La UCO analiza los cupones de petróleo venezolano mientras Moncloa ensaya una nueva salida por peteneras
Hay algo reconfortante en la política española actual: la previsibilidad. Cuando parece que el cielo se desploma sobre Moncloa, el presidente Pedro Sánchez recurre a su manual de estilo: resistir, agitar el fantasma de la derecha, convocar a sus incondicionales a las puertas de la sede del PSOE y pronunciar una de esas frases que ya forman parte del acervo nacional. “No voy a permitir que la ultraderecha”, “la maquinaria del fango”, “más vale escándalo en manos de la justicia que recortes en manos de la derecha”… El repertorio es tan conocido como un villancico en Nochebuena.
Pero el sobre que ahora analiza la Unidad Central Operativa (UCO) tiene un problema para el guion habitual: no es un escándalo más. Es el sobre que lo reúne todo. Cupones de petróleo de PDVSA por 250 millones de dólares, una dictadura criminal como proveedora de fondos, el aeropuerto de Barajas convertido en aduana del chavismo y, como broche de oro, una vieja denuncia que el presidente creía ya archivada en el cajón de los recuerdos incómodos.
Esa noche en Barajas y el “no pasó nada”
Recordemos, por situarnos. Enero de 2020. Delcy Rodríguez, vicepresidenta de un régimen al que la Unión Europea tenía prohibido la entrada, pisa suelo español. La recibe José Luis Ábalos, entonces ministro de Transportes, en el aeropuerto de Barajas. Pasan la noche hablando de todo menos de la prohibición europea. Luego, el Gobierno explicó que fue “un encuentro fortuito”, “un saludo protocoleario”, “un malentendido”. Como quien se encuentra al narco más buscado del continente en la cola del supermercado y le invita a un café.
Ahora, años después, resulta que no fue solo un café. Fue la foto de un sistema: cupones de petróleo venezolano que, según el testimonio de Víctor de Aldama y la documentación entregada a la Audiencia Nacional, acabaron engrasando la política española. El sobre que la UCO examina contiene, dicen los investigadores, la prueba de que los cupos de PDVSA no eran un regalo entre amigos, sino un mecanismo de financiación. ¿Para quién? Ahí está la pregunta que Sánchez debería responder sin sus clásicas peteneras.
Peteneras presidenciales
Porque el presidente, cuando le preguntan por este asunto, ha empezado a ensayar su nuevo número artístico: “No tengo constancia”, “respeto la acción de la justicia”, “los casos de corrupción se combaten desde el Gobierno”. Todo ello dicho con una mezcla de gravedad institucional y la misma cara de quien acaba de pisar un chicle en la calle.
Pero las peteneras ya no valen. Los españoles, que hemos pasado de la indignación al escepticismo y del escepticismo al aburrimiento, tenemos derecho a saber si los 250 millones de dólares en cupones de petróleo sirvieron para financiar las campañas del PSOE, para pagar los sobresueldos en Ferraz o para ese fondo de reptiles que, según la mitología sanchista, no existe pero financia todos los actos electorales.
El PRI mexicano lo dijo hace años… y nadie quiso oírlo
Y aquí es donde la historia se vuelve deliciosamente irónica. Porque mientras el presidente Sánchez se empeña en que todo esto es “una cortina de humo” de la derecha, desde México le llega un eco incómodo. El Partido Revolucionario Institucional (PRI), sí, ese al que en España nos gusta retratar como el paradigma de la corrupción sistémica, lanzó hace años una acusación que entonces sonó a desvarío de viejo dinosaurio.
Según denunciaron entonces dirigentes priistas, Pedro Sánchez habría “secuestrado” la Internacional Socialista para desviar fondos provenientes de Venezuela hacia el PSOE. La trama, según relataban, era tan sutil como un ladrillo en la frente: el régimen de Maduro canalizaba dinero a la Internacional Socialista, y desde allí, bajo el control de Sánchez, esos fondos acababan en las arcas del partido socialista español. El PRI llegó a hablar de cuentas sin control en Ferraz, de opacidad financiera y de una estructura que permitía al presidente español financiarse con dinero de una dictadura mientras predicaba democracia en Europa.
