechos, los diluye en un mar de excusas que van de lo ridículo a lo ofensivo.
El repertorio es ya conocido: la negación inicial («no los conocía»), la victimización («es la derecha que quiere destrozarme»), la desviación de responsabilidad («es Ayuso»), la declaración de inocencia por decreto («mi mujer y mi hermano son inocentes»), y cuando la presión aprieta, la salida por la tangente más surrealista («son las cinco y no he comido»).
Mientras, en el Senado, la comisión de investigación sobre el caso sigue su curso sin que los principales implicados abran la boca. La empresaria Carmen Pano, que aseguró haber entregado dos bolsas con 90.000 euros en la sede del PSOE en Ferraz, se limitó a asentir cuando se le preguntó si confirmaba sus propias declaraciones. Un gesto que vale más que mil palabras en un hemiciclo donde el silencio se ha convertido en la estrategia dominante.
Las cifras de la ignominia: de 19 a 30 años de cárcel
El contraste entre la frivolidad de las excusas y la gravedad de las acusaciones no podría ser más obsceno. La Fiscalía pide 24 años de prisión para Ábalos, 19 años y medio para Koldo García y 7 años para Víctor de Aldama. Las acusaciones populares, lideradas por el PP, elevan la petición hasta los 30 años de cárcel para el exministro y su exasesor.
Los informes de la UCO hablan de Koldo García como «gestor y custodio» de los fondos «opacos» de Ábalos, con un lenguaje clandestino que incluía eufemismos como «chistorras» para los billetes de 500 euros. Mientras tanto, el Congreso ha suspendido a Ábalos de sus derechos y deberes como diputado, un trámite protocolario que contrasta con la ausencia de consecuencias políticas para quienes lo colocaron en ese ministerio.
El precio del silencio: ¿hasta cuándo?
La pregunta que resuena en los pasillos de Génova y en las redacciones de medio país es simple: ¿cuántas detenciones más harán falta? ¿Cuántas «perlas» retóricas más tendrá que soltar el presidente antes de que alguien, dentro de su propio partido, considere que este espectáculo es insostenible?
Isabel Díaz Ayuso ha sido especialmente contundente: «Hay grandes tramas de corrupción que están rodeando al presidente […] esto no se soporta un día más». Feijóo, por su parte, habla de «un presidente rodeado absolutamente de corrupción».
Mientras, Sánchez sigue aplicando la teoría del desgaste: cada nuevo escándalo diluye al anterior, cada detención nueva hace que la de la semana pasada parezca vieja, cada frase absurda desvía la atención del fondo del asunto.
El problema es que los jueces no parecen creer en la teoría del desgaste. Tampoco en el «derecho a no declarar» cuando se trata de delitos que pueden acarrear décadas de cárcel. Y mucho menos en que «son las cinco y no he comido» sea una defensa válida frente a acusaciones de organización criminal.
El reloj judicial sigue su marcha, implacable. En La Moncloa, probablemente, están consultando la hora. Por si acaso.









