Zapatero: El “Mediador” que Vendió su Coherencia al Mejor Postor
Mar 24, 2026
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La hipocresía en política suele pagarse con el descrédito, pero pocas trayectorias recientes en España ejemplifican tan bien el cinismo internacional como la del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.
En España, se vende como un estadista preocupado por la “convivencia” y pontifica contra Estados Unidos. En Venezuela, sin embargo, actúa como un peón más de la dictadura de Nicolás Maduro, pidiendo ayuda a Donald Trump mientras abraza a los verdugos. Este doble rasero, tan flagrante como obsceno, avergonzaría a cualquier político con un mínimo de dignidad.
La contradicción es imposible de ocultar. En los foros europeos, Zapatero se ha permitido llamar “gallinas” a la derecha española por apoyar a Trump. Pero cuando cruza el Atlántico, el traje de estadista se convierte en el de un cordero degollado que suplica ante Washington mientras legitima a uno de los regímenes más crueles del hemisferio.
Un peaje moral en Caracas
Lejos de ser un diplomático imparcial, la labor de Zapatero en Venezuela es la de un cómplice funcional del chavismo. Mientras en España habla de “respeto institucional”, en Caracas ha servido como amortiguador moral de un régimen que encarcela, tortura y exilia a sus opositores.
Los hechos son tozudos. Exiliados y excarcelados venezolanos han señalado directamente a Zapatero como parte del engranaje de la opresión. El diputado opositor Julio Borges denunció que el expresidente español, junto a los hermanos Rodríguez (Jorge y Delcy), lo amenazaron con enviarlo a prisión si no firmaba unos acuerdos amañados en 2017. No es una opinión: es un testimonio bajo presión.
La lista de víctimas que denuncian su papel es extensa:
Lorent Saleh (preso 2014-2018): denuncia que Zapatero ignoró las torturas que sufrió y presionó para suavizar los testimonios, facilitando la narrativa oficial del régimen.
Daniel Ceballos (exalcalde de San Cristóbal): sostiene que Zapatero avaló procesos de negociación diseñados para dividir a la oposición y prolongar la permanencia de Maduro.
Roberto Marrero (jefe de despacho de Guaidó): acusa a Zapatero de operar para rebajar la presión internacional, insistiendo en levantar las sanciones mientras los arrestos selectivos continuaban.
¿Acaso esto es “mediación”? No. Esto es legitimación activa. Mientras el régimen de Maduro se consolidaba mediante el hambre y la represión, Zapatero viajaba a Caracas para vestir de democracia lo que era una dictadura. Incluso llegó a desear públicamente que Venezuela “derrote a Estados Unidos” en un acto con dirigentes chavistas, un exabrupto que ni los propios presentes supieron cómo digerir.
El discurso de las dos caras
Si se analizan sus declaraciones sobre Estados Unidos, el ejercicio de hipocresía alcanza la perfección.
En España, Zapatero se llena la boca condenando a Washington y presumiendo de haber retirado las tropas de Irak,como si eso lo invistiera de una superioridad moral incuestionable .
En Venezuela, sin embargo, su discurso es el de la Rusia de Putin o el de la Cuba castrista: pide que Estados Unidos «ayude a la economía» y exige el levantamiento de las sanciones, pero nunca exige al régimen que deje de robar el petróleo, que cese la represión o que libere a los presos políticos sin condiciones .
La respuesta de Estados Unidos a este papelón ha sido lapidaria. Michael Kozak, subsecretario de Estado para Iberoamérica, dejó claro que Zapatero actúa por su cuenta y que sus intentos de echar la culpa de la crisis a las sanciones son un error. Kozak sentenció: «El colapso de la industria petrolera venezolana y los demás problemas precedieron a las sanciones estadounidenses. Ellos mismos (los chavistas) destruyeron una de las economías más ricas de la región» .
Más allá de la ideología: el factor patrimonial
La hipocresía de Zapatero alcanza cotas obscenas cuando se empieza a seguir la pista del dinero. ¿Por qué un expresidente español pasa tanto tiempo en un país hundido en la miseria, abrazado a los mismos líderes que han empobrecido a su población?
Fuentes de la Fiscalía venezolana y militares disidentes han comenzado a dibujar su nombre en la misma lámina donde aparecen los intermediarios del petróleo y los traficantes de oro no declarado. No es casualidad que su defensa a ultranza del régimen coincida con una etapa de crecimiento patrimonial que, según documentos de la Audiencia Nacional y la Fiscalía Antidroga española, ha comenzado a ser objeto de escrutinio institucional.
Zapatero critica a Estados Unidos en España para distraer
Zapatero critica a Estados Unidos en España para distraer, pero su verdadero legado comienza a escribirse en Venezuela. Mientras los rehenes del chavismo salen de las mazmorras del Helicoide y relatan cómo él les pidió “paciencia” mientras los torturaban, la imagen del “mediador” se desmorona.
Ya no se trata de ideología, sino de una coherencia vendida al mejor postor. Que un expresidente español haya sido utilizado como pieza útil de una dictadura es una mancha indeleble en la política exterior española. La historia, y probablemente los tribunales, tendrán mucho que decir sobre el doble discurso de quien, mientras pedía respeto para los verdugos, abandonó a su suerte a las víctimas.