El pacto de silencio de la prensa progre: ocultar la nacionalidad de los agresores sexuales para no «estigmatizar», mientras las víctimas siguen sangrando y la ultraderecha se frota las manos. Periodismo de mierda, el vuestro.
La estadística que quema en la redacción: uno de cada dos, y nadie lo dice
Según el último Informe sobre delitos contra la libertad sexual del Ministerio del Interior (2024), uno de cada dos jóvenes detenidos por agresiones sexuales en España es extranjero. El 50% exacto en la franja de 18 a 30 años. Un 51% en la de 31 a 40. ¿Parece relevante? Pues para nuestros valientes medios de comunicación, no. Para ellos, ese dato es como el humo de una fábrica ilegal: mejor no respirarlo, mejor no mostrarlo. Mientras el aumento de denuncias (un 66% en seis años) fue portada en todos los periódicos, la nacionalidad de los detenidos se esfumó de las noticias como por arte de magia. ¿Magia? No, autocensura.
La «ética» de la avestruz: no informar para no estigmatizar
RTVE presume en su manual de estilo de no informar sobre el origen de los delincuentes «para no estigmatizar». El País, La Sexta, la SER… todos siguen la misma cartilla. Y así, resulta que informar sobre un dato oficial, contrastado y frío es ahora un acto de racismo. ¡Qué maravilla! En lugar de preguntarse por qué un colectivo que supone el 14,6% de la población comete la mitad de los delitos sexuales juveniles, prefieren meter la cabeza bajo tierra. Pero cuidado: cuando el problema explote en forma de crispación social o voto ultraderechista, los mismos que ocultaron la verdad llorarán sobre la leche derramada. Hipócritas profesionales.
El pacto de silencio que viene de lejos (PP y PSOE, un aplauso)
Esto no es nuevo. Ya en 2003, según diversas filtraciones y denuncias internas, PP y PSOE pactaron ocultar la nacionalidad de los delincuentes en los medios. Un pacto de Estado… para no decir la verdad. Porque la verdad es incómoda, y la verdad puede romper el relato multiculturalista que tanto gusta vender en Bruselas. Desde entonces, los periódicos se han convertido en cámaras de eco de un silencio cómplice. Y los políticos, tan contentos: nadie les exige que expliquen por qué los jóvenes marroquíes (2,24% de la población) son el 9,5% de los detenidos por violaciones en grupo. Mejor no mirar, mejor no pensar.
El «periodismo de datos» selectivo: solo lo que no molesta
Ah, pero cuando se trata de hablar de víctimas, de feminismo, de machismo estructural… ahí los medios se vuelven locos. Titulares grandilocuentes, ríos de tinta, tertulias encendidas. Y está bien, la violencia sexual es un gravísimo problema. Pero si realmente quisieran atajarlo de raíz, tendrían que analizar los perfiles de los agresores. ¿O acaso la medicina no pregunta la edad y el historial del paciente? Pues aquí, el dato del origen es tabú. Así nos va: campañas de concienciación masivas mientras se oculta que medio centenar de detenidos juveniles no han crecido escuchando «no es no» en los institutos españoles, sino en otras culturas donde la mujer es, digamos, «otra cosa». Pero eso no se puede decir, ¿verdad? Que no se te ocurra no te traten de racista o facha.
La ironía suprema: cuanto más ocultan, más alimentan a la bestia
Lo más divertido (por no decir patético) es que esta ocultación mediática es el mejor combustible para la ultraderecha. Porque si los medios serios no cuentan la verdad, la verdad la contarán los canales de odio, los perfiles anónimos de Twitter, los bulos sin control. Y entonces el debate se vuelve tóxico, irracional, violento. El silencio de los buenos es la victoria de los malos. Pero nuestros periodistas progresistas, tan listos ellos, siguen sin enterarse. Prefieren quedar como «tolerantes» mientras la sociedad se pudre por dentro. Enhorabuena: habéis convertido el periodismo en una secta de negacionistas de la realidad, todo por 30 monedas de plata que os paga el Judas de Pedro Sánchez.
(Por si alguien aún duda): La verdad no es racismo, es democracia
Uno de cada dos jóvenes detenidos por delitos sexuales es extranjero. Eso no es un bulo, no es un dato de Vox, es un informe del Ministerio del Interior pagado con el dinero de todos los españoles. Ocultarlo no es «responsabilidad social», es cobardía y desprecio al lector. Si los medios españoles fueran realmente independientes, abrirían sus portadas con este dato y preguntarían: ¿por qué? ¿Fallo de integración? ¿Educación diferenciada? ¿Machismo cultural? Pero no, prefieren el silencio cómplice. Y mientras tanto, las víctimas (mujeres, niñas) siguen siendo las mismas. A ellas, curiosamente, nadie les pregunta si quieren saber el origen de su agresor. Porque la corrección política no viola: violan otros. Pero eso no se dice, claro. Eso no vende. Eso no da likes. Pero claro, eso quizá sea pedir demasiado con este gobierno de Pedro Sánchez donde la verdad siempre es incómoda.









