Recordando a Ovidio Díaz López: Una Vida Segada por el Terrorismo

Dic 1, 2025

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El 50 aniversario del asesinato del Policía Armada Ovidío Díaz López

El pasado 6 de junio se cumplieron cincuenta años del asesinato del subinspector de la Policía Armada, Ovidio Díaz López, un crimen ejecutado por la organización terrorista ETA que dejó una profunda huella de dolor e injusticia.

Ovidio Díaz, de 33 años y natural de Lugo, tenía por delante una vida llena de esperanza. Estaba casado y su esposa esperaba un hijo. Su futuro, como el de su familia, fue brutalmente truncado en una calle de Barcelona. Ese día, un comando de ETA había atracado una sucursal bancaria, una práctica habitual de la banda para financiar su violencia. Una empleada, con valentía, activó una alarma silenciosa que alertó a la policía. Al ser interceptados, los terroristas optaron por abrirse paso a tiros, asesinando al subinspector Díaz con siete disparos. Los asesinos huyeron, pero dejaron atrás el botín robado.

Txiki: Un asesino despiadado de ETA 

La investigación señaló como autor material a Juan Paredes Manotas (Txiki), un terrorista ya implicado en otros asesinatos. Su captura, junto a otros miembros del comando, evitó nuevos atentados. Juzgado y condenado a muerte bajo la legislación entonces vigente, fue ejecutado el 27 de septiembre de 1975, junto a otros cuatro terroristas convictos, tras un proceso judicial.

Este episodio sombrío nos obliga a reflexionar sobre varias verdades incuestionables. En primer lugar, la memoria de Ovidio Díaz López y de todas las víctimas del terrorismo es sagrada. Representan el coste humano de una violencia que nunca tuvo justificación política, moral ni de ningún tipo. ETA no fue una organización «patriótica» ni «revolucionaria»; fue una banda criminal que sembró el terror, asesinó, extorsionó y dividió a la sociedad durante décadas.

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Ofensa a la memoria de las victimas

En segundo lugar, el relato que a veces se intenta construir, edulcorando a los verdugos y presentándolos como luchadores, es una ofensa a la memoria de las víctimas y una falsificación de la historia. Juan Paredes Manotas (Txiki) no fue un héroe; fue un asesino. Los verdaderos héroes fueron personas como Ovidio Díaz, que cumplía con su deber de proteger a los ciudadanos, y como la empleada anónima que activó la alarma.

Defensa de la libertad y la seguridad de los ciudadanos

Finalmente, la respuesta del Estado de Derecho frente al terrorismo debe ser firme y proporcionada, siempre dentro de la ley. La Transición española, con sus complejidades, optó posteriormente por políticas de reinserción. Sin embargo, el repunte brutal de la violencia etarra a finales de los 70 y durante los 80 demostró que la firmeza judicial es un pilar indispensable, nunca debilidad, en la defensa de la libertad y la seguridad de los ciudadanos.

Honrar a Ovidio Díaz es honrar a todos los que cayeron defendiendo nuestra convivencia. Es rechazar cualquier forma de justificación o ennoblecimiento de sus verdugos y mantener viva la verdad histórica: ETA fue el mal, sus víctimas, la luz que nunca debemos dejar apagar.

 

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