Violaciones sistemáticas de derechos humanos
“Tengo cicatrices en mi cuerpo… A mí sí me torturaron de verdad”
En agosto de 2018, el fotoperiodista venezolano Jesús Medina Ezaine salía de una panadería en La California, estado Miranda, cuando varios militares en motocicletas lo interceptaron. Así comenzó un cautiverio de 17 meses que lo llevaría a una de las prisiones más seguras del país, donde presenció y sufrió violaciones sistemáticas de derechos humanos. Su «delito»: informar sobre secuestros, trata de personas, corrupción y las violaciones a derechos humanos en Venezuela. Este es su relato.
La detención y el silencio impuesto
El caso de Medina Ezaine no fue aislado. Organizaciones como el Colegio Nacional de Periodistas (CNP), la ONG Espacio Público y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa denunciaron inmediatamente su detención aquel 31 de agosto. Según estas instituciones gremiales, fue abordado a las 3:00 p.m. cuando salía de una panadería, muy cerca de su lugar de residencia. Ya en libertad, Medina señaló que su aprehensión habría sido ordenada por un militar de apellido Montilla «por algunas publicaciones que realizó contra él en meses anteriores».
Esta sería solo la primera de once detenciones que el periodista afirma haber sufrido en Venezuela, siendo la más prolongada aquella que lo mantuvo dos años en la cárcel militar de Ramo Verde, donde fue señalado como «un peligro para la seguridad de la nación».
Cicatrices visibles e invisibles del régimen
“En ocasiones, solo desayunaba agua de grano. Durante las requisas me aplicaban descargas eléctricas. Recibí amenazas de muerte y compartí prisión con integrantes del ELN”, relata Medina sobre su vida diaria en reclusión.
Su cuerpo conserva las marcas indelebles de lo vivido:
- Dos costillas fracturadas y múltiples golpes.
- Quemaduras con un encendedor de coche el día de su detención.
- Pérdida de piezas dentales tras golpes con un fusil.
Más allá del tormento físico, Medina describe un sistema de tortura psicológica calculado: «Me hicieron arrodillarme obligado e hicieron que metiera la boca detrás del tubo de escape de una camioneta… y en ese momento aceleraron y yo me tragué todo el humo y ya no podía más».
En Ramo Verde, fue testigo de violaciones a mujeres por organismos de seguridad y de cómo se amenazaba a familiares de detenidos para forzar su entrega. «Viví horrores», resume con crudeza.
Operador de la tiranía»: así califica Medina Ezaine el lucrativo papel de Zapatero con Maduro
Las acusaciones de Medina Ezaine trascienden las fronteras venezolanas y señalan directamente al expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero. En declaraciones, el periodista lo calificó como «un operador internacional» del régimen chavista y «partícipe de la corrupción en Venezuela».
Según su testimonio, Zapatero habría financiado con 400.000 euros a políticos venezolanos que se presentan como oposición pero en realidad trabajan para el gobierno -los llamados «alacranes»-, por órdenes directas de Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez. Esta supuesta financiación incluiría a candidatos como Carlina, entonces aspirante a la alcaldía de El Hatillo.
«Zapatero yo te puedo asegurar que es un corrupto de primera línea… Al caer Zapatero van a caer muchísimos», advirtió el periodista.
Medina también vinculó al exmandatario español con el caso de la aerolínea Plus Ultra, afirmando que «la mayoría de la información que salió en estos días sobre Zapatero salió de Venezuela, de personas que sabían las operaciones que estaba realizando». Según su versión, «la misma gente del Gobierno del chavismo fueron los que filtraron las informaciones» hacia España.
Periodismo como resistencia
A pesar de las torturas y el exilio forzado, Medina Ezaine mantiene una resistencia activa. Logró introducir cámaras ocultas en Ramo Verde para documentar las condiciones del centro, aunque evita dar detalles para proteger a quienes permanecen detenidos. Esas imágenes contribuyeron a la liberación de ciudadanos extranjeros recluidos allí.
Su trabajo también lo llevó a documentar la cárcel de Tocorón -antes de que se conociera ampliamente al Tren de Aragua- donde describió «una ciudad con vehículos, discotecas, piscina y centros médicos» y una «relación directa entre los internos y organismos de seguridad».
Tras su última excarcelación, ganó un juicio al Estado venezolano después de casi seis años de proceso. Sin embargo, nuevas amenazas posteriores a las elecciones presidenciales lo obligaron a un tercer exilio. Cruzó hacia Colombia «usando una copia de la cédula de otro ciudadano» y tras ser retenido por tres horas en el puente Simón Bolívar.
La Venezuela que queda y la que se va
La situación de Medina Ezaine refleja una realidad más amplia. El fotoperiodista no ha visto a su familia desde 2017 y mantiene su ubicación en reserva por seguridad. Como él, más del 70% de los exiliados venezolanos desean regresar, según expresa.
Actualmente, aún enfrenta una causa penal por supuesto delito de odio.
La experiencia de Jesús Medina Ezaine revela un entramado de represión nacional y complicidades internacionales que silencia las voces disidentes. Mientras el régimen venezolano mantiene su control sobre la información, y figuras internacionales como Zapatero son señaladas como facilitadores, periodistas como Medina pagan con su cuerpo y su libertad el precio de contar lo que otros quieren ocultar.
Su cuerpo marcado y su voz en el exilio son testimonio vivo de una democracia fracturada, donde informar se ha convertido en un acto de valentía extrema.









