El centro público IES Alba Longa se transforma en taller de adoctrinamiento estético, donde un mural sentencia que VOX es la quintaesencia del mal, mientras los alumnos asisten, boquiabiertos, a su propia criminalización pedagógica
GRANADA / ARMILLA – Hay quienes piensan que la función de un instituto público es enseñar, formar ciudadanos críticos y, de paso, respetar la pluralidad política que tanto dicen defender. Y luego está el IES Alba Longa de Armilla, donde la jefa de estudios y profesora de Historia Contemporánea ha decidido elevar el arte conceptual sectario a categoría de actividad lectiva.
El mural como espejo de la superioridad moral del profesorado
Porque, ¿qué mejor manera de impartir la asignatura de Historia del Mundo Contemporáneo que adornar los pasillos comunes con un mural que, sin sutileza alguna, equipara a VOX y a sus aliados internacionales con el fascismo más rancio? El mural, instalado en zonas comunes del centro bajo el amparo de una clase de Primero de Bachillerato, no se anda con medias tintas.
El póker de villanos globales según la jefa de estudios
«Exaltación al fascismo», reza un titular, acompañado de un selecto póker de villanos globales: Donald Trump, Javier Milei y Jair Bolsonaro. Por si quedaba alguna duda sobre el nivel de profundidad analítica, el mural añade palabras como «Culto al líder», «Racismo», «Machismo y LGTBIQA+» (la amalgama resulta confusa, pero ofensiva, que es lo que importa), «Violencia» y «Censura». Todo ello rematado con ejemplos tan «criminales» como que VOX registre iniciativas parlamentarias para defender la identidad nacional o que existan grupos neonazis detrás de una manifestación en Chueca.
El mensaje subliminal (que de subliminal no tiene nada)
El mensaje, claro como el agua de un charco, es que cualquier alumno que se sienta próximo a las tesis de Santiago Abascal es, por definición, un fascista, homófobo, racista y violento. Y todo ello bendecido por la jefa de estudios, que probablemente se sienta hoy más orgullosa que Lennon en su cama por la paz.
¿Neutralidad ideológica? Eso era en el siglo pasado
Lo más llamativo del asunto no es el contenido del mural –que no deja de ser el típico panfleto de cafetería de facultad de Ciencias Políticas–, sino la osadía de utilizar un centro público, financiado con los impuestos de todos, para llevar a cabo un adoctrinamiento tan burdo como malintencionado. Porque, ¿dónde queda la neutralidad ideológica que se exige a un docente? ¿Acaso la libertad de cátedra consiste en convertir el pasillo del instituto en un cartel electoral de la izquierda más radical?
El daño colateral: jóvenes señalados como apestados morales
Lo más triste es el daño colateral: esos jóvenes que, con legítimo derecho, puedan sentirse representados por VOX –tercera fuerza política a nivel nacional– se ven ahora señalados como apestados morales por su propia jefa de estudios. Aprenden, en lugar de historia contemporánea, que su ideología es un crimen de odio. Aprenden que el diálogo y el respeto a la discrepancia son cuentos chinos cuando se trata de estigmatizar al contrario.
«Sectarios sin principios»: las críticas que nadie quiso escuchar
Desde sectores críticos se ha calificado la iniciativa de «inaceptable», «sectaria» y de una «bajeza moral» impropia de quienes tienen la responsabilidad de formar a las futuras generaciones. Y no les falta razón. Si estos docentes quieren militar en una secta, que la monten en su tiempo libre, pero que dejen la enseñanza para profesionales que entiendan que un instituto no es una trinchera ni un púlpito.
Un consejo para los jóvenes del Alba Longa: no se dejen intimidar
A los jóvenes del Alba Longa solo cabe recordarles que no se dejen intimidar por cuatro resentidos que proyectan sus complejos personales en un mural cutre. Su libertad de pensamiento vale más que toda la pintura de ese pasillo. Y si algún profesor intenta decirles lo que tienen que pensar, ya saben: la mejor lección de historia contemporánea es aprender a denunciar a los nuevos inquisidores, que también visten de progresistas.









