Mientras el «progre de salón» Ignacio Escolar mantiene su cruzada mentirosa contra Julio Iglesias
Mientras la cadena yanqui besa el suelo para evitar un desastre judicial de 200 millones, el «periodista sin título» que dirige eldiario.es se atrinchera en su sectarismo y exige a sus fieles que paguen el pato. ¿Dónde queda la «valentía» de la izquierda cuando hay que tragarse las mentiras?
La noticia ha corrido como la pólvora, aunque en las redacciones progresistas prefieran mirar hacia otro lado como el avestruz que esconde la cabeza. Univision, el gigante televisivo en español en Estados Unidos, está negociando personalmente con el entorno de Julio Iglesias una retractación pública y humillante de las acusaciones de violación que lanzaron contra el cantante. El motivo es tan sencillo como devastador: prefieren tragarse su orgullo, su «periodismo de investigación» y su supuesta defensa de las víctimas antes que enfrentarse a una demanda de 200 millones de dólares en los tribunales de Estados Unidos.
Las fuentes cercanas a la cadena confirman lo que muchos sospechábamos desde el principio: aquel «reportaje bomba» presentado con bombo y platillo, aquella «investigación de tres años» que coprotagonizó eldiario.es, se está desmoronando como un castillo de naipes. Los testimonios, presuntamente, eran falsos. Las contradicciones, las mentiras y las omisiones de las denunciantes han sido tan evidentes que Univision ha preferido besar el suelo, arrastrarse y humillarse antes de arruinarse en un juicio en un país donde la justicia no se doblega ante consignas políticas ni ante la corrección de las tertulias madrileñas.
Y esto nos lleva, inevitablemente, a preguntar: ¿Dónde está Ignacio Escolar? ¿Dónde está ese «azote de poderes», ese «defensor de la verdad» que tanto pontifica sobre ética periodística desde sus tribunas? Porque mientras Univision, con un pragmatismo que algunos llamarán cobardía y otros inteligencia, se sienta a negociar su disculpa, Escolar y su «clan» siguen en modo de negación absoluta, enrocados en su mentira con la soberbia del que se cree impune.
El «periodismo de trinchera» no admite rectificación: la secta ante todo
Lejos de imitar la prudencia (o el realismo) de sus socios americanos, el director de eldiario.es ha optado por el camino inverso: atrincherarse, doblar la apuesta y, como no, pedir dinero a los pobres incautos que aún le creen. Así lo leímos hace apenas unos días: «Nos reafirmamos en todos los artículos que hemos publicado. Aunque amenace con un proceso penal, no nos vamos a retractar», afirmaba Escolar, con esa mezcla de soberbia y ceguera que solo otorgan los micrófonos amigos y la impunidad que le brinda su condición de «progre oficial».
Pero claro, decir «no nos vamos a retractar» es muy sencillo cuando el dinero que podría costar la defensa no sale del bolsillo de uno, sino de la caridad de los lectores. En una maniobra que ya es un clásico en su manual de supervivencia, Escolar ha lanzado su particular colecta pública: «Nos quita el sueño», «estamos en peligro», «ayúdanos a defender la verdad». Vamos, lo de siempre: socializar las pérdidas de un proyecto periodístico que, cuando acierta, se vende como un éxito empresarial, pero cuando yerra (y yerra de forma tan grave como acusar falsamente de violación a un hombre de 82 años), se convierte en una ONG necesitada de limosna.
Uno no puede evitar cierta sorna, cierta carcajada, al leer las noticias que llegan desde el otro lado del charco. «El problema recae en que Iglesias está dispuesto a llevar el asunto por la vía penal, lo que se traduce en que, además de la indemnización de 200 millones de euros que solicitaría, podría solicitar penas de prisión para cinco periodistas del medio: Ignacio Escolar, Elena Cabrera, Ana Requena, María Ramírez y Juanlu Sánchez». Y mientras tanto, Univision huye despavorida y se retracta. ¿Y Escolar? Escolar pide dinero a sus lectores. Impresentable.
¿Periodista? Ni siquiera tiene el título. ¿Autoridad moral? Menos.
Y es que conviene recordar quién es el personaje que ahora se erige en juez de la moral pública. Ignacio Escolar, ese que da lecciones de periodismo desde todas las tribunas, ese que desmonta a Ayuso y al juez Peinado con una seguridad pasmosa , no es más que un afilador de consignas disfrazado de director de periódico. Como bien le han recordado recientemente, y no precisamente desde la derecha cavernícola, es «un analfabeto jurídico y un desinformador con altavoces. Uno de los mayores culpables de la degradación ética y moral del periodismo» . Quien así se expresaba era la abogada Guadalupe Sánchez, una letrada con años de ejercicio, no un tertuliano de taberna.