En su momento, la respuesta fue el silencio y el ninguneo. “Son acusaciones de un partido corrupto”, se dijo. Pero ahora que la UCO analiza cupones de PDVSA, ahora que el sobre con los cupos de petróleo empieza a descoserse, las palabras del PRI adquieren una dimensión profética. ¿Secuestró Sánchez la Internacional Socialista para convertirla en una agencia de recaudación de fondos venezolanos? ¿Es Ferraz el último eslabón de una cadena que empieza en Caracas y pasa por el despacho de Zapatero?
Zapatero, el mediador que nunca mediaba
Porque claro, no podemos olvidar al padrino de esta ópera: José Luis Rodríguez Zapatero. El expresidente, que ha hecho de la mediación con el chavismo su modus vivendi, aparece en todas las fotografías de este álbum familiar. Zapatero iba a Caracas a “facilitar el diálogo” y volvía con elogios de Maduro, concesiones a la tiranía y, según las sospechas que ahora se investigan, con los bolsillos cargados de promesas petroleras.
Zapatero es el nexo entre el PSOE actual y la narcodictadura venezolana. Es el hombre que legitimó a Maduro mientras en Venezuela se perseguía a la oposición. Y es, probablemente, la pieza que Sánchez no puede dejar caer porque su caída arrasaría con los cimientos ideológicos del sanchismo. Porque si Zapatero es un corrupto, ¿qué queda del relato? ¿Qué queda de esa supuesta ejemplaridad moral con la que el PSOE pretendía diferenciarse de la derecha?
Las cuentas de Ferraz, ese agujero negro
Y mientras tanto, en la calle Ferraz de Madrid, siguen ocurriendo cosas. La denuncia del PRI sobre “cuentas sin control” no era una invención. Varios informes de la Unidad de Delitos Económicos han señalado la opacidad con la que el PSOE gestiona su financiación. Caja B, pagos en efectivo, donaciones no declaradas… El partido que presume de haber regenerado la vida democrática española es, según los papeles que van aflorando, una sucursal de métodos que creíamos extintos.
Ahora, con el sobre de PDVSA encima de la mesa de la UCO, la pregunta es obvia: ¿fueron esos cupones de petróleo venezolano a parar a las cuentas oficiales del PSOE o a las otras, las que no se fiscalizan, las que permiten financiar campañas sin pasar por la auditoría? Porque si el dinero de la dictadura de Maduro pagó los carteles electorales de Sánchez, entonces no estamos ante un caso de corrupción más. Estamos ante una captura del Estado por intereses extranjeros.
Ironías del destino
Lo más irónico de todo es que el PSOE se pasó años acusando al PP de financiarse con “dinero negro” y ahora se enfrenta a una investigación que podría destapar la mayor trama de financiación irregular de la democracia española, con una dictadura extranjera como mecenas y el petrolazo como moneda de cambio. Mientras tanto, Pedro Sánchez sale a los balcones de Ferraz a decir que “no permitirá que la derecha deslegitime al Gobierno”. Como si la derecha tuviera algo que ver con los cupones de PDVSA, con la visita de Delcy Rodríguez o con las cuentas opacas.
No, señor Sánchez. Aquí el único que ha deslegitimado al Gobierno es usted, con su silencio, con sus peteneras y con esa costumbre de tratar a los españoles como si fuéramos tontos útiles que nos creemos que un sobre con 250 millones de dólares en petróleo es una simple “maniobra de intoxicación”.
¿Alguien aún espera que dimita?
La UCO sigue analizando. La justicia, lenta pero implacable, irá descosiendo el sobre. Y mientras tanto, Sánchez seguirá resistiendo, porque resistir es su única política. Pero hay resistencias que pasan a la historia como heroicidades, y otras que pasan como esperpentos. Lo que está en juego no es solo el futuro de un presidente ni el de su partido. Es la posibilidad de que los españoles sepamos, de una vez, si nuestro Gobierno fue financiado con dinero de una dictadura que asesina opositores.
Si la respuesta es afirmativa, no habrá petenera que valga. Y si es negativa, que lo demuestre. Pero que deje ya de bailar con el sobre de PDVSA como si fuera un disco de los años setenta. Que deje de secuestrar la Internacional Socialista para usarla como tapadera. Que abra las cuentas de Ferraz, que hable claro sobre Zapatero y que explique, de una vez, por qué en su política exterior hay más intereses petrolíferos que principios democráticos.
Mientras tanto, los españoles seguimos aquí, viendo cómo un presidente que prometió regeneración convierte la corrupción en el único arte en el que su partido demuestra verdadera maestría.









