Sánchez, otra vez solo frente a la amenaza: España se desmarca de la alianza contra Irán mientras Europa se une a EE.UU.

Mar 1, 2026

Sucesos España - Portada 5 OPINIÓN 5 Sánchez, otra vez solo frente a la amenaza: España se desmarca de la alianza contra Irán mientras Europa se une a EE.UU.

El crítico solitario

Enésimo capítulo de una política exterior que empieza a dibujar un patrón preocupante. Mientras el mundo presencia una escalada bélica de primer orden en Oriente Próximo tras los letales ataques que acabaron con la vida del líder supremo de Irán, Ayatolá Alí Jamenei, la respuesta del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, no ha sido la de un aliado firme, sino la de un crítico solitario . Una vez más, Sánchez se posiciona al margen de sus socios europeos y en las antípodas de Estados Unidos, en una actitud que sus detractores no dudan en calificar de contemporización con regímenes teocráticos y hostiles a Occidente.

Acción defensiva al lado de Washington

Mientras el polvo de los bombardeos aún cubría Teherán y los misiles iraníes respondían alcanzando objetivos en Israel y países del Golfo, la reacción en las capitales europeas fue rápida y contundente . El primer ministro británico, Keir Starmer; el presidente francés, Emmanuel Macron; y el canciller alemán, Friedrich Merz, emitían un comunicado conjunto mostrando su disposición a tomar «acción defensiva» al lado de Washington . «Estamos consternados por los ataques con misiles indiscriminados y desproporcionados lanzados por Irán», afirmaron los tres líderes, añadiendo que tomarían «medidas para defender nuestros intereses y los de nuestros aliados» . De hecho, el Reino Unido ya ha autorizado el uso de sus bases para que Estados Unidos pueda llevar a cabo «acciones defensivas» contra la capacidad de fuego iraní.

La respuesta desde La Moncloa

La respuesta desde La Moncloa no pudo ser más discordante. En una declaración que ha causado malestar en los círculos diplomáticos, Sánchez rechazó de plano «la acción militar unilateral por parte de Estados Unidos e Israel», calificándola de «escalada que contribuye a un orden internacional más incierto y hostil» . En un alarde de equidistancia, el presidente español añadió que «del mismo modo» rechazaba las acciones del régimen iraní, pero el daño ya estaba hecho: en el momento de máxima tensión, cuando sus principales aliados europeos cerraban filas con Estados Unidos, Sánchez optó por censurar a Washington y Tel Aviv.

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No es un caso aislado

Esta postura no es un caso aislado, sino la confirmación de una deriva recurrente. La historia reciente de la política exterior de Sánchez es un relato de desmarques y gestos que, para muchos, bordean la simpatía hacia enemigos declarados de Occidente.

El fantasma de ETA planea inevitablemente sobre cualquier análisis de su política de entendimientos. Durante años, el PSOE de Sánchez mantuvo contactos con la banda terrorista en su etapa final, llegando a reunirse en el exilio con miembros de ETA en lo que denominó «diálogo para el final del terrorismo». Para las víctimas y para sectores mayoritarios de la sociedad, aquello supuso blanquear políticamente a una organización asesina y pagar un precio político por el fin de la violencia, mientras Bildu, heredera de su brazo político, se convertía en socio preferente del Gobierno.

En el escenario internacional, el patrón se repite con alarmante claridad. Mientras la comunidad internacional, liderada por Estados Unidos, reconocía a Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela para forzar una transición democrática, el gobierno de Sánchez mantuvo una ambigüedad calculada que finalmente derivó en un acercamiento al régimen de Nicolás Maduro. Lejos de aislar al dictador chavista, Moncloa ha tendido puentes y restablecido relaciones diplomáticas plenas, ignorando las denuncias de violaciones de derechos humanos de la dictadura.

Lo mismo ocurre con Hamás. Tras la brutal masacre del 7 de octubre en Israel, mientras Europa y Estados Unidos redoblaban su apoyo al Estado hebreo y calificaban a Hamás de organización terrorista, Sánchez emergía como la voz más crítica con la respuesta israelí en Gaza, protagonizando un tour por Oriente Próximo en el que acusaba a Israel de incumplir el derecho internacional, en un alarde de activismo que le granjeó el enfado de Tel Aviv y Washington.

Ahora, con Irán, la historia se repite. Ante el desafío que supone la muerte de Jamenei y la necesidad de mostrar un frente unido contra la teocracia iraní y su programa nuclear, Sánchez ha preferido el papel de notario crítico de sus aliados. Incluso el senador estadounidense Lindsey Graham, aliado de Trump, ha cargado contra la tibieza europea, señalando que «se han vuelto patéticamente blandos».

Defensa de los valores democráticos

Mientras Francia, Alemania y Reino Unido entienden que la defensa de los valores democráticos exige, a veces, acciones contundentes y alianzas firmes, Pedro Sánchez parece empeñado en construir una identidad internacional basada en el «no alineamiento» crítico con Estados Unidos e Israel. Una postura que, paradójicamente, le sitúa una y otra vez del lado de aquellos que atentan contra los valores que dice defender. La pregunta que queda en el aire es: ¿con quién está realmente España? Porque hoy, en la guerra contra el terrorismo yihadista y la expansión iraní, la respuesta de Sánchez es un eco incómodo del silencio.

 

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