Pero es que las críticas a su falta de escrúpulos y a su sectarismo le llueven desde todos los frentes, incluso desde dentro de su propia casa. La periodista Elisa Beni, después de más de una década colaborando con eldiario.es, denunció públicamente su despido por atreverse a discrepar. Según Beni, el motivo fue defender al Tribunal Supremo en lugar de plegarse a la línea oficial del medio. «El mensaje es desolador —denunció Beni—. La militancia obliga a una verdad de carnet. Yo he sido muy libre en ese periódico hasta que se empezó a reclamar la militancia de las almas» .
Militancia de las almas. Qué expresión tan certera para definir lo que ocurre en eldiario.es. No es periodismo, es una capilla donde se exige lealtad al líder y a la doctrina. Y quien se desvía, como Elisa Beni, es excomulgado sin miramientos.
Ganas de ver la cara del «salvapatrias» cuando la justicia llame a su puerta
Y aquí es donde la pregunta del millón (o de los 200 millones) adquiere su dimensión más cómica y patética a la vez. ¿Dónde está ahora la valentía de la izquierda? ¿Dónde están esos mismos que coreaban las consignas contra el «machismo» del cantante, esos que daban por buena cualquier acusación sin esperar a que la justicia se pronunciara, esos que convirtieron las redes sociales en un juicio paralelo contra Julio Iglesias?
Porque durante semanas, el relato fue implacable: Julio Iglesias era un monstruo, un abusador, el paradigma del poder fáctico machista que había que derribar. Y al frente de esa cruzada, ejerciendo de fiscal mediático, de inquisidor con micrófono, estaba Ignacio Escolar. Pero ahora, cuando la realidad procesal aprieta y los propios socios americanos salen por patas, el «valiente» director prefiere hacerse la víctima y pedir la subvención de sus fieles.
Tengo ganas irrefrenables de ver la cara que pone Ignacio Escolar cuando, más pronto que tarde, tenga que digerir que su «investigación estrella» no solo era un bluff, sino que le ha salido el tiro por la culata de la manera más humillante posible: viendo cómo su socio internacional se retracta para salvar los muebles mientras él se queda solo, plantado ante un juicio que puede costarle no solo el medio, sino la libertad.
Porque no nos engañemos: en Estados Unidos no hay «periídio periodístico» que valga cuando se acusa falsamente a alguien de violación. Allí la justicia funciona, y las demandas millonarias duelen. Y si encima el acusado puede pedir penas de prisión para los periodistas implicados, el panorama para Escolar y su cuadrilla empieza a parecerse mucho al de quien ha jugado con fuego y ahora ve cómo las llamas le alcanzan los pies.
¿Habrá entonces una rectificación? ¿Habrá un «lo siento, nos equivocamos, difamamos a un hombre de 82 años sin pruebas sólidas»? Lo dudo mucho. En la izquierda patria de Escolar, en esa izquierda que él representa tan bien, rectificar nunca es de sabios; es de débiles. Y ellos, ya se sabe, prefieren morir con las botas puestas… o con la cuenta corriente de los suscriptores bien llena, aunque sea a costa de difamar impunemente.
El final del trayecto para el «líder de opinión»
El tiempo, que es implacable, pondrá a cada uno en su sitio. Y el suyo, querido Ignacio, empieza a parecerse mucho al de aquellos que confundieron el periodismo con el activismo judicial, el prestigio con la impunidad, y la libertad de expresión con el derecho a mentir sin consecuencias.
Mientras tanto, ahí le tenemos, dando másteres improvisados en Derecho procesal para salvar a Begoña Gómez, pontificando sobre lo que deben hacer los jueces, descalificando a quienes no piensan como él, y exigiéndonos a todos que paguemos su defensa cuando la justicia llama a su puerta.
Que le aproveche la colecta, Sr. Escolar. La va a necesitar. Porque cuando la justicia estadounidense y la española se pongan de acuerdo para pedirle cuentas, ni sus fieles suscriptores, ni sus tertulias en la SER, ni sus amistades peligrosas podrán salvarle. Y entonces, solo entonces, veremos si esa «valentía» que tanto presume sigue intacta o se desvanece como la mentira que ha resultado ser su proyecto periodístico.









