Sarah Santaolalla: la mártir de la izquierda que no para de hacer ruido (y de coleccionar frentes judiciales)

Mar 3, 2026

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La tertuliana de 26 años ha convertido su vida en un culebrón de denuncias cruzadas, polémicas vintage y una habilidad casi sobrenatural para estar en el ojo del huracán. Su última ocurrencia: denunciar a Vito Quiles por agresión mientras ella misma trata de explicar por qué la Justicia no logra encontrarla cuando la buscan como investigada.

Hay personas que buscan la fama, otras que la encuentran sin querer y luego está Sarah Santaolalla, esa comunicadora salmantina de 26 años que ha hecho de la polémica su segunda residencia. Si hay un micrófono cerca, ella está. Si hay una cámara enfocando, ella aparece. Si hay un juzgado cerca… bueno, de eso también sabe bastante, aunque según para qué lado de la barrera judicial se mire.

La última entrega del culebrón Santaolalla nos llega con brazo en cabestrillo y lágrimas de cocodrilo incluidas. La colaboradora de TVE y Cuatro denuncia haber sido «agredida físicamente» por el agitador ultra Vito Quiles a las puertas del Senado. «Me está jodiendo la vida», aseguraba visiblemente afectada, en una declaración que podría servir perfectamente como eslogan de su propia biografía .

El día que el PSOE descubrió la violencia

El PSOE, siempre tan rápido para detectar agresiones cuando ocurren a sus afines, ha anunciado que denunciará a Quiles y forzará al PP a retratarse en el Senado. Juan Espadas, portavoz socialista en la Cámara Alta, se ha puesto serio —más serio de lo habitual— para exigir que se declare al agitador «persona non grata» .

Uno no puede evitar preguntarse si la misma celeridad mostrarán los socialistas para aclarar otros asuntos que rodean a su joven promesa. Por ejemplo, aquella vez que Santaolalla llamó «idiotas» a los votantes del PP y VOX en ‘Mañaneros’, un programa donde, curiosamente, su pareja, Javier Ruiz, ejerce de presentador. El amor es así de generoso con las cuotas de pantalla .

De la apología pederasta a la explotación laboral: un currículum variado

Porque antes de que Quiles le hiciera el favor de ponerla en el centro de la actualidad con un cabestrillo, Santaolalla ya había ido dejando perlas para la posteridad. Quién no recuerda aquella joya televisiva en la que, con una naturalidad pasmosa, hacía apología de la pederastia: «Niñes, no hagáis caso y follad con quien queráis». Una frase que ni Jeffrey Epstein se habría atrevido a soltar en sus momentos más inspirados.

Pero no acaba ahí la cosa. La tertuliana también aseguró hace unos meses que «le han explotado», declaración que provocó que las redes se preguntaran si se refería a su paso por las Juventudes Socialistas de Salamanca, donde parece ser que su único currículum fuera de la tele fue precisamente eso: militar en las juventudes del partido que ahora la abraza como a una heroína.

La paradoja de la víctima ilocalizable

Y aquí llegamos al momento más surrealista de la trama. Resulta que Santaolalla denuncia, llora, pone el brazo en cabestrillo y recibe el apoyo del mismísimo Pedro Sánchez —que ya condenó en enero la profanación de la tumba de las Trece Rosas con amenazas hacia ella— . Pero cuando la Justicia la busca a ella como investigada, ocurre algo extraño: se esfuma.

La organización HazteOír tiene una querella contra la comunicadora por presuntas injurias y calumnias. El problema es que, cuando el juzgado intentó notificarle la querella en el domicilio donde figura empadronada en Salamanca, la Policía emitió un informe declarándola «ilocalizable» . Ilocalizable. La misma mujer que aparece cada día en televisión, que tuitea cada pensamiento que le pasa por la cabeza, que da conferencias y posa en actos públicos… resulta que para la Justicia es una especie de fantasma.

Sus abogados alegan «medidas de seguridad por las amenazas recibidas». Claro, porque nada protege más de las amenazas que desaparecer del mapa judicial cuando eres tú la denunciada. El juzgado, en un alarde de imaginación, barre recurrir a la citación por edictos. Habrá que poner carteles por Salamanca a ver si alguien la conoce.

El intrusismo como asignatura pendiente

Por si el culebrón judicial fuera poco, aún colea la denuncia por presunto intrusismo profesional que un abogado leonés presentó ante el Consejo General de la Abogacía en agosto de 2025. Al parecer, Santaolalla se paseaba por los platós presentándose como «abogada» y «jurista» sin estar colegiada ni habilitada para ello. Un pequeño detalle: en España no basta con tener el grado en Derecho, también hay que cursar el máster de acceso y colegiarse.

Desde entonces, la salmantina ha optado por definirse como «analista política». Más seguro. Aunque visto su historial de declaraciones, igual convendría que alguien le explicara qué significa exactamente «analizar».

El acoso que sí existe

Dicho todo lo cual, conviene señalar que Santaolalla también ha sido víctima de situaciones absolutamente repugnantes. Las amenazas de muerte en la tumba de las Trece Rosas, con su nombre y las siglas RIP, son sencillamente vomitivas . El acoso callejero, las persecuciones, los insultos machistas —como aquel de «mitad tonta, mitad tetas» que le soltó Rosa Belmonte en ‘El Hormiguero’ y que Juan del Val y Pablo Motos tuvieron que gestionar con la elegancia de un elefante en una cacharrería— son reales y merecen condena.

Otra cosa es que Santaolalla haya aprendido a rentabilizar ese acoso con la misma soltura con la que algunos rentabilizan sus títulos universitarios sin colegiarse. La Plataforma para la Protección del Periodismo del Consejo de Europa emitió en febrero una alerta por el acoso sistemático que sufre. El respaldo internacional es real. Como real es que ella misma protagoniza una carrera de obstáculos judiciales donde es a la vez víctima y esquiva imputada.

El futuro de la mártir

Por ahora, a fecha de publicación de este artículo, ninguno de los casos tiene resolución firme. La denuncia por intrusismo sigue su curso, la querella por injurias continúa su tramitación y las investigaciones por amenazas permanecen abiertas.

Mientras tanto, Sarah Santaolalla sigue dando conferencias (cuando no las cancela por motivos de seguridad), sigue opinando en televisión y sigue coleccionando titulares. La última perla: «No sé qué tiene que pasar, si alguien tiene que acabar en una cuneta, para que alguien haga algo».

Con 26 años, ya ha conseguido ser noticia por apología de la pederastia, por insultar a votantes, por posible intrusismo profesional, por estar ilocalizable para la Justicia y por ser víctima de acoso. Un pleno al quince. No está mal para alguien cuyo único trabajo acreditado fuera de la televisión fue militar en las Juventudes Socialistas de Salamanca.

Entre tertulias y juzgados, Santaolalla se ha convertido en ese personaje que ya no necesita un programa de televisión para existir: le basta con su propio reflejo en el telediario. Y mientras tanto, ahí sigue, con su brazo en cabestrillo, sus ataques de ansiedad y su teléfono siempre a mano para atender a cualquier medio que quiera amplificar sus denuncias.

Porque al final, en esto del martirio moderno, lo importante no es tanto la verdad como el relato. Y el suyo, desde luego, vende.

 

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